Sábado 22 de diciembre 2001


Relevo de videntes

Entro al cuarto, que en este caso parece más una oficina de negocios: sobre la mesa hay un celular y un cargador, otro teléfono y varios lapiceros en una latita. El ambiente 'místico' lo ponen varios ídolos de barro, tres velas en el suelo (sólo una está encendida), un penacho con plumas y cuadros con figuras celestiales.

Carlos Vides

Me atiende un joven que había entrado poco antes al lugar, sin ninguna aura 'clarividente', quien no viste como los clásicos 'chamanes', sino con un 'jeans' algo flojo y una camisa a cuadros. Eso sí, el toque 'extranjero' lo pone su peculiar forma de hablar, marcando la letra 's' en un vano intento de toque 'carioca'.

"¿Qué podemos hacer por usted, hermano?", pregunta, y sigo con mi coartada: necesito saber quién va a ganar y con qué marcador, para hacer una apuesta fuerte. Duda un segundo, aunque con ojos de beneplácito, y mientras me dice que espere sale de la habitación. Regresa y dice, con seguridad: "Podemos ayudarle a tener suerte, ¿cuál equipo quiere que gane?". Respondo: "No voy con ninguno, sólo quiero saber cuál de los dos gana".

La sorpresa

Otra duda y otra salida. Pero el que regresa ya no es él, sino una señora blanca y rubia, ojos cafés, blusa a rayas rojiazules y pantalón negro. Entra muy resuelta y me dice "cierra los ojos, hermanito, y concéntrate". Yo me resisto y pregunto por el cambio de 'videntes'. La respuesta: "él ya no quería trabajar". Me esfuerzo por no reír y repregunto: "¿Le dijo a qué vine?", a lo que responde que "no es necesario, yo ya lo sé. ¿Quiere saber cuál equipo va a ganar el Mundial de Fútbol, no".

Ahora los esfuerzos por evitar la carcajada rayan lo imposible, pero mantengo la calma y aclaro mi consulta. Luego repito sus palabras: "Llamo a la fuerza, llamo al poder, llamo a todo lo que quiero saber". Ella pregunta: "¿cuáles equipos van a jugar? Dígame, porque yo no sé". Vaya clarividencia. Le nombro a los protagonistas, ella elabora un conjuro y lanza siete letras: "Alianza".

Suspiro, más por haber logrado al fin un pronóstico, y ella pregunta por qué. Le digo que estoy aliviado por su ayuda, pero que urjo de un marcador. Ella se niega y me advierte que "no debe apostar, usted está salado y tiene mala aura. Nosotros podemos ayudarle con tres misas espirituales, le cuestan dos mil 600 colones". Por supuesto, me niego a pagar, y ella, casualmente, pierde la 'conexión'. Finjo desesperación y acuerdo regresar con el dinero para poder apostar. Espero que su clarividencia le alcance para saber que no regresaré.

La clave 'mística': dada la mala suerte que según la 'chamán' me acompaña a todas partes, la solución está en realizar tres misas espirituales para cambiar mi fortuna. Sólo describió que se hacen de noche y con velas. Los demás detalles se conocen ya con el dinero en mano: Dos mil 600 colones.


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