Afganos sufren
efectos de los bombardeos
Millones de afganos, que dependen de la
ayuda externa para sobrevivir, son ahora
víctimas indirectas de los ataques contra
un régimen que los aisló del mundo
- ISLAMABAD,
PAKISTAN
- SERVICIOS
CABLEGRAFICOS.-
Las
bombas explotan en la casa del vecino, hay
continuos apagones de electricidad y cortes de
agua, los teléfonos ya no funcionan y los
niños gritan de miedo por la noche.
Así es la vida para cualquier afgano
bajo el ataque estadounidense, peligrosa e
incómoda. Y quizás en nada ayude a
Estados Unidos a ganar apoyo y simpatía
para su campaña contra los dirigentes
talibanes que protegen al terrorista Osama Bin
Laden.
"El sentimiento de la gente ha pasado del
miedo al pánico. Se movilizan por todas
las ciudades en búsqueda de áreas
seguras", dijo Mario Musa, de la Cruz Roja, cuyo
almacén en Kabul fue bombardeado el
martes.
Aunque Estados Unidos reiteró que
sólo está bombardeando objetivos
militares, ha reconocido que civiles han sido
atacados por error y que esto podría
volver a suceder.
Víctimas fatales
El número total de muertos, sin
distinción entre civiles y militares,
pasó ya de las 300 personas y sigue
aumentando rápidamente, según los
talibanes.
Y la campaña se está
convirtiendo en una guerra de desgaste que
está dejando al país indefenso
ante la próxima llegada del crudo
invierno.
En Kabul muchas casas ya no tienen ventanas,
y los precios del petróleo se han
disparado un 400% en algunas zonas, según
la ONU.
La electricidad, ya escasa incluso antes de
los ataques, casi no existe y las comunicaciones
con el mundo exterior, ya mínimas en los
últimos años, han sido
prácticamente eliminadas.
Muchos afganos, al igual que el gobierno del
vecino Pakistán, confiaban en que la
campaña sería breve y que
después se produjera un traspaso de poder
sin violencia. Pero, los líderes
occidentales siguen hablando de una larga
campaña.
Mil
refugiados cada día
Unos mil afganos
cruzan cada día a Pakistán huyendo
de la guerra, la gran mayoría en
condiciones deplorables y de manera ilegal, con
la ayuda de traficantes que les cobran unos $20
por persona, suma astronómica en
Afganistán.