El inicio de la
fiesta
Guatemala se convirtió en el primer
cónclave del deporte regional, al tomar
la sede de los I Juegos Deportivos
Centroamericanos, en noviembre de 1973.
Rodrigo
Baires Q.
Una débil llama comenzó a arder
a las 10:00 a.m. del sábado 24 de
noviembre de 1973 en el Estadio Nacional "Mateo
Flores", de la capital guatemalteca. Minutos
antes, el mismo Doroteo 'Mateo' Flores, el
emblemático maratonista "chapín",
se había robado los aplausos de los
aficionados reunidos en las gradas al dar una
vuelta al redondo del Estadio portando la
antorcha centroamericana.
Con ello, una de las más grandes
figuras del deporte latinoamericano había
encendido el espíritu deportivo del
Istmo, dando inicio a los I Juegos Deportivo
Centroamericanos.
Alejandro Maldonado, presidente del
Comité Organizador de los Juegos, dio la
bienvenida a los atletas, haciendo realidad un
sueño que se había gestado en
tierras guatemaltecas quince meses antes.
La organización de los Juegos era una
propuesta que seguía la misma
lógica que dio vida a los Juegos
Centroamericanos y del Caribe, en 1926, como
consecuencia de la desproporción
existente entre los países desarrollados
deportivamente y los de nuestra
región.
En ese mismo contexto, el 15 de julio de 1972
nació la Organización Deportiva
Centroamericana (ORDECA) con la
participación de cinco países del
Istmo -Costa Rica, Honduras, Panamá, El
Salvador y Guatemala- para "asegurar la
celebración periódica de los
Juegos Deportivos Centroamericanos" bajo los
preceptos de fomentar y desarrollar el deporte
aficionado.
Entonces, los dirigentes centroamericanos
tenían claro que 'las confrontaciones a
nivel regional dan la oportunidad a los
deportistas de enfrentarse entre sí bajo
condiciones de desarrollo más o menos
similares', además de 'hermanar
más a través del deporte', como lo
cita su acta de fundación.
Pero al momento de conformar el ente
centroamericano la situación de los
países del Istmo, económicas en
unos y político-sociales en otros, no era
la más adecuada para los Juegos.
A cuatro años de la "guerra de las
cien horas", y con las pláticas de paz
que se habían pactado para mediados de
noviembre de 1973, los resquemores entre
salvadoreños y hondureños eran
patentes.
A nivel político, en nuestras tierras
se sumaba el 'fraude electoral' de 1972 y el
anuncio de los partidos opositores de una
posible repetición en los comicios de
diputados y alcaldes para marzo de 1974.
En tierras "ticas", el gobierno había
desconocido al Comité Olímpico de
Costa Rica, mientras que en Nicaragua el
gobierno de Augusto Somoza todavía no
tomaba la decisión de enviar una
delegación, más aun cuando no
había ningún delegado "nica"
durante la primera reunión de ORDECA y
dentro de sus fronteras los vientos de la
revolución soplaban más
fuerte.
Todo apuntaba a que los Juegos podrían
contar sólo con la delegación
panameña y los locales.
La confirmación
Sin embargo, Costa Rica confirmó en la
primera semana de noviembre que
competiría en al menos diez deportes con
un número aproximado de 164 atletas.
Pocos días después, el general
Oswaldo López Arellano, presidente de
Honduras, anunció que su país
participaría en los Juegos y que
había "dado órdenes al Ministerio
de Educación Pública para que
envíe delegaciones de todos los
deportes".
Detrás de la confirmación
"catracha" estaba el ofrecimiento del
Comité Organizador de los Juegos de
brindar 'grandes facilidades a los atletas
hondureños' como la reducción de
los costos de hospedaje y
alimentación.
Por su parte, la delegación
panameña, de 180 deportistas,
tenía entre sus planes viajar a Guatemala
con una semana de anterioridad para 'aclimatarse
a la altura'.
El Salvador no se quedó atrás.
El mismo presidente de la República, el
coronel Arturo Armando Molina, había
manifestado unos meses antes que era su 'deseo
que El Salvador se haga presente en Guatemala
con todos los deportes posibles', al tiempo que
agregó que "mi Gobierno prestará
su absoluta cooperación para
lograrlo".
Durante la entrega del Pabellón
Nacional, Molina sentenció a los atletas
para que 'representaran a la Patria con dignidad
y orgullo'. "Nadie mejor que los deportistas
para ser artífices de la unidad de los
pueblos. Competir con sentimiento nacionalista y
sentido centroamericanista, que por este
último el deporte es un maravilloso
instrumento", adujo el primer mandatario.
En la madrugada del jueves 22 de noviembre,
235 personas -entre atletas, delegados,
periodistas y entrenadores- se reunieron frente
al Gimnasio Nacional para transbordar los buses
que los llevarían a tierras
guatemaltecas.
De esa manera, en la mañana del 24 de
noviembre, cuando el atleta guatemalteco Arturo
Fuentes se plantó en el palco del "Mateo
Flores", para la juramentación de los
deportistas, frente a él se encontraban
966 atletas, 795 hombres y 171 mujeres, de seis
países de la región.
¿El que pega primero?
"La consigna será competir con coraje
pero dentro del plano de caballerosidad que
exige el deporte. Eso sí, nada de
complejos, sea el rival de que se trate",
manifestó José Rivas Salazar, Jefe
de la delegación salvadoreña a su
arribo a tierras guatemaltecas.
Parecía que Rivas Salazar no se
equivocaba cuando El Salvador estrenó el
medallero el primer día de competencias
al hacer el 1-2 en el florete individual.
El cadete David Mungía Payes se
llevó el oro venciendo al guatemalteco
Eduardo Paíz, mientras que Herbert
Guardado Juárez conquistó la
plata. "Este triunfo es de mi patria, de mi
Escuela Militar y de mi familia", dijo
Mungía.
La delegación cuscatleca ya
había dado de qué hablar luego que
los pupilos de Mauricio "Pipo" Rodríguez
vencieron 1-0 a Costa Rica en el arranque del
fútbol centroamericano.
En horas de la noche, el equipo
salvadoreño de baloncesto femenino,
capitaneado por Martha de Cáder y con la
efectividad de Miriam Osegueda de su lado,
barrió al quinteto tico 78 -42. Incluso
en un encuentro de exhibición de polo, en
el Aurora Jockey Club, los nacionales
habían vencido a Guatemala 16-1.
Sin embargo, fue Nicaragua quien se
llevó el mayor mérito del primer
día de competencias al vencer a Guatemala
1-0, con una anotación de Bayardo
Barrera. " El triunfo de los "nicas" constituye
una sorpresa, pues se le considera el
"benjamín" de los cuadros que participan
en estos Juegos", reseñó el Diario
de Hoy días después del juego.
Dominio panameño y una
"tica"
Pero con el paso de los días la
delegación de Panamá se fue
apoderando de la mayor cantidad de medallas. La
espigada Diva Bishop se convirtió en la
reina del atletismo al obtener cuatro oros en
las pruebas de velocidad y relevos,
además de una quinta presea dorada en el
salto de altura.
Los "canaleros" sumaron 17 medallas de oros
cuando finalizaron las competencias de
atletismo. Otros 16 fueron obtenidos por los
halterofilistas panameños que, con gente
como Hugo Lindsey, Orestes Montengro, Herny
Phillips, se llevaron el título
centroamericano.
Al final de los nueve días de
competencias los panameños obtuvieron el
primer lugar en el medallero con 136 medallas de
diferente color. Guatemala, anfitrión del
evento, logró el segundo lugar con 36
medallas doradas, 49 platas y 45 bronces.
Los ticos, en gran parte gracias a la
destacada actuación de la nadadora
María del Milagro París, sumaron
29 preseas. París, una pequeña
jovencita de 14 años, había vuelto
locos a los aficionados reunidos en la piscina
de la Ciudad Olímpica desde el 26 de
noviembre de 1973. Cuatro días
después, la "Mark Spitz centroamericana",
como la bautizó la prensa deportiva
guatemalteca, había sumado 13 oros y una
plata al botín costarricense.
El Salvador cayó a la cuarta
posición con 87 metales de diferente
color teniendo una actuación positiva en
el levantamiento de pesas y atletismo,
además del oro de la selección
femenina de baloncesto, la única presea
dorada en deportes de conjunto.
En la noche del 2 de diciembre de 1973, las
luces del "Mateo Flores" se apagaron y el
pebetero lentamente se extinguió al
sonido de un clarinete marcial. En el
engramillado, los atletas de las naciones
participantes que, hasta unos minutos
atrás mantenían el orden militar
impuesto, se unieron en solo abrazo mientras 21
cañonazos anunciaban la clausura de los
Juegos.
"Y nadie pudo aguantarse más. Se
rompió todo el protocolo.... Todos los
deportistas corrieron a abrazarse y a dar la
vuelta olímpica por la pista del
escenario. Era la vuelta de triunfadores sin
nacionalidad. Allí ganaron todos. Se
restableció la iluminación y
sorprendió a guatemaltecos,
hondureños, nicaragüenses,
salvadoreños, costarricenses y
panameños en el más bello
desorden", describió el periodista
salvadoreño Santos Cuchilla.
"Nuestra próxima cita es en 1977 en El
Salvador", dijo Luis Canella Gutiérrez,
presidente de ORDECA, al cierre del acto de
clausura. Abajo, en la pista, el murmullo de los
atletas despidiéndose se confundió
con los aplausos en los graderíos. Las
palabras estaban de más.