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El convento se hizo quirófano
Llegaron al hospital de Zacatecoluca, pero la huelga les cerró
las puertas. Hoy, un grupo de médicos de EE.UU opera en la
sala de un convento
Margarita Sánchez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Los Médicos estadounidenses Don Condit
y John Hoechn, realizan a Maria Trejo una cirugìa en
su mano durante la jornada que una Mision Mèdica Catòlica
2002 realizada en la ciudad de San Pedro Nonualco, de La Paz.
Foto: Nelson Dueñas |
Con un estetoscopio en el cuello y una cruz sobre el corazón,
un grupo de médicos estadounidenses improvisó un quirófano
donde hace cuatro días había un cuarto desocupado
del convento de San Pedro Nonualco, en La Paz.
Bajo unos canopis que servían como consultorios, seis médicos
y dos cirujanos, uno de ellos especialista en reconstrucción
de manos, trataban de brindar asistencia médica a las personas
que lo necesitan.
Pero su colaboración va más allá de aliviar
el cuerpo, también tratan de brindar alivio para el alma,
a través de la oración y meditaciones.
La misión está conformada por 30 personas, entre médicos,
voluntarios, enfermeras y sacerdotes.
Ellos brindan asistencia a los que más lo necesitan, sin
importar religión, nacionalidad o pensamiento político.
No opinan sobre la huelga, porque no quieren dar un juicio de valor
sobre la situación un país que no es el suyo.
Solo tienen en su mente y en su corazón el deseo de ayudar
a quienes están en medio de un conflicto y son los más
afectados: los pacientes.
La misión Helping Hands llegó al país el viernes
por la noche, para poner sus servicios a la disposición de
los enfermos.
Su destino era el Hospital Nacional Santa Teresa, en Zacatecoluca,
pero debido a que el nosocomio se encontraba en huelga no pudieron
trabajar en este centro asistencial. Sin embargo, se instalaron
en el convento de San Pedro Nonualco, donde a diario acuden más
de 250 personas y ser reparten 150 lentes diarios.
En una habitación y con una imagen de un cristo crucificado
como testigo, una oftalmóloga realizaba exámenes de
la vista para incluir a las personas en la lista de pacientes que
recibirían lentes en la próxima visita de los galenos.
La intención de ayudar de estos médicos sobrepasa
las barreras del idioma.
Para explicar a sus pacientes en qué consiste su enfermedad,
tienen traductores voluntarios, quienes, al igual que todo el personal,
no persiguen ningún lucro.
Su paga consiste en la sonrisa de un pequeño o un simple
gracias de un anciano, ya que lejos de obtener ganancia
por prestar sus servicios son ellos quienes pagan el pasaje por
venir ayudar a un grupo.
Nosotros estamos conscientes de todo lo que tenemos. Dios
nos ha dado tanto que queremos compartirlo con los demás
y eso es inspirado en el amor de Cristo, dijo Guadalupe Assad,
directora de la Misión Helping Hands.
Si la montaña no viene...
Estos médicos no esperan que los pacientes lleguen a consultar,
sino que ellos van a visitar a los enfermos.
Assad explicó que el sábado salieron a buscar a los
pacientes más necesitados que requerían de asistencia.
No se tuvo que recorrer mucho para encontrar a personas que por
diferentes motivos no acudían a un hospital.
Uno de ellos fue un señor que tenía una severa infección
en unos de sus pies.
Al curarlo, encontraron que el anciano tenía un tumor, el
cual no pudo ser extirpado debido a que no se contaban con las condiciones
necesarias, como las de un hospital.
En condiciones normales, el equipo podría realizar operaciones
de hernia, sacar cataratas, operar vesículas y reconstrucción
total de manos.
No obstante, se ha tratado de adecuar lo que antes era una sala
desolada en un lugar para practicar cirugías.
A la par, una sala donde se recuperan física y moralmente.
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