Domingo 21 de octubre 2001



El último viaje de una fiel compañera

No, no era tan vieja, sino más bien experimentada, viajada, diría alguien a quien le gusta presumir. La verdad es que era bien viajada.

Lito Montalvo

Podría decirse que había recorrido los cuatro puntos cardinales del planeta con gracia, elegancia, aunque no siempre en primera clase, pero sí con mucha dignidad. Había sobrevivido a dos generaciones y estaba empezando la tercera y si bien es cierto carecía de ruedas para ser arrastradas como son ahora las nuevas generaciones de su clase, sus agarraderos eran lo suficientemente fuertes como para llevar una carga normal dentro de sus entrañas. No tenía cremalleras (ziper), sino más bien hebillas con correas de cuero. No era grande ni pequeña, sino del tamaño normal y a pesar de los años, bastantes por cierto, mantenía sus formas, demostrando la excelente materia prima de antaño.

Siempre se había rehusado al contrabando, pues su función, como ella misma lo decía, era llevar las pertenencias personales de su ama, y no ser parte del comercio informal. Había durado porque en su abdomen jamás transportó queso de la Puebla ni machetes Imacasa ni pupusas congeladas, mucho menos Pollo Campero. No era cierto que había sobrevivido al Titanic, como decían algunos con humor negro, pero sí era de la primera mitad del siglo antepasado.

Sus dueños se habían dado cuenta que era irremplazable, y ni con los años había sido dada de baja. Cuando no viajaba, la guardaban en la parte superior del armario, dentro de una bolsa de plástico hecha a la medida. En las largas filas de nuevas generaciones lucía diferente pero con clase y era distinguida aun a la distancia. Pero al mismo tiempo era sencilla, llana, lisa, sin recovecos donde esconder cosas. Lo que dentro de ella se veía era lo que había y nunca había sido esculcada más allá de lo normal. Quizá sus dueños habían heredado lo ordenado por generaciones, y lo que iba dentro de ella era minuciosamente preparado, doblado y sobre todo dispuesto con cuidado e inteligencia. Sus viajes alrededor del mundo siempre fueron planificados con antelación y por lo tanto su contenido siempre fue cuidadosamente planificado y colocado sin apresuro, más bien diría yo con clase de la gente que sabe lo que hace. Jamás viajó improvisadamente. En los aeropuertos y terminales, los mismos maleteros la trataban respetuosamente, pues era lo que su presencia indicaba. Mi amiga trotamundos jamás se imaginó que las cosas cambiaran después del fatídico 11 de septiembre, y mucho menos que ella iba a pagar los platos rotos de tan lamentable día. La pusieron en fila india, una detrás de otra, pero se distinguía entre todas las demás, y quizá fue por eso que los agentes le pusieron el ojo desde que la vieron, separándola del grupo como sospechosa. Su dueña no pudo hacer nada, los guardias de la seguridad de Comalapa, la más segura del mundo le cayeron encima, uno de ellos le puso la rodilla en el plexo solar, mientras el otro trataba de destrabar la hebilla. Un sonoro "crac" hizo saltar dos remaches que cayeron al piso como lágrimas metálicas, sin que los policías se compadecieran y mientras el otro le aplicaba una llave doble nelson, la dueña sollozaba en silencio y la pobre viajera reventaba la costura interna de su base.

Quedó abierta de par en par, a la vista de propios y extraños. Las manos impuras de los gendarmes entraron en su vientre sin ninguna asepsia, mientras ella no daba muestras ni de asco ni de cosquillas. Se me ocurría que era una operación quirúrgica de corazón abierto practicada por enfermeros. Al fin dos trofeos: una pistola… eléctrica para secar el pelo, pero pistola al fin, que quedaría decomisada y un bote conteniendo polvos blancuzcos y por lo tanto sospechosos, con una viñeta "Johnson", el cual fue retirado por un agente que más bien parecía un apicultor en proceso de obtener miel de una colmena.

Después de terminar la operación, quedo ahí tirada, su dueña ruborizada trató sin éxito volver a colocar las prendas en el interior de su compañera de viaje, quien se negó a cerrar, quedando por fuera algunas prendas de vestir. Avergonzados, los de la línea aérea tuvieron que proporcionarle una pita chuca de plástico para ceñírsela alrededor, para que no se "decuachipase", como una especie de vendaje provisional, mientras terminaba lo que sería su última travesía. Un maletero le dio una patada despectiva para volver a ponerla en línea, mientras un túnel oscuro se la tragaba rumbo a la barriga del avión.

Llegó a los "Yunaites" como damnificada de "los terremotos gemelos", pero nadie le prestó atención, ya había cumplido su último cometido. Al llegar al fin a su hogar, todavía alumbró con dignidad su precioso contenido y como allá no hay hospitales para valijas, fue a terminar en un contenedor metálico, oscuro y frío que le sirvió como última morada.

INSERTO: Las manos impuras de los gendarmes entraron en su vientre sin ninguna asepsia, mientras ella no daba muestras ni de asco ni de cosquillas.


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