Martes 18 de diciembre 2001



Personas sordas y no videntes encuentran serias dificultades para estudiar
Los excluidos del sistema educativo

Bachillerato. El sistema educativo no contempla estudios para los alumnos sordos que terminan el noveno grado de Básica.

Susana Joma/ Margarita Sánchez
El Diario de Hoy

Dimas Elizandro Rodríguez tiene 41 años, es no vidente, y licenciado en Psicología y Magisterio. Su vida es un testimonio excepcional, casi único, de las vicisitudes por las que atraviesa una persona no vidente en el sistema educativo. Sin ir más lejos, Dimas es una de las 15 personas no videntes en el país -de una población que supera las 50 mil- que ha concluido estudios superiores.

En una escuela cerca de Texistepeque, Santa Ana, municipio del que es originario, llega de oyente a las primeras clases. Gracias al apoyo del profesor Randolfo, un buen día se presenta en la ciudad de San Salvador. Y se matricula. Tiene 11 años cuando se asoma por el Centro de Rehabilitación para Ciegos Eugenia de Dueñas. Estudia hasta el tope, el cuarto grado, en ese centro. No puede escalar más y no tiene otro remedio que volver a su pueblo. Con la comprensión de los profesores, termina Educación Básica en la escuela municipal. El siguiente paso, el bachillerato, lo devuelve a la ciudad. Dimas Elizandro abre la puerta del INFRAMEN.

A menos de una cuadra del Instituto, separado por una calle, se encuentra el Centro Escolar Zeledón. Una escuela como cualquier otra, si se exceptúa que los protagonistas son sordos. Como el caso de Dimas Elizandro, lo inusual se convierte en moneda común de la educación para las personas "especiales": se trata del único centro en la capital para atender a niños con este problema. Hace un par de semanas, la celebración del fin de clase llenó, más que de alegría, de incertidumbre a los padres de familia que asistieron al evento.

Sin bachilleres

La razón puede ser más clara, pero no más precisa. El sistema educativo nacional no contempla la posibilidad de que un niño sordo alcance el bachillerato. Y si es así, no ha puesto los medios para que lo haga en las condiciones adecuadas.

La Escuela Griselda Zeledón se crea hace tres años, como una opción para todos aquellos niños que terminan el tercer grado en el Centro de Audición y Lenguaje. En un principio, la meta es hasta séptimo grado. Dos nuevos pasos de la comunidad educativa hace posible que los niños estudien hasta noveno grado.

Apenas sin libros, pero con gran entusiasmo, Dimas Elizandro termina el bachillerato en el INFRAMEN, a los 24 años. La Universidad Nacional es un nuevo peldaño que supera con el discurrir del tiempo.

Pertenece a la Cooperativa de Ciegos Buen Futuro, donde funciona el único centro escolar para ciegos. Conoce bien su problemática y la de los suyos. Por eso no oculta la falta de apoyo institucional, lo hace que, en su opinión, "la mayoría de no videntes quede recluida en sus casas, dependiendo de sus parientes, o se dedique a la confección de sillas y cestas".

En un país que se aferra al tren de la modernidad, variables como el analfabetismo, presente en el casi 13 por ciento de la población del país, alcanza cotas de un 70 u 80 por ciento, según Dimas Elizandro, entre los salvadoreños no videntes.

La reivindicación de un bachillerato para alumnos sordos es causa de promesas incumplidas. La primera de ellas, en 1998, y según varios padres, viene de la Ministra de Educación de entonces. En ese período funciona como escuela integrada el centro Tejada Llerene, en San Jacinto. "El sistema no es apto para el aprendizaje de los sordos, están en clara desventaja", argumentan los padres en referencia a la idea que Educación tiene de enseñar a estos alumnos.

"Hablar de frente"

Doña Lety, madre y profesora, conoce a fondo la problemática. Sabe que no se les puede integrar como si se tratara de un alumno más, tampoco cualquier profesor está preparado para darles clase. "Los niños requieren que se les hable de frente, que se les tenga mucha paciencia" añade Noberta Melara de Pascual, madre de familia.

Con esta administración sigue el envío de cartas, las conversaciones con los funcionarios. Y la zozobra de padres que ven como sus hijos, 20 graduados hasta ahora, ponen el punto y final al proceso educativo en noveno grado.

"Nosotros (los ciegos) siquiera podemos escuchar las clases, grabarlas, hacer el examen oral o el compañero nos lo puede dictar, pero las opciones para los estudiantes con problemas de audición son, todavía, más limitadas", afirma Dimas Elizandro.

Como los no videntes, su principal medio de aprendizaje, el sistema braille, está en el rincón del olvido. Los pocos textos que hay en las bibliotecas están desfasados; menos aún llenan la expectativa del elegido que alcanza la Educación Superior. La falta de profesores es notoria y, hoy, en el siglo XXI, el soporte de la tecnología tampoco está presente.

Más textos

La encargada de la Dirección de Educación Especial del Ministerio de Educación, Lic. Ada Montalvo, señala, en la actualidad, se gestiona la adquisición de más libros de texto en braille.

Respecto a la baja cobertura escolar de la población no vidente, Ada Montalvo lo relaciona con que ésta no busca el servicio a que tienen derecho. Reconoce, sin embargo, que existe una falta de difusión del mismo por parte de la institución a la que representa.

Según Educación, en la actualidad, estudian unos 60 no videntes en la Escuela Eugenia de Dueñas, la misma que hace más de 25 años acogió a un joven de nombre Dimas Elizandro. Al parecer, otros cuyo número Educación desconoce, forman parte de 250 escuelas del sistema regular.

En los planes de Educación, y luego de tres años de espera, está el bachillerato -con personal especializado- para los niños de la Escuela Zeledón a partir del 2002.

La lic. Montalvo destaca el esfuerzo con estos niños y la prueba está en los cuatro centros que existen -San Salvador, Sonsonate, Santa Ana y San Miguel-. "Estamos llevando el servicio educativo a 750 estudiantes sordos tanto en escuelas como en secciones (hay 28 secciones en 30 escuelas de Educación Especial). Hay otros 150 en el sector privado".

A todas luces, y sin la base real de un registro formal -como ocurre con los no videntes-, la cobertura escolar de la población sorda, menos de mil estudiantes, es insuficiente a todas luces para la población de este país.

Educación contempla hoy un nuevo paso: el bachillerato. Pero, ¿qué expectativa le queda a un joven sordo, con pocos recursos económicos, y si un buen día se le ocurre estudiar una carrera universitaria?


Licda. Ada Montano, directora de Educación Especial.
Educación busca una respuesta

La Licda. Ada Montano, directora de Educación Especial, del Ministerio de Educación (MINED), manifestó que, en los últimos años, esa cartera de Estado ha impulsado la estrategia de integrar a las personas sordas al sistema regular.


Tras el sueño del bachillerato

Aunque la población sorda considera que Educación los tiene en el olvido, se mantiene firme en busca de un bachillerato para los estudiantes


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