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Enrique Molins
“Superaremos las 60 medallas”

El impulsor principal de los XIX Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, El Salvador 2002, Enrique Molins, se manifiesta “un amante de su familia y de la presión”. Admite que sufrió mucho ante la serie de obstáculos que encontró para la realización de la fiesta deportiva más importante que El Salvador ha realizado en el último medio siglo, pero se confiesa un hombre feliz. Molins aspira volver a su vida familiar después del 8 de diciembre, cuando culminen los Juegos y el último de los atletas haya regresado a casa

Marvin Galeas / El Diario de Hoy
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Enrique Molins, el presidente del INDES, recuerda con emoción sus temores e incertidumbres tras el terremoto del 13 de enero del 2001, cuando los Juegos estuvieron amenazados por las desgracias naturales. Foto: EDH/José Luna

El Salvador ha organizado el evento deportivo más grande de su historia. Durante 15 días, delegaciones de 31 países competirán en diferentes disciplinas deportivas para conquistar la gloria del triunfo. No ha sido fácil el montaje de los juegos. Los organizadores han enfrentado terremotos que dañaron todos los escenarios deportivos, huelgas y el boicot cubano. Sin embargo, la fiesta ya comenzó.

Enrique Molins, tiene en su oficina dos teléfonos fijos y tres celulares que no paran de repicar. A veces todos al mismo tiempo. Suspende un momento la entrevista para contestar rápidamente a todos y luego seguimos conversando. La organización de los juegos, pese a todos los obstáculos, es un éxito. Durante las próximas dos semanas San Salvador es la capital del deporte en la región de Centroamérica y del Caribe. Molins afirma que ganaremos hoy más medallas de oro, que en 76 años que tienen estos juegos.
El Diario de Hoy: : ¿Cómo se siente al final de la jornada preparatoria?
Enrique Molins: Feliz. Llegó al fin un proyecto que para los que conocemos la historia del deporte salvadoreño no era más que un sueño. Haber construido lo que se ha construido, darnos el lujo de (decir) que gracias a este evento, que gracias al deporte se nos ha permitido tener una Universidad nueva, por ejemplo. Una Universidad con muchas cosas que no tenía, incluso un complejo deportivo y varias facultades que antes funcionaban en champas. Uno siente un gran honor, un gran privilegio. Para mí que he competido en muchos deportes, como el automovilismo durante 35 años y que siempre llevé a El Salvador en mis uniformes y en mis carros, es de verdad una cosa personal.

¿Fue tan presionante la preparación de estos juegos como una carrera de autos?
Sí. Me encanta la presión. Pero en esto si batí todos mis récords de presión. Esto ha sido increíble, en los tiempos más insospechados, en diversidad de formas. Había cosas que me parecía imposibles de cumplir. Pero esta es la mejor villa Olímpica en la historia de estos juegos. La villa de Maracaibo era muy buena, pero la nuestra es mucho mejor. Se ha hecho un conjunto de cosas que parecían imposibles hace cinco años.
Un proceso engorroso me imagino...

Sí. Sacar tantas licitaciones, tantos concursos diferentes. Ver que todo llegase a tiempo, dentro de la burocracia en la que uno tiene que manejar los fondos. Por ejemplo, todas las inversiones es por medio del BCIE, y esto implica toda una burocracia y un cumplimiento de normas técnicas legales que el BCIE y Hacienda exigen, hubo tantos requisitos que cumplir. Por ejemplo, el equipo de tiro con arco lo pedimos en octubre y llegó en noviembre de este año. La plata no venía si no se cumplía con todos los requisitos.
¿Cuánto tiempo tomaron los preparativos?
Tres años. En ese lapso se hicieron 27 edificios en la Universidad, tres en San Miguel, dos en Santa Ana; un complejo deportivo total y absolutamente nuevo, así como muchos edificios dañados se repararon. O sea, que en la Universidad el cambio es muy grande, se cambiaron drenajes, aguas negras y lluvias. Y además están todos los demás escenarios.
¿Qué pasó por su mente luego del terremoto del 13 de enero?
En ese momento los juegos se tambalearon…
¿Flaqueó su fe?
Tenía una preocupación enorme. Pensé que el Presidente (Francisco Flores) no vería las cosas como yo las veía. Pero yo no pude hablar con el presidente, porque él estaba súper preocupado por el terremoto. Dijo que pedía 60 días para analizar si los juegos seguían. En ese momento congelamos los juegos y estuvimos sufriendo 60 días. El palacio y el estadio (Flor Blanca) estaban dañados. Las Delicias (estadio) dañado…
Además de construir, había que reparar...
Exactamente y yo no pedí un cinco más. Con el mismo dinero se reparó y se construyó todo. Bueno apareció un daño inesperado en los túneles del Flor Blanca. Había que repararlo porque por poco casi se hunde la calle, la 49. Para ese proyecto sí se pidió un millón y medio de dólares.

¿Y en que momento se tomó la decisión de continuar con los juegos?
Cuando él (el Presidente) vino de España, de la reunión del Grupo Consultivo, la primera pregunta de los periodistas fue ¿los juegos van o no van? Y el presidente dijo los juegos van y van porque son reconstrucción, porque son fuentes de trabajo y empleo.

¿O sea que usted supo la decisión viendo la tele?
Sí y me quité 500 kilos de la cabeza.

¿Cuál fue la peor contrariedad? ¿El terremoto, la huelga, lo de Cuba?
Los problemas que se han dicho de la pista del estadio. Me molestó porque tal vez el grupo de salvadoreños que teníamos que estar juntos en este proyecto, no luchamos tan juntos como debimos haberlo hecho. Sentí que a veces localmente algunos medios le daban duro al asunto y dudaban.
¿En esta carrera de los juegos salió alguna vez a los Pits?
Sí. Varias veces. Aquellos 60 días después del terremoto tuve que parquearme en los pits.

¿Tienen un buen equipo de mecánicos y técnicos?
Estoy orgulloso del equipo de trabajo. Aquí en el INDES que es una institución de gobierno, hay una mística: creemos en estos juegos y nos sentimos felices de estar haciendo lo que estamos haciendo. Aquí ve secretarias, técnicos, ejecutivos que se quedan trabajando hasta altas horas de la noche.

¿Considera que la huelga de los médicos es un boicot a los juegos?
No soy un personaje que haya andado en el mundo de la política. Desgraciadamente sí veo que hay demasiadas casualidades. Aquí vinieron durante tres años, 10 ó 15 veces, los de la Comisión Técnica de ODECABE y venían a revisarlo todo, absolutamente todo. Y una de esas cuatro personas que siempre venían era una autoridad del deporte cubano, Ciro Pérez. Faltando tres días para que se cerrara la inscripción del 23 de octubre, viene y me manda una carta diciendo que esto era increíble, fabuloso. Yo tengo esa carta guardada. Luego el 18 se inscribieron con 800 y pico de personas y dos días después no vienen. Esa no es una decisión deportiva. Eso fue una decisión del alto mando.

¿Sin Cuba en los juegos, quienes serán los fuertes?
Habrá una gran batalla entre México y Venezuela.
¿Como saldremos nosotros con las medallas?
Vamos a imponer un reto histórico con nuestro deporte. En Maracaibo yo dije que íbamos a triplicar nuestro récord. Algunos pensaron que yo no estaba muy cuerdo. Dije 33 medallas y llegamos a 37. Llevábamos 40 años sin ganar una tan sola medalla de oro. La última había sido en Venezuela en 1959, la de básquetbol con una selección histórica. Y la anterior era la de fútbol en México, con aquella selección de “Cariota” (Juan Francisco) Barraza. Esos eran los últimos oros. Y de entrada, en Maracaibo, ganamos cinco oros. Cinco oros después de 40 años de no ganar ninguno. Pero ante lo que hoy vamos a hacer eso se quedará chiquito.

TIRO AL PLATO
Medalla:
Fruto de la disciplina.
Automovilismo:
Deporte de mi vida.
Tenis:
El sustituto del automovilismo.
Familia:
Lo más importante de mi vida.
Indes:
Me absorbió.
Fidel Castro:
Delicado eso.
Triunfo:
Objetivo lógico.
Cuba:
Como que no nos quieren.
Amor:
Hay de diferentes clases.
Enrique Molins:
Enamorado de su país.

¿Una cantidad?
Tranquilamente superaremos las 60 medallas.

¿Oros?
Superaremos las cinco de Maracaibo. El objetivo para el que hemos trabajado es duplicar lo que hicimos en Maracaibo y ojalá poder ganar tantas medallas de oro como las que hemos ganado en 76 años que tienen estos juegos.

¿Por qué no nos va también en los deportes de conjunto?
El fenómeno es bien sencillo. Hacer campeones es un trabajo de muchos años. Durante todo el siglo XX no se hizo nada y por eso somos el único país de América sin campeones mundiales.

Con Jorge Jiménez estamos a punto…
Estamos muy cerca, muy cerca. A un atleta que lo entrega todo, nosotros le ayudamos sin limitaciones y la relación es entre un atleta y nosotros. Entonces hemos elevado el nivel de muchos atletas. ¿Pero qué pasa con los deportes de conjunto? Hay guerras de equipos, intrigas internas en las federaciones, boicots porque no les gustan las reglas y los calendarios. Es bien difícil, es un proceso mucho más lento.
El Salvador armó unos juegos para 32 países, Nicaragua dice que no puede armar los Centroamericanos que son siete países…
Hay gente que menosprecia dentro de El Salvador lo que estamos haciendo. Usted ve lo que pasa en Nicaragua. No es que no los puede hacer, es que no los quiere hacer. Ya oí que Panamá tampoco los quiere hacer. La tercera opción es Costa Rica y ya adelantaron que tampoco los quiere hacer. Entonces la siguiente opción es El Salvador.

¿Nos echamos ese trompo a la uña?
Sí. Pero claro, es el Presidente quien toma la decisión. Yo le diría a él que lo hagamos y que nosotros montamos esos juegos con la mano izquierda y mientras, fumamos con la derecha. Nosotros quisiéramos que los hiciera Nicaragua. Pero preferimos que lo haga. No le queremos quitar nada a nadie.

¿Cómo se llevaba usted con el acelerador en sus tiempos de corredor?
En el automovilismo para ser exitoso, uno tenía que rendir al cien por ciento y exprimirle al cien por ciento al vehículo, si uno se pasaba forzaba el motor y podía estrellarse contra una pared. A mí me gustaba ir al cien por ciento siempre. Nunca corrí para competir, yo sólo corrí para ganar.
¿Le gusta el vértigo?
Me gustan las emociones fuertes.

¿Cuántas horas diarias le ha metido a la organización?
Más de 11 horas diarias. Empiezo a las ocho de la mañana y salimos a las siete u ocho de la noche.
¿Y qué dice su esposa?
Mejor no toco ese tema. Pienso hacer vida normal después del 8 de diciembre. Ese día me convierto en una persona normal. Regresaré a tratar de llevar una vida normal y hacer lo que no he hecho en los últimos tres años. He estado acá a un cien por ciento.
¿Usted era en automovilismo lo que Mágico González en fútbol?
Eso no lo juzgo yo. Corrí en España, Canadá, Francia. Obtuve victorias en esos países. Corrí por 35 años. Eso es cierto.

¿Le hubiera gustado correr en Fórmula Uno?
No hice más de lo que hice porque estuve frenado. Mi padre sufría fuera de lo normal cuando yo corría. Me preocupaba el miedo de mi padre.
¿Quién fue su principal rival?
Fomfor fue mi más fuerte competencia.
¿Fuma?
No puedo beber y me fumo cinco cigarros al mes.

¿Después de que cosas, fuma?
De reuniones de junta directiva tensas. Cuando casi agarro el vicio de fumar, fue cuando veía a mis hijas jugando tenis. Me fumaba cinco o seis cigarros en un partido de tenis. Y me quedaba la garganta hecha pedazos.

¿Satisfecho con su vida?
Yo estoy feliz. Contento con mi familia, con mi conciencia. Siempre he actuado con convicción, con sacrificio.

 

 

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