Relevo de
videntes
Entro al cuarto, que en este caso parece
más una oficina de negocios: sobre la
mesa hay un celular y un cargador, otro
teléfono y varios lapiceros en una
latita. El ambiente 'místico' lo ponen
varios ídolos de barro, tres velas en el
suelo (sólo una está encendida),
un penacho con plumas y cuadros con figuras
celestiales.
Carlos
Vides
Me
atiende un joven que había entrado poco
antes al lugar, sin ninguna aura 'clarividente',
quien no viste como los clásicos
'chamanes', sino con un 'jeans' algo flojo y una
camisa a cuadros. Eso sí, el toque
'extranjero' lo pone su peculiar forma de
hablar, marcando la letra 's' en un vano intento
de toque 'carioca'.
"¿Qué podemos hacer por usted,
hermano?", pregunta, y sigo con mi coartada:
necesito saber quién va a ganar y con
qué marcador, para hacer una apuesta
fuerte. Duda un segundo, aunque con ojos de
beneplácito, y mientras me dice que
espere sale de la habitación. Regresa y
dice, con seguridad: "Podemos ayudarle a tener
suerte, ¿cuál equipo quiere que
gane?". Respondo: "No voy con ninguno,
sólo quiero saber cuál de los dos
gana".
La sorpresa
Otra duda y otra salida. Pero el que regresa
ya no es él, sino una señora
blanca y rubia, ojos cafés, blusa a rayas
rojiazules y pantalón negro. Entra muy
resuelta y me dice "cierra los ojos, hermanito,
y concéntrate". Yo me resisto y pregunto
por el cambio de 'videntes'. La respuesta:
"él ya no quería trabajar". Me
esfuerzo por no reír y repregunto:
"¿Le dijo a qué vine?", a lo que
responde que "no es necesario, yo ya lo
sé. ¿Quiere saber cuál equipo
va a ganar el Mundial de Fútbol, no".
Ahora los esfuerzos por evitar la carcajada
rayan lo imposible, pero mantengo la calma y
aclaro mi consulta. Luego repito sus palabras:
"Llamo a la fuerza, llamo al poder, llamo a todo
lo que quiero saber". Ella pregunta:
"¿cuáles equipos van a jugar?
Dígame, porque yo no sé". Vaya
clarividencia. Le nombro a los protagonistas,
ella elabora un conjuro y lanza siete letras:
"Alianza".
Suspiro, más por haber logrado al fin
un pronóstico, y ella pregunta por
qué. Le digo que estoy aliviado por su
ayuda, pero que urjo de un marcador. Ella se
niega y me advierte que "no debe apostar, usted
está salado y tiene mala aura. Nosotros
podemos ayudarle con tres misas espirituales, le
cuestan dos mil 600 colones". Por supuesto, me
niego a pagar, y ella, casualmente, pierde la
'conexión'. Finjo desesperación y
acuerdo regresar con el dinero para poder
apostar. Espero que su clarividencia le alcance
para saber que no regresaré.
La clave 'mística': dada la mala
suerte que según la 'chamán' me
acompaña a todas partes, la
solución está en realizar tres
misas espirituales para cambiar mi fortuna.
Sólo describió que se hacen de
noche y con velas. Los demás detalles se
conocen ya con el dinero en mano: Dos mil 600
colones.