Domingo 13 de mayo de 2001


El centro de atención

Jorge "Mágico" González fue el número estelar durante la entrega de la Espiga Dorada.

Oscar Guerra

"Aquí está con nosotros, no es mentira", dijo con la voz entrecortada por la emoción Julio César Tobar, Piedrasanta, maestro de ceremonia de la Espiga Dorada.

Fiel a su estilo, ese que a todos sólo puede sacar una sonrisa, Jorge González llegó con hora y media de retraso a la entrega de la Espiga Dorada, en la que era el invitado de honor. Ahí, apenas unos minutos después de su llegada, recibió una presea especial por su carrera y los gestos para con los necesitados de los terremotos.

Cuando regresó a su asiento ya no estuvo tranquilo. Los otros ganadores se acercaban a él para que les firmara un autógrafo o para tomarse una foto con él. No desairó a ninguno.

Al término de la ceremonia, el "Mágico" fue el más asediado, no sólo por los periodistas, sino por todos aquellos que se habían quedado en la cola para la instantánea para el recuerdo. A la pregunta de cómo se había sentido con la llegada del resto de atletas para estar con él, respondió a su manera: "No sé. Estar un poco conciente de haber sido inconciente en aquellos entonces cuando era joven".

A pesar de ello, reconoció que la Espiga Dorada es un incentivo para los deportes que no tienen el apoyo que merecen, según sus palabras. Asimismo, se consideró, en el evento, como representante de la generación de futbolistas a la que él perteneció. "Aquí estoy a nombre de Jaime Rodríguez, Norberto Huezo, Paquito Jovel y los demás", finalizó.


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