El último
viaje de una fiel compañera
No, no era tan vieja, sino más bien
experimentada, viajada, diría alguien a
quien le gusta presumir. La verdad es que era
bien viajada.
- Lito
Montalvo
Podría
decirse que había recorrido los cuatro
puntos cardinales del planeta con gracia,
elegancia, aunque no siempre en primera clase,
pero sí con mucha dignidad. Había
sobrevivido a dos generaciones y estaba
empezando la tercera y si bien es cierto
carecía de ruedas para ser arrastradas
como son ahora las nuevas generaciones de su
clase, sus agarraderos eran lo suficientemente
fuertes como para llevar una carga normal dentro
de sus entrañas. No tenía
cremalleras (ziper), sino más bien
hebillas con correas de cuero. No era grande ni
pequeña, sino del tamaño normal y
a pesar de los años, bastantes por
cierto, mantenía sus formas, demostrando
la excelente materia prima de antaño.
Siempre se había rehusado al
contrabando, pues su función, como ella
misma lo decía, era llevar las
pertenencias personales de su ama, y no ser
parte del comercio informal. Había durado
porque en su abdomen jamás
transportó queso de la Puebla ni machetes
Imacasa ni pupusas congeladas, mucho menos Pollo
Campero. No era cierto que había
sobrevivido al Titanic, como decían
algunos con humor negro, pero sí era de
la primera mitad del siglo antepasado.
Sus dueños se habían dado
cuenta que era irremplazable, y ni con los
años había sido dada de baja.
Cuando no viajaba, la guardaban en la parte
superior del armario, dentro de una bolsa de
plástico hecha a la medida. En las largas
filas de nuevas generaciones lucía
diferente pero con clase y era distinguida aun a
la distancia. Pero al mismo tiempo era sencilla,
llana, lisa, sin recovecos donde esconder cosas.
Lo que dentro de ella se veía era lo que
había y nunca había sido esculcada
más allá de lo normal.
Quizá sus dueños habían
heredado lo ordenado por generaciones, y lo que
iba dentro de ella era minuciosamente preparado,
doblado y sobre todo dispuesto con cuidado e
inteligencia. Sus viajes alrededor del mundo
siempre fueron planificados con
antelación y por lo tanto su contenido
siempre fue cuidadosamente planificado y
colocado sin apresuro, más bien
diría yo con clase de la gente que sabe
lo que hace. Jamás viajó
improvisadamente. En los aeropuertos y
terminales, los mismos maleteros la trataban
respetuosamente, pues era lo que su presencia
indicaba. Mi amiga trotamundos jamás se
imaginó que las cosas cambiaran
después del fatídico 11 de
septiembre, y mucho menos que ella iba a pagar
los platos rotos de tan lamentable día.
La pusieron en fila india, una detrás de
otra, pero se distinguía entre todas las
demás, y quizá fue por eso que los
agentes le pusieron el ojo desde que la vieron,
separándola del grupo como sospechosa. Su
dueña no pudo hacer nada, los guardias de
la seguridad de Comalapa, la más segura
del mundo le cayeron encima, uno de ellos le
puso la rodilla en el plexo solar, mientras el
otro trataba de destrabar la hebilla. Un sonoro
"crac" hizo saltar dos remaches que cayeron al
piso como lágrimas metálicas, sin
que los policías se compadecieran y
mientras el otro le aplicaba una llave doble
nelson, la dueña sollozaba en silencio y
la pobre viajera reventaba la costura interna de
su base.
Quedó abierta de par en par, a la
vista de propios y extraños. Las manos
impuras de los gendarmes entraron en su vientre
sin ninguna asepsia, mientras ella no daba
muestras ni de asco ni de cosquillas. Se me
ocurría que era una operación
quirúrgica de corazón abierto
practicada por enfermeros. Al fin dos trofeos:
una pistola
eléctrica para secar el
pelo, pero pistola al fin, que quedaría
decomisada y un bote conteniendo polvos
blancuzcos y por lo tanto sospechosos, con una
viñeta "Johnson", el cual fue retirado
por un agente que más bien parecía
un apicultor en proceso de obtener miel de una
colmena.
Después de terminar la
operación, quedo ahí tirada, su
dueña ruborizada trató sin
éxito volver a colocar las prendas en el
interior de su compañera de viaje, quien
se negó a cerrar, quedando por fuera
algunas prendas de vestir. Avergonzados, los de
la línea aérea tuvieron que
proporcionarle una pita chuca de plástico
para ceñírsela alrededor, para que
no se "decuachipase", como una especie de
vendaje provisional, mientras terminaba lo que
sería su última travesía.
Un maletero le dio una patada despectiva para
volver a ponerla en línea, mientras un
túnel oscuro se la tragaba rumbo a la
barriga del avión.
Llegó a los "Yunaites" como
damnificada de "los terremotos gemelos", pero
nadie le prestó atención, ya
había cumplido su último cometido.
Al llegar al fin a su hogar, todavía
alumbró con dignidad su precioso
contenido y como allá no hay hospitales
para valijas, fue a terminar en un contenedor
metálico, oscuro y frío que le
sirvió como última morada.
INSERTO: Las manos impuras de los gendarmes
entraron en su vientre sin ninguna asepsia,
mientras ella no daba muestras ni de asco ni de
cosquillas.