Lunes 31 de diciembre 2001



Damnificados con graves dificultades de espacio
Viven en casas de sólo dos metros

El techo se ha convertido en una alternativa real, como almacén, por la falta de espacio en las casas temporales

Jaime García
El Diario de Hoy

Para poder vivir en una pequeña casa temporal construida con láminas, los damnificados tienen que pasar la mayor parte del tiempo fuera de ella.

Sencillamente, en su interior no cabe nada.

Doña Elvira de Jesús Hernández narró que en ese pequeño espacio cohabita con cuatro familiares más, tres de ellos son niños.

Ella perdió su casa durante el terremoto de enero y fue trasladada a la la comunidad Valle de Oro, en Soyapango. Ahí, los gobiernos central y municipal le entregaron viviendas temporales para que ella y su familia se protejan, de manera provisional, de las inclemencias del tiempo.

Al entrar a la pequeña casa de doña Elvira bastan dos pasos para recorrerla.

En su interior hay una cama arreglada, una mesa llena de ropa, trastos y demás enseres del hogar.

En otro costado, hay otra mesa que sostiene la cocina de tres quemadores.

Ya no hay espacio para más; sin embargo, doña Elvira se las ha ingeniado para colgar del techo lo que no cabe.

Amontonados

"Vivimos amontonados. No hallamos qué más hacer con esta champita. Quisiéramos que nos entregaran la casa permanente", afirma.

Para aprovechar el espacio disponible, doña Elvira ha colgado del techo desde ropa hasta enseres del hogar.

Las familias que habitan la comunidad Valle de Oro no se quejan de la ayuda temporal que, hasta el momento, les ha dado el gobierno. No obstante, tienen la esperanza de que se les cumpla y se les ayude a construir sus casas permanentes.

Estas serían construidas de ladrillo, cemento y, por supuesto, con un espacio más grande.

En la comunidad Valle de Oro habitan unos 400 adultos y 165 niños, aproximadamente.

En todas las pequeñas casas, la incomodidad de vivir amontonados los hace permanecer en el exterior.

Prácticamente, las casas son ocupadas para dormir, comer y guarecerse del ardiente sol, de la inclemente lluvia o del frío de la noche.

"Por la noche hace frío y por el día, calor. Eso es todos los días", señala una joven madre de nombre Maritza, mientras baña a sus dos hijas de 1 y 2 años.

Ella contó que prefiere lavar su ropa en un balde con agua, para evitar problemas con las demás mujeres que se molestan porque se acaba el agua en los lavaderos, ubicados por la Alcaldía en la comunidad que comparten.

Necesidades

Don Armando Portillo, representante de la comunidad Valle de Oro, manifiesta que las necesidades son muchas y la ayuda, poca.

Detalló que el frío de la noche provoca que la mayoría de los niños estén expuestos a enfermedades respiratorias.

"Cuando se va a la unidad de salud, los encargados cobran por cada receta de medicinas. No tenemos dinero y se supone que la atención médica (estatal) debe ser gratuita", sostuvo el damnificado.

Don Armando explicó que sólo reciben arroz, frijoles y aceite de organizaciones altruistas. Pero indicó que no dan abasto con las necesidades.


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