Personas
sordas y no videntes encuentran serias
dificultades para estudiar
Los excluidos del
sistema educativo
Bachillerato. El sistema educativo no
contempla estudios para los alumnos sordos que
terminan el noveno grado de
Básica.
- Susana
Joma/ Margarita Sánchez
- El Diario
de Hoy
Dimas
Elizandro Rodríguez tiene 41 años,
es no vidente, y licenciado en Psicología
y Magisterio. Su vida es un testimonio
excepcional, casi único, de las
vicisitudes por las que atraviesa una persona no
vidente en el sistema educativo. Sin ir
más lejos, Dimas es una de las 15
personas no videntes en el país -de una
población que supera las 50 mil- que ha
concluido estudios superiores.
En una escuela cerca de Texistepeque, Santa
Ana, municipio del que es originario, llega de
oyente a las primeras clases. Gracias al apoyo
del profesor Randolfo, un buen día se
presenta en la ciudad de San Salvador. Y se
matricula. Tiene 11 años cuando se asoma
por el Centro de Rehabilitación para
Ciegos Eugenia de Dueñas. Estudia hasta
el tope, el cuarto grado, en ese centro. No
puede escalar más y no tiene otro remedio
que volver a su pueblo. Con la
comprensión de los profesores, termina
Educación Básica en la escuela
municipal. El siguiente paso, el bachillerato,
lo devuelve a la ciudad. Dimas Elizandro abre la
puerta del INFRAMEN.
A menos de una cuadra del Instituto, separado
por una calle, se encuentra el Centro Escolar
Zeledón. Una escuela como cualquier otra,
si se exceptúa que los protagonistas son
sordos. Como el caso de Dimas Elizandro, lo
inusual se convierte en moneda común de
la educación para las personas
"especiales": se trata del único centro
en la capital para atender a niños con
este problema. Hace un par de semanas, la
celebración del fin de clase
llenó, más que de alegría,
de incertidumbre a los padres de familia que
asistieron al evento.
Sin bachilleres
La razón puede ser más clara,
pero no más precisa. El sistema educativo
nacional no contempla la posibilidad de que un
niño sordo alcance el bachillerato. Y si
es así, no ha puesto los medios para que
lo haga en las condiciones adecuadas.
La Escuela Griselda Zeledón se crea
hace tres años, como una opción
para todos aquellos niños que terminan el
tercer grado en el Centro de Audición y
Lenguaje. En un principio, la meta es hasta
séptimo grado. Dos nuevos pasos de la
comunidad educativa hace posible que los
niños estudien hasta noveno grado.
Apenas sin libros, pero con gran entusiasmo,
Dimas Elizandro termina el bachillerato en el
INFRAMEN, a los 24 años. La Universidad
Nacional es un nuevo peldaño que supera
con el discurrir del tiempo.
Pertenece a la Cooperativa de Ciegos Buen
Futuro, donde funciona el único centro
escolar para ciegos. Conoce bien su
problemática y la de los suyos. Por eso
no oculta la falta de apoyo institucional, lo
hace que, en su opinión, "la
mayoría de no videntes quede recluida en
sus casas, dependiendo de sus parientes, o se
dedique a la confección de sillas y
cestas".
En un país que se aferra al tren de la
modernidad, variables como el analfabetismo,
presente en el casi 13 por ciento de la
población del país, alcanza cotas
de un 70 u 80 por ciento, según Dimas
Elizandro, entre los salvadoreños no
videntes.
La reivindicación de un bachillerato
para alumnos sordos es causa de promesas
incumplidas. La primera de ellas, en 1998, y
según varios padres, viene de la Ministra
de Educación de entonces. En ese
período funciona como escuela integrada
el centro Tejada Llerene, en San Jacinto. "El
sistema no es apto para el aprendizaje de los
sordos, están en clara desventaja",
argumentan los padres en referencia a la idea
que Educación tiene de enseñar a
estos alumnos.
"Hablar de frente"
Doña Lety, madre y profesora, conoce a
fondo la problemática. Sabe que no se les
puede integrar como si se tratara de un alumno
más, tampoco cualquier profesor
está preparado para darles clase. "Los
niños requieren que se les hable de
frente, que se les tenga mucha paciencia"
añade Noberta Melara de Pascual, madre de
familia.
Con esta administración sigue el
envío de cartas, las conversaciones con
los funcionarios. Y la zozobra de padres que ven
como sus hijos, 20 graduados hasta ahora, ponen
el punto y final al proceso educativo en noveno
grado.
"Nosotros (los ciegos) siquiera podemos
escuchar las clases, grabarlas, hacer el examen
oral o el compañero nos lo puede dictar,
pero las opciones para los estudiantes con
problemas de audición son,
todavía, más limitadas", afirma
Dimas Elizandro.
Como los no videntes, su principal medio de
aprendizaje, el sistema braille, está en
el rincón del olvido. Los pocos textos
que hay en las bibliotecas están
desfasados; menos aún llenan la
expectativa del elegido que alcanza la
Educación Superior. La falta de
profesores es notoria y, hoy, en el siglo XXI,
el soporte de la tecnología tampoco
está presente.
Más textos
La encargada de la Dirección de
Educación Especial del Ministerio de
Educación, Lic. Ada Montalvo,
señala, en la actualidad, se gestiona la
adquisición de más libros de texto
en braille.
Respecto a la baja cobertura escolar de la
población no vidente, Ada Montalvo lo
relaciona con que ésta no busca el
servicio a que tienen derecho. Reconoce, sin
embargo, que existe una falta de difusión
del mismo por parte de la institución a
la que representa.
Según Educación, en la
actualidad, estudian unos 60 no videntes en la
Escuela Eugenia de Dueñas, la misma que
hace más de 25 años acogió
a un joven de nombre Dimas Elizandro. Al
parecer, otros cuyo número
Educación desconoce, forman parte de 250
escuelas del sistema regular.
En los planes de Educación, y luego de
tres años de espera, está el
bachillerato -con personal especializado- para
los niños de la Escuela Zeledón a
partir del 2002.
La lic. Montalvo destaca el esfuerzo con
estos niños y la prueba está en
los cuatro centros que existen -San Salvador,
Sonsonate, Santa Ana y San Miguel-. "Estamos
llevando el servicio educativo a 750 estudiantes
sordos tanto en escuelas como en secciones (hay
28 secciones en 30 escuelas de Educación
Especial). Hay otros 150 en el sector
privado".
A todas luces, y sin la base real de un
registro formal -como ocurre con los no
videntes-, la cobertura escolar de la
población sorda, menos de mil
estudiantes, es insuficiente a todas luces para
la población de este país.
Educación contempla hoy un nuevo paso:
el bachillerato. Pero, ¿qué
expectativa le queda a un joven sordo, con pocos
recursos económicos, y si un buen
día se le ocurre estudiar una carrera
universitaria?
Licda.
Ada Montano, directora de Educación
Especial.
Educación
busca una respuesta
La Licda. Ada
Montano, directora de Educación Especial,
del Ministerio de Educación (MINED),
manifestó que, en los últimos
años, esa cartera de Estado ha impulsado
la estrategia de integrar a las personas sordas
al sistema regular.
Tras
el sueño del
bachillerato
Aunque la
población sorda considera que
Educación los tiene en el olvido, se
mantiene firme en busca de un bachillerato para
los estudiantes