Cafetaleros
recibirán apoyo para abandonar esa
actividad
En abril, el gobierno realizará un
encuentro con los cafetaleros. Si quieren
abandonar esa actividad por los malos precios
internacionales, se les dará asistencia
técnica y financiera para que sustituyan
los cafetales por otros cultivos. El presidente
Francisco Flores dijo que quienes quieran
quedarse en esa actividad y atender, tras los
terremotos, los cafetales dañados,
también recibirán apoyo. El
Gobierno hará otros anuncios para meter a
la empresa privada en los planes de
reconstrucción
Lafitte
Fernández
Cualquier
otro gobernante tendría el semblante
evaporado. Él, no. Quizá porque a
Francisco Flores le ha correspondido arrostrar
las ocho semanas más duras de su vida sin
ningún atajo hacia el aliviane personal,
a veces, sus mejores amigos lo encuentran
cansado.
Durante estos tiempos, a Flores le ha tocado
de todo. Desde hacer artilugios verbales para
explicarle a un campesino, cuando lo
increpó, que ni él, ni nadie en el
mundo, podía adivinar que
sobrevendría un segundo terremoto, hasta
soltar la carcajada cuando escuchó la
historia del niño feo que maldijo a El
Salvador.
Con buena dosis de injusticia, también
ha pagado caro las cegueras sociales. Si toma un
avión para buscar ayuda en el exterior,
sobran quienes comentan que, como sabe que viene
un tercer terremoto, decidió marcharse
del país junto al último miembro
de su familia, como si fuera una ceremonia
estudiada.
Cuando la tierra se enfureció y
tosió dos terremotos, Flores
asumió el único papel que puede
protagonizar un gobernante cuando un país
pierde $2 mil millones de dólares en
menos de dos minutos: debía impedir que
el mundo de los salvadoreños corriera
hacia su propia ruina.
El único camino que le quedaba era
abrir un espacio a la memoria colectiva y
gritar, a todo pulmón, un "sí se
puede", para combatir tanta adversidad
extraña.
A Flores hay que comprenderlo: antes de
mediodía, durante dos martes 13, la
naturaleza fusiló algunos de sus
sueños de gobernante.
Y entonces al Presidente no le tocó
más que desenebrar lo que tejió
con sus neuronas agitadas, otear el horizonte,
corregir, dramáticamente, sus planes
originales, y hasta cambiar hasta su
comunicación con los salvadoreños,
porque el porvenir prometido no debía ser
sustituido por una pesadilla.
No lo sé, ni se lo he preguntado, pero
no creo que exista un reto más duro para
un mandatario que tomar un auto y mirar algunos
de los pueblos de su país verdaderamente
arrodillados y envueltos en su propia
miseria.
Cuanto hemos cambiado
Basta con mirar atrás -y no muy
allá- para saber cuánto ha
cambiado El Salvador en tan poco tiempo. El
primero de enero todos hablaban de
dolarización. Flores confiaba en que
&emdash;aunque criticado por muchos&emdash;, ese
proceso traería beneficios para todos los
salvadoreños. Pensó que El
Salvador no debe representar siempre el mismo
clásico ni adquirir, bajo formas nuevas,
el mismo lastre de siempre.
Poco antes de eso, el tema era la
creación de un fondo vial para construir
nuevas y mejores carreteras bajo el impulso de
la mano privada. Con esos dos proyectos, Flores
cruzó el umbral del nuevo siglo.
Pocas semanas después, del
dólar sólo se habla para
contabilizar, en centenares de millones, los
daños causados por las rabietas de la
tierra o para cuantificar las donaciones o los
préstamos blandos que se recibirán
para sacar a millón y medio de personas
de las dificultades.
De nuevas carreteras, únicamente se
habla ahora para desentrampar las salidas del
área metropolitana o para corregir las
laderas de la Carretera Panamericana, por donde
pasa buena parte del comercio centroamericano o
llegan las verduras o la carne que nos
comemos.
A
Flores, sin duda, hay que comprenderlo.
Quizá su primer aprendizaje será
perfeccionarse en las desgracias. Eso es
difícil cuando se pasa de constructor de
nuestras grandes expectativas a recolector de
esperanzas para que, al menos, las cosas queden
en el estado en que estaban antes del
terremoto.
A Flores lo encontré, la semana
pasada, en un hotel de Madrid. Era su hora de
descanso, pero estaba junto al embajador de El
Salvador en España, Miguel Angel
Salaverría, explicándole que no
quedaba más remedio que ampliar el
número de colaboradores en esa sede
diplomática para darle seguimiento a
todos los proyectos que se crearán para
echar a andar parte de la reconstrucción
con dineros europeos.
Poco antes del encuentro, le había
escuchado decir dos hermosas frases ante un
nutrido grupo de representantes de muchos
países del mundo: "Cuando los cimientos
de una nación como El Salvador son
morales, el hombre nunca claudica", y que su
país tenía, en su frente, la
oportunidad de sacar de la tragedia una
nación más justa y solidaria.
Las ocasiones en que he escuchado al
mandatario salvadoreño, siempre encuentro
algo en él que me hace pensar en el
hombre que construye sobre las adversidades. Y,
en Madrid, volví a comprobarlo cuando
también le escuché decir que, a
sus 42 años, es parte de una
generación que lleva encima una guerra,
tres terremotos y un huracán como el
"Mitch". "Soy miembro de una generación
que ha sufrido mucho, pero puedo asegurarles que
no me cambiaría por nadie que hubiese
vivido en otra época", dijo sin dejar de
causar un fuerte impacto en quienes creemos que
las sociedades a las que se le acaba el
horizonte se vuelven inocuas y pardas.
La política
Aunque el gobernante cree que estos son
tiempos de pragmatismo y menos ideología,
es difícil apartarse de la
política cuando se habla con él
porque, en el fondo, decidió meterse en
un oficio en el que unos caminan para un lado, y
otros, en dirección contraria, sin que,
muchas veces, existan semáforos que
vigilen, al menos, la circulación de las
ideas y los debates.
Es normal observar, en otras naciones, que
los terremotos apaguen la política. En El
Salvador, no. A veces, pareciera que, por lo
joven de esta democracia, a la historia
política salvadoreña
todavía no le han salido arrugas.
¿Está usted cerrado a las
posturas del FMLN?, le pregunta alguien en la
suite del hotel Ritz. Flores responde con su
historia personal: "Al inicio, invité al
FMLN. Ellos enviaron en una misión del
Gobierno al encargado de relaciones
internacionales, Eugenio Chicas. Después,
Facundo Guardado nos acompañó en
una misión y nos llevamos la sorpresa del
anuncio que no nos ayudarían más,
que los iban a castigar, que casi
pretendían expulsarlos de ese partido.
Entonces, ¿qué podíamos
hacer? No fuimos nosotros los que cerramos los
caminos".
¿Algunos dicen que si el Gobierno se
hubiera acercado al FMLN se hubiesen logrado
más recursos en Madrid?. Flores
enseña el reverso de la medalla:
"Más bien, si el FMLN se hubiera acercado
al Gobierno, posiblemente, sí
hubiésemos encontrado más
recursos".
Eso sí, cuando Flores hizo esas
manifestaciones, el país había
dado, ese día, una verdadera
lección de unidad política en
Madrid. El, muchos de sus colaboradores
más cercanos y empresarios privados
estaban satisfechos por el hecho de que, frente
a los miembros del Grupo Consultivo organizado
por el BID, representantes de todos los sectores
sociales y políticos del país,
incluido Oscar Ortiz, del FMLN, alzaron tribuna
para tratar de conseguir objetivos comunes.
La
tregua que necesita El Salvador para salirle al
paso a los problemas ganó, ese
día, un eslabón. Que se puedan
seguir colocando más eslabones en esa
dirección, nadie lo puede garantizar.
Pero, que eso pueda ocurrir, tampoco nadie lo
puede negar. Al final, eso dependerá de
la voluntad de los principales actores
políticos del país.
Lo que se tiene en el bolsillo
El gobernante Flores tiene una
preocupación cercana: las lluvias.
Incluso, hasta habla de que en El Salvador puede
encarar los mismos efectos de un tercer
terremoto que sobrevendrían con los
temporales, porque hay que darle techo a
millares de personas, y para eso se necesitan,
con urgencia, ¢500 millones.
Parte del problema, y eso lo sabe el
gobernante, es que, en alguna medida, para
reponer los daños de los terremotos, el
país comenzó, por necesidad, a
empeñar parte de su futuro. Dineros
prestados por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), que se tenían para
construir escuelas, llevar agua potable a las
poblaciones, o mejorar la salud, ahora se
dedican a construir viviendas temporales o dar
de comer a los damnificados.
Para reconstruir el país, el Gobierno
tiene en el bolsillo $1.300 millones sacados de
la comunidad internacional. De esa suma, $700
millones representan créditos blandos que
darían, en los próximos cuatro
años (no en seis meses, como algunos
pretenden), organismos financieros.
Además de unos $300 millones en
donaciones que también llegarán al
país (una pequeña parte ya
está aquí), el mandatario
salvadoreño está satisfecho,
porque la legalización de unos 100 mil
salvadoreños que permanecen en Estados
Unidos, por lo menos durante año y medio,
significará un aumento en las remesas
familiares de unos $350 millones al
año.
Cuando hace su propia aritmética,
Flores sabe que parte del secreto con el que
debe jugar es que, en la medida en que la
empresa privada salvadoreña contribuya
más con la reconstrucción, en la
misma proporción se reduce el camino del
endeudamiento público.
El mandatario ya tiene algunas ideas para
tratar de meter de cabeza a la empresa privada
en la reconstrucción. Según su
análisis, el hecho de que el MOP
despidiera a un número importante de
trabajadores, le permite, a ese ministerio,
abandonar el papel de ejecutor de obras y
trasladar esa responsabilidad a los
empresarios.
Ahora piensa, por ejemplo, que las obras del
puerto de Cutuco podrían otorgarse en
concesión a la empresa privada, o que
otras firmas, locales o internacionales,
podrían construir vías mediante
esa misma figura con dineros frescos.
Flores no adelantó detalles, pero no
hay dudas que su Gobierno prepara un paquete de
medidas que le permitirían, a la empresa
privada, encontrar atractivos para sustituir los
dineros públicos que se
utilizarían en la construcción de
obras.
El siguiente reto
Otros de los grandes desafíos que
tiene el Gobierno es reactivar la deprimida
caficultura. Muchísimos caficultores
están golpeados doblemente: los precios
internacionales de ese producto están en
el suelo porque, entre otras cosas, a Vietnam y
a la India se les ocurrió cultivar
café en cuanta tierra pudiesen,
apegándose, poco o nada, a las
regulaciones internacionales del comercio de ese
grano. Como si eso fuese poco, la tierra
volvió al revés los cafetales,
lisió grandes extensiones de cafetales
nacionales y destruyó beneficios.
Los
terremotos escogió sus clientes. Buena
parte de los damnificados estaba alojada en una
cadena de montañas donde se siembra
café y se da trabajo a una impresionante
cantidad de jornaleros y colonos.
Entonces, nace la trampa:¿ Se debe
ayudar a rescatar y sanar cafetales para
devolverle el trabajo a la gente, a pesar de que
el precio internacional de ese producto no
compense ese esfuerzo? ¿Por el mero hecho
de darle trabajo a millares de personas, los
cafetaleros deben seguir en un negocio ruinoso
que pareciera no tener perspectivas de
cambio?
Flores se convenció -y ese tema lo ha
conversado con representantes de diversos
organismos internacionales-, de que todo lo que
le ha pasado a El Salvador puede servir de
resorte para encontrar nuevos caminos hacia el
progreso. El arte estará en transformar
la desgracia en una oportunidad de cambio. La
actividad de los cafetaleros entra en esa ruleta
que girará de acuerdo con su
voluntad.
Flores tiene una fórmula que la
anunciará, de forma oficial, en abril: al
que quiera seguir en el café y desee
enfrentar la herencia del terremoto, se le
darían créditos a 20 años
plazo, al 7.7 por ciento. Eso sí, asume
por su cuenta el riesgo de un mercado
internacional que parece no tener recuperaciones
a corto plazo.
Al cafetalero que quiera lavarle la cara a
sus sembradíos y pretenda transformar sus
cafetales viejos en nuevos, se le
prestará dinero a tres o cuatro
años de plazo, con una tasa de
interés bastante favorable.
Y, el que quiera salirse por agotamiento, por
recibir pocos estímulos financieros, por
lo que sea, podrá participar en un centro
de agronegociaciones que creará el
Gobierno adonde podrá advertir que quiere
cambiarle el uso a sus tierras y que
decidió apostar a otros cultivos.
Allí le darán acceso a recursos
financieros, asesoría técnica y,
sobre todo, le ofrecerán otros cultivos
alternativos.
Eso ocurrirá en abril próximo.
"Será la gran oportunidad de la
diversificación agrícola", dijo el
presidente Flores.