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Un
lÍder que impacte el continente
Bush halló en Flores lo que quería
No
cualquiera entra al exclusivo club de los socios políticos
del presidente de los Estados Unidos. A Francisco Flores le ayudó
todo para lograrlo, incluyendo el fortalecimiento democrático
nacional.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El liderazgo regional que enseña hoy El Salvador no
es producto de la casualidad: se origina en una serie de factores,
algunos de ellos no conocidos del todo, que potenciaron al presidente
Francisco Flores y al país a niveles sin antecedentes en
su historia.
¿Por qué Francisco Flores es, ahora, uno de los principales
interlocutores de la administración Bush en América
Latina? ¿Por qué le pide José María
Aznar, el gobernante español, que le tienda, en Panamá,
un cerco a Fidel Castro? ¿Por qué, aunque a regañadientes,
los restantes países centroamericanos comenzaron a aceptar
el liderazgo de Flores? ¿Por qué decidió, en
el fondo, el presidente George W. Bush, tocar suelo salvadoreño?
El proceso de legitimación y maduración de la democracia
salvadoreño, el desempeño y el perfil del presidente
Francisco Flores, la calidad de algunos enemigos de la administración
de Bush en América Latina y lo que él quiere en Centroamérica
son apenas cuatro de varios factores en los que se afinca el nuevo
liderazgo salvadoreño.
A su modo, y calladamente, ese liderazgo lo reconocen, para fundar
sus propias estrategias, varios dirigentes del FMLN. Afuera, países
como Costa Rica que tradicionalmente ocuparon el puesto que desempeña
Flores y El Salvador, comienzan a aceptar que la historia de la
región gira en otro sentido.
¿Democracia?
El camino hacia la democracia seguido por El Salvador en los últimos
diez años ha comenzado a darle réditos en los grandes
centros de poder del mundo. Es ahí donde, al fin y al cabo,
se colocan las principales orientaciones de la política exterior
que rige el mundo.
¿Por qué Costa Rica ocupó, durante los tiempos
de la guerra fría, durante épocas no menos duras para
la región, siempre cargadas de violencia y odio, el liderazgo
centroamericano? Porque cualquiera que fuera el camino que se quisiera
para Centroamérica, la solidez de su democracia le otorgaba
credenciales para que las administraciones de los Estados Unidos,
y aun los que estuvieran distantes de ese país, lo tuviesen
como el líder natural de la región.
Los papeles asumidos por los costarricenses en los tiempos duros
para Centroamérica siempre fueron vitales. Por ejemplo: derrocar
la dictadura de Somoza, llevar a Violeta Barrios de Chamorro a la
presidencia, asumir la vanguardia de las gestiones pacificadores
en el área.
Ahora, la democracia salvadoreña, aunque inconclusa y, quizá,
lejos del perfeccionamiento, le otorga suficiente colchón
al presidente Francisco Flores para que se resortee internacionalmente.
Flores ya no llega a ninguna nación cargando, en sus espaldas,
sospechas de representar un país inspirado por militares
o donde se irrespeten derechos humanos básicos.
Diez años después de que El Salvador firmara los
acuerdos que terminaron con una cruenta guerra, a Flores le dio,
la institucionalidad salvadoreña, un piso importante para
asumir un nuevo rol internacional. Sus destrezas, el encanto que
provocaría en Bush, la racionalidad con que mueve sus actos,
le ayudarían al gobernante a llegar al sitio que ocupa hoy.
Un amigo
Desde que asumió el poder en su país, el presidente
George W. Bush quiso diseñar una nueva política exterior
hacia América Latina, muy diferentes a las anteriores administraciones.
Pero los asesores de Bush necesitaban, primero, trazar un mapa de
posibilidades. Y pronto aparecieron dolores de cabeza diferentes
al histórico reto que siempre ha planteado Fidel Castro.
Hugo Chávez, en Venezuela; la guerrilla colombiana de inspiración
radical; los problemas de Argentina y la corrupción y los
desgobiernos se proyectaron, muy rápido, como figuras no
deseadas en las relaciones de la nueva administración Bush,
la cual quería plantar, su nueva política, sobre la
base de la democracia, el respeto a los derechos humanos, las libertades
y el progreso económico.
La verdad es que, frente al reto de las nuevas relaciones que Bush
quería procrear, el gobernante estadounidense se encontraba
con pocos hombres que tuviesen un perfil adecuado para hablar con
el lenguaje de su nueva política exterior.
Fue en ese momento que emergió la figura del presidente
Francisco Flores como uno de los hombres que se ajustaban, precisamente,
a lo que quería: joven, inteligente y un líder
con el que puedo tener posiciones comunes, como lo ha dicho
Bush.
Poco tiempo después de suceder los terremotos que sacudieron
El Salvador, durante el año pasado, Bush se encontró,
por primera vez, con el presidente Francisco Flores.
El encuentro fue particular. Flores llegó por ayuda y, cuando
el salvadoreño apenas se disponía a hablar, Bush ya
le tenía respuestas: más de ¢100 millones en
ayuda y beneficios temporales para los emigrantes.
Flores intentó hablarle de libre comercio. Bush le respondió
que era temprano para hablar de eso.
Muy pocos meses después, Bush volvía con otras respuestas:
sobre lo que le pidió a Bush como solicitud adicional (el
libre comercio), formalizará una propuesta el domingo.
Pero lo que ese día se habló que no fuese de El Salvador
fue lo que llevó a Bush a meter a Flores en el círculo
de amigos más cercanos del continente.
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del Especial de Bush
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