Lunes 3 de diciembre de 2001



La adultez de la cultura

Maura y María de la Paz son dos mujeres que, por los azares de la vida y decisión propia, dijeron no a la educación. Hoy, conscientemente, aprenden a leer y escribir

Sandra Moreno
El Diario de Hoy

Datos recientes revelan que en El Salvador un 51 por ciento de la población es del sexo femenino; un 33 por ciento de los hogares está bajo la responsabilidad de una mujer. Además, establecen -más grave aún- que un 20.4 por ciento de la población femenina es analfabeta.

Esta cifra exige acciones de hecho. El Lic. Martín González, responsable del programa de alfabetización y educación básica de personas jóvenes y adultas, de la Asociación Intersectorial para el Desarrollo Económico y Progreso Social (CIDEP), recorre, junto con ocho promotores y 218 educadoras, las comunidades, caseríos y cantones de Guadalupe, Verapaz, Tepetitán, San Cayetano Istepeque, San Vicente y Tecoluca.

El programa es desarrollado en coordinación con el Ministerio de Educación (MINED).

"La finalidad es ofrecer alternativas educativas a la población joven y adulta analfabeta o con un bajo nivel escolar. De esta forma, ésta tiene acceso, en el marco de la educación no formal, a procesos educativos que le ayudan a desarrollar las habilidades y las capacidades que en la sociedad se consideran básicas para tener mejores oportunidades de desarrollo y convivencia social", explica González.

Muy lejos

Con un pelo negro, sin rastro de canas, Maura Meléndez, de 54 años, asiste a un Círculo de Alfabetización en el caserío Concepción Ismendia Cantarrana, en el cantón San José, en el municipio de Tecoluca.

Ella ha vuelto a recordar lo que aprendió en el primer grado, el único año que asistió cuando tenía 16 años y vivía en Nejapa, en el departamento de San Salvador. "Yo sabía que podía un poco cuando vinieron los encargados del círculo hace tres años; me animé porque quería aprender", dice doña Maura.

En el pasado, Maura debía caminar hora y media por veredas, en medio de cañales, hacia la escuela. "Quedaba muy lejos; iba solita", cuenta Maura. "Me enseñaron a leer las letras, también a firmar el nombre".

La larga caminada hizo tomar una decisión a la muchacha: dejar la escuela. Entonces, su padre le advirtió: "andá, hija, ya grande te hará falta". No valió el argumento paterno que hoy resuena en la mente de Maura, quien se casaría a los 21 años y tendría siete hijos.

-¿Qué significa tener de nuevo la oportunidad de aprender?

-Siento que me ayudará; quiero escribirle cartas a mi hija que vive en San Salvador o a mi mamá &emdash;acepta Maura, y agrega, mientras una sonrisa ilumina su rostro moreno-: seguiremos yendo al círculo, no está lejos.

La frase última tranquiliza a Rafael Mejía, promotor de CIDEP en la zona de Tecoluca. Él es el encargado de que el Círculo de Alfabetización funcione, del 5 de abril al 5 de septiembre, cada año, en un horario de 2:00 p.m. a 4:00 p.m.

"El éxito en el aprendizaje en cada persona depende de su interés", explica Mejía. "Por ejemplo, un pastor quería leer la Biblia; él tenía 60 años y fue de los más sobresalientes en el grupo".

Los Círculos

En estos momentos, el promotor tiene a su cargo 27 grupos de Círculos de Alfabetización, y en cada uno hay de 15 a 25 personas.

En el 2001, CIDEP atendió 4,387 personas jóvenes y adultas (1,855 hombres y 2,528 mujeres), por medio de los procesos de alfabetización y continuidad educativa.

Y en el campo de la capacitación vocacional se ayudó a 81 personas, quienes asistieron a los talleres de panificación, electricidad, floristería y piñatería, durante tres meses.

A la hora de hablar con la gente, Mejía les dibuja su futuro y como el proceso de educación les beneficiara en su diario vivir. Los principales argumentos de los hombres es "estoy viejo" y las mujeres, "mis responsabilidades domésticas", "tengo que cuidar a los niños" y "no voy a las reuniones".

La estrategia de convencimiento incluye que la gente decida el horario de las clases, y se involucra activamente a los líderes en el proyecto.

El promotor Francisco de Jesús García maneja 28 grupos, la mayoría es amas de casa. A él le funcionó muy bien el argumento que si sabían leer y escribir les sería más fácil conseguir ayuda para la reconstrucción de sus casas, destruidas por los terremotos del 13 de enero y 13 de febrero, entre otras cosas.

Una mujer que no necesitó mucha plática para motivarla fue doña María de la Paz Méndez, de 69 años, del barrio Concepción de San Vicente. "Mi padre era profesor, él quedó enfermo después de una peste de sarampión. Pero esto no le impidió ofrecerle a sus vecinos el enseñarles a sus hijos, a un colón el día y la comida. A mí me quiso enseñar también, pero ...yo no sentía amor por el estudio. Perdí la oportunidad que hoy deseo", recuerda doña María de la Paz. Ahora, a los 69 años, sabe el valor de escribir y leer.


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