Cicatrices en la
mente
La siguiente historia es un caso de la
vida real que sucedió en San Salvador.
Los nombres de la víctima y victimario
han sido cambiados. Incluso en las
fotografías se ha tratado de proteger la
identidad de la menor
- Francisco
Mejía
- El Diario
de Hoy
La
ropa holgada que usa Marta oculta las marcas en
su cuerpo. Son cicatrices de azotes que le
dejó su padre. A sus cuatro años,
ella es una niña muy extrovertida, de
ojos grandes y expresivos.
Marta ocupaba un pupitre de la sección
de kinder cuatro en un colegio de San Salvador.
En una hoja de papel blanco, pintaba dibujos que
reflejaban violencia.
Esa tendencia de escenas violentas
llamó la atención de sus maestras.
Cuando le preguntaron si era maltratada, la
niña respondió que su abuela y
padre la golpeaban, porque no quería
comer tortilla.
En marzo de este año, fue puesta la
denuncia de maltrato físico ante el
Instituto Salvadoreño de
Protección al Menor (ISPM). Desde
entonces comenzó la
investigación.
Las trabajadoras sociales citaron al padre de
la menor -José- para que explicara el
motivo del maltrato físico y
psíquico que presentaba la
niña.
Su espalda y piernas presentaban las
señas del abuso, incluso tenía una
herida en la zona del cóccix que fue
hecha con la hebilla de un cinturón y no
había sido tratada médicamente,
sino con remedios caseros.
Cuando una de las trabajadoras sociales le
preguntó a José acerca del
maltrato, respondió que era porque no
quería comer y se negaba a hacer los
deberes. A su juicio, todo lo hacía por
su propio bien.
En ese momento, la niña ya no quiso
regresar a los brazos de su padre, lloró
y pidió quedarse en el instituto. Era
tanto el daño que el temor se
había apoderado de ella.
Ante ese rechazo, la niña fue
internada de inmediato en el ISPM, para su
recuperación. El padre llegó a
visitarla tres veces.
Al cabo de los días, fue necesario
suspender las visitas, ya que la niña
sufría de crisis emocional cada vez que
veía a su papá.
Lloraba pidiendo que alejaran a su padre,
porque tenía temor de que le volviera a
golpear.
Arrebato
Marta es el fruto de una relación
fugaz. Su madre, María, tenía 16
años, y su padre, 30; ella se dedicaba a
los oficios domésticos mientras él
se graduaba de ingeniero.
La niña vivía con su familia
materna, pero por razones económicas fue
casi obligatorio enviar a la niña con la
familia paterna.
Fue entonces cuando comenzó el
calvario de Marta, donde recibió los
maltratos físicos y psicológicos,
en vez del cariño que necesitaba.
La investigación determinó que
José era el papá biológico
de Marta, pero no la había asentado, sino
que en la partida de nacimiento aparecía
únicamente el nombre de la madre,
María.
Después de cuatro meses de
internamiento, Marta fue entregada en custodia a
una tía abuela de la familia de su madre,
quien, por cierto, espera su segundo hijo.
De José, su padre, se supo que ha
hecho un nuevo hogar y ha procreado más
hijos, pero no se sabe si es feliz.
Denuncia de ciudadanos
Uno de los mejores recursos que tiene la
Policía Nacional Civil (PNC) para
interceder en casos de maltrato es la denuncia
ciudadana
-La Policía puede actuar en casos en
flagrancia, por eso es importante el aviso de la
ciudadanía.
-Los policías aseguran que existe todo
caso de maltrato, verbal, golpes y
homicidios.
-La policía registró un aumento
de maltrato infantil después de los
terremotos de enero y febrero.
-Blanca Celia Henríquez, jefe del
Departamento de Familia de la División de
Servicio y Juvenil de la PNC, informó que
no cuentan con un presupuesto asignado para este
rubro.
-La jefe policial explicó que
mantienen un programa de promoción de los
derechos de los niños en el sistema de
escuelas.
-Muchos de los niños que están
internados en el ISPM son llevados por la
policía, ya que han sido rescatados en
condiciones de riesgo social.
-El año pasado, la policía
registró 1,565 delitos relacionados con
violencia intrafamiliar.
Casos
que se definen en tribunales