Damnificados
con graves dificultades de espacio
Viven en casas de
sólo dos metros
El techo se ha convertido en una
alternativa real, como almacén, por la
falta de espacio en las casas temporales
- Jaime
García
- El Diario
de Hoy
Para
poder vivir en una pequeña casa temporal
construida con láminas, los damnificados
tienen que pasar la mayor parte del tiempo fuera
de ella.
Sencillamente, en su interior no cabe
nada.
Doña Elvira de Jesús
Hernández narró que en ese
pequeño espacio cohabita con cuatro
familiares más, tres de ellos son
niños.
Ella perdió su casa durante el
terremoto de enero y fue trasladada a la la
comunidad Valle de Oro, en Soyapango.
Ahí, los gobiernos central y municipal le
entregaron viviendas temporales para que ella y
su familia se protejan, de manera provisional,
de las inclemencias del tiempo.
Al entrar a la pequeña casa de
doña Elvira bastan dos pasos para
recorrerla.
En su interior hay una cama arreglada, una
mesa llena de ropa, trastos y demás
enseres del hogar.
En otro costado, hay otra mesa que sostiene
la cocina de tres quemadores.
Ya no hay espacio para más; sin
embargo, doña Elvira se las ha ingeniado
para colgar del techo lo que no cabe.
Amontonados
"Vivimos amontonados. No hallamos qué
más hacer con esta champita.
Quisiéramos que nos entregaran la casa
permanente", afirma.
Para aprovechar el espacio disponible,
doña Elvira ha colgado del techo desde
ropa hasta enseres del hogar.
Las familias que habitan la comunidad Valle
de Oro no se quejan de la ayuda temporal que,
hasta el momento, les ha dado el gobierno. No
obstante, tienen la esperanza de que se les
cumpla y se les ayude a construir sus casas
permanentes.
Estas serían construidas de ladrillo,
cemento y, por supuesto, con un espacio
más grande.
En la comunidad Valle de Oro habitan unos 400
adultos y 165 niños, aproximadamente.
En todas las pequeñas casas, la
incomodidad de vivir amontonados los hace
permanecer en el exterior.
Prácticamente, las casas son ocupadas
para dormir, comer y guarecerse del ardiente
sol, de la inclemente lluvia o del frío
de la noche.
"Por la noche hace frío y por el
día, calor. Eso es todos los
días", señala una joven madre de
nombre Maritza, mientras baña a sus dos
hijas de 1 y 2 años.
Ella contó que prefiere lavar su ropa
en un balde con agua, para evitar problemas con
las demás mujeres que se molestan porque
se acaba el agua en los lavaderos, ubicados por
la Alcaldía en la comunidad que
comparten.
Necesidades
Don Armando Portillo, representante de la
comunidad Valle de Oro, manifiesta que las
necesidades son muchas y la ayuda, poca.
Detalló que el frío de la noche
provoca que la mayoría de los
niños estén expuestos a
enfermedades respiratorias.
"Cuando se va a la unidad de salud, los
encargados cobran por cada receta de medicinas.
No tenemos dinero y se supone que la
atención médica (estatal) debe ser
gratuita", sostuvo el damnificado.
Don Armando explicó que sólo
reciben arroz, frijoles y aceite de
organizaciones altruistas. Pero indicó
que no dan abasto con las necesidades.