En la
conmemoración del Día de los
Difuntos
Tradición,
flores silvestres y responsos en
Panchimalco
El Día de Difuntos en Panchimalco
está lleno de solemnidad y tradiciones
Guadalupe
Hernández
El Diario de Hoy
Flores
silvestres de un amarillo intenso colocó
Isabela Ramírez en la tumba de su madre.
Ella es oriunda de Panchimalco, en donde el
"Día de Difuntos" es una fecha de
solemnidad y tradición.
Las oraciones por los que partieron "a mejor
vida" &emdash;según dicen en el
pueblo&emdash; se mezclan con una melodía
profundamente triste. Era la "Marcha
Fúnebre" tocada en memoria de José
Luis Rodríguez, un músico que
murió hace 23 años.
Don Narciso Rodríguez, integrante del
cuarteto que llega año con año al
cementerio para tocar los tradicionales
"responsos", tiene como prioridad ir a la tumba
de su amado hijo.
Las notas que salían del clarinete, la
tuba, el saxofón y el barítono
llenaron de melancolía el lugar. Los
responsos que valen diez colones se tocan al pie
de cada sepulcro. Los familiares de los difuntos
creen que la música del cuarteto rompe
las barreras del más allá.
Entre sermones y alabanzas los
panchimalqueños continúan
decorando las tumbas, que en su mayoría
quedaron vestidas con flores naturales que
cortaron de sus jardines; gallardetes de papel y
coronas de ciprés.
Leyendas
Refugiándose del candente sol en un
nicho, Carmen Martínez, una agradable
adulto mayor y quien ya no
recuerda
cuántos años tiene, dice que
durante su infancia se acostumbraba a llevarle
al difunto sus alimentos y bebidas
preferidas.
Don Andrés Pérez cuenta que en
años anteriores tiraban dulce de ayote
sobre el techo, para que los muertos llegaran a
comer. "Pero en realidad eran los vivos los que
se lo comían", dice sonriendo.
Estas costumbres se perdieron con los
años, al igual que sucedió con la
vestimenta de los pobladores. Sin embargo,
aún se conservan algunas de las
tradiciones de antaño, como la Fiesta de
Los Mayordomos, que se celebra la víspera
del Día de Difuntos.
La antiquísima iglesia también
fue testigo del fervor del pueblo, en donde los
feligreses oraron por sus muertos.
Un recuerdo en Jardines
Miles de personas que visitaron los
cementerios del país volvieron a sentir
el dolor causado por la partida de sus seres
queridos.
Jardines del Recuerdo fue uno de los
camposantos que fue abarrotado por los
dolientes. La multitud era tal que en todas las
arterias aledañas habían grandes
congestionamientos. En el Bulevar Sur, la fila
de automóviles alcanzaba más de
tres kilómetros.
Al costado norte, los autobuses
preferían llegar hasta el Parque
Zoológico, por lo que cientos de personas
tuvieron que caminar largas distancias.
Por suerte, la Policía Nacional Civil
(PNC) mantuvo un buen dispositivo de seguridad,
a fin de evitar incidentes y ordenar un poco el
tráfico.
En el parque privado también abundaron
los guías que orientaban a quienes
buscaban las tumbas de sus seres queridos.
Unión
"Oremos por el alma de los que descansan en
paz", decía el sacerdote que celebraba la
misa de las once de la mañana.
Las iglesias cristianas también
celebraron cultos. La música de la
orquesta y del coro llevaron un poco de paz a
los dolientes.
La oportunidad fue propicia para que muchos
se reunieran a meditar sobre la importancia de
la unión familiar.