Jueves 1 de noviembre 2001


El inicio de la fiesta

Guatemala se convirtió en el primer cónclave del deporte regional, al tomar la sede de los I Juegos Deportivos Centroamericanos, en noviembre de 1973.

Rodrigo Baires Q.

Una débil llama comenzó a arder a las 10:00 a.m. del sábado 24 de noviembre de 1973 en el Estadio Nacional "Mateo Flores", de la capital guatemalteca. Minutos antes, el mismo Doroteo 'Mateo' Flores, el emblemático maratonista "chapín", se había robado los aplausos de los aficionados reunidos en las gradas al dar una vuelta al redondo del Estadio portando la antorcha centroamericana.

Con ello, una de las más grandes figuras del deporte latinoamericano había encendido el espíritu deportivo del Istmo, dando inicio a los I Juegos Deportivo Centroamericanos.

Alejandro Maldonado, presidente del Comité Organizador de los Juegos, dio la bienvenida a los atletas, haciendo realidad un sueño que se había gestado en tierras guatemaltecas quince meses antes.

La organización de los Juegos era una propuesta que seguía la misma lógica que dio vida a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1926, como consecuencia de la desproporción existente entre los países desarrollados deportivamente y los de nuestra región.

En ese mismo contexto, el 15 de julio de 1972 nació la Organización Deportiva Centroamericana (ORDECA) con la participación de cinco países del Istmo -Costa Rica, Honduras, Panamá, El Salvador y Guatemala- para "asegurar la celebración periódica de los Juegos Deportivos Centroamericanos" bajo los preceptos de fomentar y desarrollar el deporte aficionado.

Entonces, los dirigentes centroamericanos tenían claro que 'las confrontaciones a nivel regional dan la oportunidad a los deportistas de enfrentarse entre sí bajo condiciones de desarrollo más o menos similares', además de 'hermanar más a través del deporte', como lo cita su acta de fundación.

Pero al momento de conformar el ente centroamericano la situación de los países del Istmo, económicas en unos y político-sociales en otros, no era la más adecuada para los Juegos.

A cuatro años de la "guerra de las cien horas", y con las pláticas de paz que se habían pactado para mediados de noviembre de 1973, los resquemores entre salvadoreños y hondureños eran patentes.

A nivel político, en nuestras tierras se sumaba el 'fraude electoral' de 1972 y el anuncio de los partidos opositores de una posible repetición en los comicios de diputados y alcaldes para marzo de 1974.

En tierras "ticas", el gobierno había desconocido al Comité Olímpico de Costa Rica, mientras que en Nicaragua el gobierno de Augusto Somoza todavía no tomaba la decisión de enviar una delegación, más aun cuando no había ningún delegado "nica" durante la primera reunión de ORDECA y dentro de sus fronteras los vientos de la revolución soplaban más fuerte.

Todo apuntaba a que los Juegos podrían contar sólo con la delegación panameña y los locales.

La confirmación

Sin embargo, Costa Rica confirmó en la primera semana de noviembre que competiría en al menos diez deportes con un número aproximado de 164 atletas.

Pocos días después, el general Oswaldo López Arellano, presidente de Honduras, anunció que su país participaría en los Juegos y que había "dado órdenes al Ministerio de Educación Pública para que envíe delegaciones de todos los deportes".

Detrás de la confirmación "catracha" estaba el ofrecimiento del Comité Organizador de los Juegos de brindar 'grandes facilidades a los atletas hondureños' como la reducción de los costos de hospedaje y alimentación.

Por su parte, la delegación panameña, de 180 deportistas, tenía entre sus planes viajar a Guatemala con una semana de anterioridad para 'aclimatarse a la altura'.

El Salvador no se quedó atrás. El mismo presidente de la República, el coronel Arturo Armando Molina, había manifestado unos meses antes que era su 'deseo que El Salvador se haga presente en Guatemala con todos los deportes posibles', al tiempo que agregó que "mi Gobierno prestará su absoluta cooperación para lograrlo".

Durante la entrega del Pabellón Nacional, Molina sentenció a los atletas para que 'representaran a la Patria con dignidad y orgullo'. "Nadie mejor que los deportistas para ser artífices de la unidad de los pueblos. Competir con sentimiento nacionalista y sentido centroamericanista, que por este último el deporte es un maravilloso instrumento", adujo el primer mandatario.

En la madrugada del jueves 22 de noviembre, 235 personas -entre atletas, delegados, periodistas y entrenadores- se reunieron frente al Gimnasio Nacional para transbordar los buses que los llevarían a tierras guatemaltecas.

De esa manera, en la mañana del 24 de noviembre, cuando el atleta guatemalteco Arturo Fuentes se plantó en el palco del "Mateo Flores", para la juramentación de los deportistas, frente a él se encontraban 966 atletas, 795 hombres y 171 mujeres, de seis países de la región.

¿El que pega primero?

"La consigna será competir con coraje pero dentro del plano de caballerosidad que exige el deporte. Eso sí, nada de complejos, sea el rival de que se trate", manifestó José Rivas Salazar, Jefe de la delegación salvadoreña a su arribo a tierras guatemaltecas.

Parecía que Rivas Salazar no se equivocaba cuando El Salvador estrenó el medallero el primer día de competencias al hacer el 1-2 en el florete individual.

El cadete David Mungía Payes se llevó el oro venciendo al guatemalteco Eduardo Paíz, mientras que Herbert Guardado Juárez conquistó la plata. "Este triunfo es de mi patria, de mi Escuela Militar y de mi familia", dijo Mungía.

La delegación cuscatleca ya había dado de qué hablar luego que los pupilos de Mauricio "Pipo" Rodríguez vencieron 1-0 a Costa Rica en el arranque del fútbol centroamericano.

En horas de la noche, el equipo salvadoreño de baloncesto femenino, capitaneado por Martha de Cáder y con la efectividad de Miriam Osegueda de su lado, barrió al quinteto tico 78 -42. Incluso en un encuentro de exhibición de polo, en el Aurora Jockey Club, los nacionales habían vencido a Guatemala 16-1.

Sin embargo, fue Nicaragua quien se llevó el mayor mérito del primer día de competencias al vencer a Guatemala 1-0, con una anotación de Bayardo Barrera. " El triunfo de los "nicas" constituye una sorpresa, pues se le considera el "benjamín" de los cuadros que participan en estos Juegos", reseñó el Diario de Hoy días después del juego.

Dominio panameño y una "tica"

Pero con el paso de los días la delegación de Panamá se fue apoderando de la mayor cantidad de medallas. La espigada Diva Bishop se convirtió en la reina del atletismo al obtener cuatro oros en las pruebas de velocidad y relevos, además de una quinta presea dorada en el salto de altura.

Los "canaleros" sumaron 17 medallas de oros cuando finalizaron las competencias de atletismo. Otros 16 fueron obtenidos por los halterofilistas panameños que, con gente como Hugo Lindsey, Orestes Montengro, Herny Phillips, se llevaron el título centroamericano.

Al final de los nueve días de competencias los panameños obtuvieron el primer lugar en el medallero con 136 medallas de diferente color. Guatemala, anfitrión del evento, logró el segundo lugar con 36 medallas doradas, 49 platas y 45 bronces.

Los ticos, en gran parte gracias a la destacada actuación de la nadadora María del Milagro París, sumaron 29 preseas. París, una pequeña jovencita de 14 años, había vuelto locos a los aficionados reunidos en la piscina de la Ciudad Olímpica desde el 26 de noviembre de 1973. Cuatro días después, la "Mark Spitz centroamericana", como la bautizó la prensa deportiva guatemalteca, había sumado 13 oros y una plata al botín costarricense.

El Salvador cayó a la cuarta posición con 87 metales de diferente color teniendo una actuación positiva en el levantamiento de pesas y atletismo, además del oro de la selección femenina de baloncesto, la única presea dorada en deportes de conjunto.

En la noche del 2 de diciembre de 1973, las luces del "Mateo Flores" se apagaron y el pebetero lentamente se extinguió al sonido de un clarinete marcial. En el engramillado, los atletas de las naciones participantes que, hasta unos minutos atrás mantenían el orden militar impuesto, se unieron en solo abrazo mientras 21 cañonazos anunciaban la clausura de los Juegos.

"Y nadie pudo aguantarse más. Se rompió todo el protocolo.... Todos los deportistas corrieron a abrazarse y a dar la vuelta olímpica por la pista del escenario. Era la vuelta de triunfadores sin nacionalidad. Allí ganaron todos. Se restableció la iluminación y sorprendió a guatemaltecos, hondureños, nicaragüenses, salvadoreños, costarricenses y panameños en el más bello desorden", describió el periodista salvadoreño Santos Cuchilla.

"Nuestra próxima cita es en 1977 en El Salvador", dijo Luis Canella Gutiérrez, presidente de ORDECA, al cierre del acto de clausura. Abajo, en la pista, el murmullo de los atletas despidiéndose se confundió con los aplausos en los graderíos. Las palabras estaban de más.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com