El centro de
atención
Jorge "Mágico" González fue
el número estelar durante la entrega de
la Espiga Dorada.
Oscar
Guerra
"Aquí
está con nosotros, no es mentira", dijo
con la voz entrecortada por la emoción
Julio César Tobar, Piedrasanta, maestro
de ceremonia de la Espiga Dorada.
Fiel a su estilo, ese que a todos sólo
puede sacar una sonrisa, Jorge González
llegó con hora y media de retraso a la
entrega de la Espiga Dorada, en la que era el
invitado de honor. Ahí, apenas unos
minutos después de su llegada,
recibió una presea especial por su
carrera y los gestos para con los necesitados de
los terremotos.
Cuando regresó a su asiento ya no
estuvo tranquilo. Los otros ganadores se
acercaban a él para que les firmara un
autógrafo o para tomarse una foto con
él. No desairó a ninguno.
Al término de la ceremonia, el
"Mágico" fue el más asediado, no
sólo por los periodistas, sino por todos
aquellos que se habían quedado en la cola
para la instantánea para el recuerdo. A
la pregunta de cómo se había
sentido con la llegada del resto de atletas para
estar con él, respondió a su
manera: "No sé. Estar un poco conciente
de haber sido inconciente en aquellos entonces
cuando era joven".
A pesar de ello, reconoció que la
Espiga Dorada es un incentivo para los deportes
que no tienen el apoyo que merecen, según
sus palabras. Asimismo, se consideró, en
el evento, como representante de la
generación de futbolistas a la que
él perteneció. "Aquí estoy
a nombre de Jaime Rodríguez, Norberto
Huezo, Paquito Jovel y los demás",
finalizó.