Entre garrotes,
piedras y gases
La mañana lucía tranquila en
la capital, pero a medida el tibio sol
salía, los policías y ex
patrulleros encontraron suficientes motivos para
enfrentarse
- María
T. Pérez
- El Diario
de Hoy
La
Alameda Juan Pablo II no parecía una
arteria vial. Mas bien ayer un tramo de la
vía se convirtió en un campo de
batalla.
Palos, piedras y gases lacrimógenos
inundaron la escena. Los autores fueron agentes
de la Policía y ex patrulleros
territoriales.
Desde las 2:00 de la tarde, cuando
ocurrió un conato de violencia, el
ambiente ya no era tan pacífico como
inició la marcha por la
mañana.
Los manifestantes sabían que, de un
momento a otro, serían sorprendidos por
agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden
(UMO).
Los periodistas hacíamos conjeturas.
"Si ya vino la UMO, aquí se va armar", le
comenté un colega de radio.
El, un poco incrédulo, contestó
que a lo mejor los policías no
atacarían, pero que, de todas maneras,
él se quedaría un rato más
para ver qué pasaba.
Lo que era sólo un rumor, al fin
sucedió. A las 4:06 p.m. un
pelotón de policías salió
del complejo de oficinas del gobierno.
El momento en que los policías
comenzaban a avanzar hacia los manifestantes,
con pasos amplios y tocando el escudo con el
bastón, siempre me ha causado
nerviosismo.
Para colmo, mi blusa se convirtió en
un "pañuelo improvisado" que tuve que
mojar para defenderme de los gases
lacrimógenos que hacen llorar hasta al
más valiente. Ayer, el momento del
enfrentamiento me tomó del lado de la
Policía. Otras veces, me ha tomado del
lado de los manifestantes.
No sé de qué lado es más
peligroso para un periodista... O tal vez
nosotros nos convertimos en un peligro para
nosotros mismos al momento de perseguir la
escena. Al final, la calle quedó inundada
de piedras, casquillos de balas de goma y bolsas
de agua vacías.