Miércoles 14 de marzo de 2001


Cafetaleros recibirán apoyo para abandonar esa actividad

En abril, el gobierno realizará un encuentro con los cafetaleros. Si quieren abandonar esa actividad por los malos precios internacionales, se les dará asistencia técnica y financiera para que sustituyan los cafetales por otros cultivos. El presidente Francisco Flores dijo que quienes quieran quedarse en esa actividad y atender, tras los terremotos, los cafetales dañados, también recibirán apoyo. El Gobierno hará otros anuncios para meter a la empresa privada en los planes de reconstrucción

Lafitte Fernández

Cualquier otro gobernante tendría el semblante evaporado. Él, no. Quizá porque a Francisco Flores le ha correspondido arrostrar las ocho semanas más duras de su vida sin ningún atajo hacia el aliviane personal, a veces, sus mejores amigos lo encuentran cansado.

Durante estos tiempos, a Flores le ha tocado de todo. Desde hacer artilugios verbales para explicarle a un campesino, cuando lo increpó, que ni él, ni nadie en el mundo, podía adivinar que sobrevendría un segundo terremoto, hasta soltar la carcajada cuando escuchó la historia del niño feo que maldijo a El Salvador.

Con buena dosis de injusticia, también ha pagado caro las cegueras sociales. Si toma un avión para buscar ayuda en el exterior, sobran quienes comentan que, como sabe que viene un tercer terremoto, decidió marcharse del país junto al último miembro de su familia, como si fuera una ceremonia estudiada.

Cuando la tierra se enfureció y tosió dos terremotos, Flores asumió el único papel que puede protagonizar un gobernante cuando un país pierde $2 mil millones de dólares en menos de dos minutos: debía impedir que el mundo de los salvadoreños corriera hacia su propia ruina.

El único camino que le quedaba era abrir un espacio a la memoria colectiva y gritar, a todo pulmón, un "sí se puede", para combatir tanta adversidad extraña.

A Flores hay que comprenderlo: antes de mediodía, durante dos martes 13, la naturaleza fusiló algunos de sus sueños de gobernante.

Y entonces al Presidente no le tocó más que desenebrar lo que tejió con sus neuronas agitadas, otear el horizonte, corregir, dramáticamente, sus planes originales, y hasta cambiar hasta su comunicación con los salvadoreños, porque el porvenir prometido no debía ser sustituido por una pesadilla.

No lo sé, ni se lo he preguntado, pero no creo que exista un reto más duro para un mandatario que tomar un auto y mirar algunos de los pueblos de su país verdaderamente arrodillados y envueltos en su propia miseria.

Cuanto hemos cambiado

Basta con mirar atrás -y no muy allá- para saber cuánto ha cambiado El Salvador en tan poco tiempo. El primero de enero todos hablaban de dolarización. Flores confiaba en que &emdash;aunque criticado por muchos&emdash;, ese proceso traería beneficios para todos los salvadoreños. Pensó que El Salvador no debe representar siempre el mismo clásico ni adquirir, bajo formas nuevas, el mismo lastre de siempre.

Poco antes de eso, el tema era la creación de un fondo vial para construir nuevas y mejores carreteras bajo el impulso de la mano privada. Con esos dos proyectos, Flores cruzó el umbral del nuevo siglo.

Pocas semanas después, del dólar sólo se habla para contabilizar, en centenares de millones, los daños causados por las rabietas de la tierra o para cuantificar las donaciones o los préstamos blandos que se recibirán para sacar a millón y medio de personas de las dificultades.

De nuevas carreteras, únicamente se habla ahora para desentrampar las salidas del área metropolitana o para corregir las laderas de la Carretera Panamericana, por donde pasa buena parte del comercio centroamericano o llegan las verduras o la carne que nos comemos.

A Flores, sin duda, hay que comprenderlo. Quizá su primer aprendizaje será perfeccionarse en las desgracias. Eso es difícil cuando se pasa de constructor de nuestras grandes expectativas a recolector de esperanzas para que, al menos, las cosas queden en el estado en que estaban antes del terremoto.

A Flores lo encontré, la semana pasada, en un hotel de Madrid. Era su hora de descanso, pero estaba junto al embajador de El Salvador en España, Miguel Angel Salaverría, explicándole que no quedaba más remedio que ampliar el número de colaboradores en esa sede diplomática para darle seguimiento a todos los proyectos que se crearán para echar a andar parte de la reconstrucción con dineros europeos.

Poco antes del encuentro, le había escuchado decir dos hermosas frases ante un nutrido grupo de representantes de muchos países del mundo: "Cuando los cimientos de una nación como El Salvador son morales, el hombre nunca claudica", y que su país tenía, en su frente, la oportunidad de sacar de la tragedia una nación más justa y solidaria.

Las ocasiones en que he escuchado al mandatario salvadoreño, siempre encuentro algo en él que me hace pensar en el hombre que construye sobre las adversidades. Y, en Madrid, volví a comprobarlo cuando también le escuché decir que, a sus 42 años, es parte de una generación que lleva encima una guerra, tres terremotos y un huracán como el "Mitch". "Soy miembro de una generación que ha sufrido mucho, pero puedo asegurarles que no me cambiaría por nadie que hubiese vivido en otra época", dijo sin dejar de causar un fuerte impacto en quienes creemos que las sociedades a las que se le acaba el horizonte se vuelven inocuas y pardas.

La política

Aunque el gobernante cree que estos son tiempos de pragmatismo y menos ideología, es difícil apartarse de la política cuando se habla con él porque, en el fondo, decidió meterse en un oficio en el que unos caminan para un lado, y otros, en dirección contraria, sin que, muchas veces, existan semáforos que vigilen, al menos, la circulación de las ideas y los debates.

Es normal observar, en otras naciones, que los terremotos apaguen la política. En El Salvador, no. A veces, pareciera que, por lo joven de esta democracia, a la historia política salvadoreña todavía no le han salido arrugas.

¿Está usted cerrado a las posturas del FMLN?, le pregunta alguien en la suite del hotel Ritz. Flores responde con su historia personal: "Al inicio, invité al FMLN. Ellos enviaron en una misión del Gobierno al encargado de relaciones internacionales, Eugenio Chicas. Después, Facundo Guardado nos acompañó en una misión y nos llevamos la sorpresa del anuncio que no nos ayudarían más, que los iban a castigar, que casi pretendían expulsarlos de ese partido. Entonces, ¿qué podíamos hacer? No fuimos nosotros los que cerramos los caminos".

¿Algunos dicen que si el Gobierno se hubiera acercado al FMLN se hubiesen logrado más recursos en Madrid?. Flores enseña el reverso de la medalla: "Más bien, si el FMLN se hubiera acercado al Gobierno, posiblemente, sí hubiésemos encontrado más recursos".

Eso sí, cuando Flores hizo esas manifestaciones, el país había dado, ese día, una verdadera lección de unidad política en Madrid. El, muchos de sus colaboradores más cercanos y empresarios privados estaban satisfechos por el hecho de que, frente a los miembros del Grupo Consultivo organizado por el BID, representantes de todos los sectores sociales y políticos del país, incluido Oscar Ortiz, del FMLN, alzaron tribuna para tratar de conseguir objetivos comunes.

La tregua que necesita El Salvador para salirle al paso a los problemas ganó, ese día, un eslabón. Que se puedan seguir colocando más eslabones en esa dirección, nadie lo puede garantizar. Pero, que eso pueda ocurrir, tampoco nadie lo puede negar. Al final, eso dependerá de la voluntad de los principales actores políticos del país.

Lo que se tiene en el bolsillo

El gobernante Flores tiene una preocupación cercana: las lluvias. Incluso, hasta habla de que en El Salvador puede encarar los mismos efectos de un tercer terremoto que sobrevendrían con los temporales, porque hay que darle techo a millares de personas, y para eso se necesitan, con urgencia, ¢500 millones.

Parte del problema, y eso lo sabe el gobernante, es que, en alguna medida, para reponer los daños de los terremotos, el país comenzó, por necesidad, a empeñar parte de su futuro. Dineros prestados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que se tenían para construir escuelas, llevar agua potable a las poblaciones, o mejorar la salud, ahora se dedican a construir viviendas temporales o dar de comer a los damnificados.

Para reconstruir el país, el Gobierno tiene en el bolsillo $1.300 millones sacados de la comunidad internacional. De esa suma, $700 millones representan créditos blandos que darían, en los próximos cuatro años (no en seis meses, como algunos pretenden), organismos financieros.

Además de unos $300 millones en donaciones que también llegarán al país (una pequeña parte ya está aquí), el mandatario salvadoreño está satisfecho, porque la legalización de unos 100 mil salvadoreños que permanecen en Estados Unidos, por lo menos durante año y medio, significará un aumento en las remesas familiares de unos $350 millones al año.

Cuando hace su propia aritmética, Flores sabe que parte del secreto con el que debe jugar es que, en la medida en que la empresa privada salvadoreña contribuya más con la reconstrucción, en la misma proporción se reduce el camino del endeudamiento público.

El mandatario ya tiene algunas ideas para tratar de meter de cabeza a la empresa privada en la reconstrucción. Según su análisis, el hecho de que el MOP despidiera a un número importante de trabajadores, le permite, a ese ministerio, abandonar el papel de ejecutor de obras y trasladar esa responsabilidad a los empresarios.

Ahora piensa, por ejemplo, que las obras del puerto de Cutuco podrían otorgarse en concesión a la empresa privada, o que otras firmas, locales o internacionales, podrían construir vías mediante esa misma figura con dineros frescos.

Flores no adelantó detalles, pero no hay dudas que su Gobierno prepara un paquete de medidas que le permitirían, a la empresa privada, encontrar atractivos para sustituir los dineros públicos que se utilizarían en la construcción de obras.

El siguiente reto

Otros de los grandes desafíos que tiene el Gobierno es reactivar la deprimida caficultura. Muchísimos caficultores están golpeados doblemente: los precios internacionales de ese producto están en el suelo porque, entre otras cosas, a Vietnam y a la India se les ocurrió cultivar café en cuanta tierra pudiesen, apegándose, poco o nada, a las regulaciones internacionales del comercio de ese grano. Como si eso fuese poco, la tierra volvió al revés los cafetales, lisió grandes extensiones de cafetales nacionales y destruyó beneficios.

Los terremotos escogió sus clientes. Buena parte de los damnificados estaba alojada en una cadena de montañas donde se siembra café y se da trabajo a una impresionante cantidad de jornaleros y colonos.

Entonces, nace la trampa:¿ Se debe ayudar a rescatar y sanar cafetales para devolverle el trabajo a la gente, a pesar de que el precio internacional de ese producto no compense ese esfuerzo? ¿Por el mero hecho de darle trabajo a millares de personas, los cafetaleros deben seguir en un negocio ruinoso que pareciera no tener perspectivas de cambio?

Flores se convenció -y ese tema lo ha conversado con representantes de diversos organismos internacionales-, de que todo lo que le ha pasado a El Salvador puede servir de resorte para encontrar nuevos caminos hacia el progreso. El arte estará en transformar la desgracia en una oportunidad de cambio. La actividad de los cafetaleros entra en esa ruleta que girará de acuerdo con su voluntad.

Flores tiene una fórmula que la anunciará, de forma oficial, en abril: al que quiera seguir en el café y desee enfrentar la herencia del terremoto, se le darían créditos a 20 años plazo, al 7.7 por ciento. Eso sí, asume por su cuenta el riesgo de un mercado internacional que parece no tener recuperaciones a corto plazo.

Al cafetalero que quiera lavarle la cara a sus sembradíos y pretenda transformar sus cafetales viejos en nuevos, se le prestará dinero a tres o cuatro años de plazo, con una tasa de interés bastante favorable.

Y, el que quiera salirse por agotamiento, por recibir pocos estímulos financieros, por lo que sea, podrá participar en un centro de agronegociaciones que creará el Gobierno adonde podrá advertir que quiere cambiarle el uso a sus tierras y que decidió apostar a otros cultivos. Allí le darán acceso a recursos financieros, asesoría técnica y, sobre todo, le ofrecerán otros cultivos alternativos.

Eso ocurrirá en abril próximo. "Será la gran oportunidad de la diversificación agrícola", dijo el presidente Flores.


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