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Hemisferio
Occidental sigue siendo prioritario para E.U., dice Reich
El secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental,
Otto Reich, dice que el viaje del presidente Bush a América
Latina, entre el 22 y 24 de marzo, demuestra el compromiso de su
administración con la región.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
En un discurso del 12 de marzo sobre la política de Estados
Unidos hacia las Américas, Reich, que el día anterior
juró formalmente su cargo, dijo que el viaje a México,
Perú y El Salvador le concede a Bush "una gran oportunidad"
de destacar el
"enfoque multifacético de la administración para
ocuparse de los desafíos y oportunidades de la región".
Reich dijo que en Monterrey, México, el presidente Bush
participará en una conferencia de las Naciones Unidas sobre
el desarrollo, donde "insistirá en el imperativo de
las estrategias creativas y orientadas por el mercado para promover
y sostener el desarrollo y la prosperidad económicos".
En Perú y El Salvador, explicó Reich, el presidente
se concentrará en el comercio y el desarrollo, la democracia
y la seguridad. En Lima, la capital peruana, Bush tendrá
la oportunidad de destacar el "ejemplo de éxito que
da el logro democrático del Perú y reiterar el compromiso
de Estados Unidos con la libertad política y económica
en la región".
En su discurso en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos,
Reich agregó que aunque los asuntos bilaterales son el tema
principal del viaje a Perú, Bush también tendrá
la invalorable oportunidad de reunirse con los presidentes de Perú,
Bolivia, Colombia y Ecuador.
"Por supuesto que el comercio estará en la mente de
todos" en Lima, dijo Reich. "Pero también estarán
la seguridad, el antiterrorismo, la lucha antinarcótica y
los crecientes desafíos que enfrentan Colombia y sus vecinos".
En San Salvador, añadió Reich, Bush pondrá
de relieve el éxito de El Salvador al aplicar plenamente
los acuerdos de paz firmados hace diez años. En esa ciudad
Bush se reunirá con los líderes de El Salvador, Costa
Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua para analizar la propuesta
del Acuerdo de Libre Comercio entre Estados Unidos y América
Central.
Reich dijo que el viaje de Bush a la región "permite
la oportunidad precisa que necesitamos ahora" para que el presidente
y el secretario de Estado "presenten la amplia perspectiva
que contiene nuestra política y filosofía hacia América
Latina".
La política de Estados Unidos hacia la región, dijo
Reich, se basa en "los pilares de la democracia, el desarrollo,
la integridad gubernamental y la seguridad", y agregó
que "la libertad subraya y fomenta esos pilares, todos los
cuales están entrelazados y se refuerzan mutuamente".
A continuación una traducción extraoficial de las
palabras de Reich:
Palabras
de Otto J. Reich
Secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental
Departamento de Estado de Estados Unidos
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales
Hotel Willard Inter-Continental
12 de marzo de 2002
Es agradable estar de regreso en el CSIS. Como lo dijo John Hamre,
iré un poco hacia atrás en el tiempo en el CSIS, en
realidad, hasta 1971. Yo recibía mi maestría en la
Universidad de Georgetown, y el desaparecido Jim Thberge era director
del programa latinoamericano en el CSIS, que en ese momento estaba
todavía asociado a Georgetown. Había un concurso o
una solicitud de propuestas, o como quieran ustedes llamarlo, de
dos tesis doctorales en filosofía (Ph.D.) y una tesis de
maestría. Y, puesto que no era un erudito, francamente no
sé que tuviera muchas oportunidades. Pero alguien dijo: "Mira,
tú podrías solicitar también. Somete una propuesta
de tesis de maestría y si te seleccionan consigues una beca".
Bueno, me seleccionaron. Y, francamente, creo que eso cambió
considerablemente mi carrera porque pasé estudiando un poquito
más de tiempo. Y en el proceso tuve que renunciar un poquito
al tennis. Pero, como resultado de esa y otras muchas otras vueltas
en el camino, ocupo ahora este cargo y le hablo a un grupo de gente
que sabe de este tema más que yo. Le agradezco al CSIS ese
momento importante de mi
carrera y esta invitación de hoy.
Quiero también agradecerles a varias personas que ya han
sido señaladas, como George Fauriol, que ocupó el
cargo de director del Programa de Estudios Latinoamericanos en el
CSIS durante mucho tiempo y que realizó una labor tan buena.
Creo que la clase de público que hay aquí hoy es un
indicio de la labor de George. Quiero agradecerle a Mike Zarin,
que me ayudó con estas palabras. Si a ustedes les gusta lo
que voy a decir, pueden agradecerle a Mike. Si no les gusta, es
su culpa. Me ayudó a coordinar mis pensamientos, francamente,
de una manera mucho más coherente y cohesiva que lo que yo
podría haber hecho. Quiero reservar un poco de tiempo para
las preguntas y respuestas porque, con una audiencia como esta,
creo francamente que no usaría bien mi tiempo -- o no usaría
bien el tiempo de ustedes -- si simplemente les hablara a ustedes.
Quiero tratar de participar en una conversación; en la medida
que tengamos tiempo.
Dejénme decirles brevemente a ustedes qué siente
la administración Bush por esta región. Desde los
primeros días de esta administración, el presidente
Bush y el secretario Powell les han dado alta prioridad a América
Latina y el Caribe y Canadá, a todo el Hemisferio Occidental.
El presidente, por haber sido gobernador de un estado fronterizo,
por tener una cuñada de origen mexicano, cree, por cierto,
que nuestro futuro está inextricablemente vinculado al de
nuestros vecinos hemisféricos. Su hermano Jeb es gobernador
de otro estado fronterizo, con una frontera marítima, y ha
vivido dos años en Venezuela y habla español con fluidez.
El primer viaje del presidente Bush al exterior lo hizo a México.
En los primeros ocho meses de su administración, el presidente
se reunió con alrededor de media docena de sus homólogos
del hemisferio. Su segundo viaje lo hizo a Canadá. Encabezó
enérgicamente la participación de Estados Unidos en
la Cumbre de las Américas de abril de 2001 en la Ciudad de
Quebec, donde afirmó su convicción de que éste
será el Siglo de las Américas. El presidente Bush
fue anfitrión del presidente Fox en la Casa blanca en la
primera y única cena oficial ofrecida hasta ahora, porque
ocurrió cinco días antes del 11 de septiembre.
Es este un presidente que se siente en su casa en este hemisferio;
que se siente cómodo con sus líderes; que conoce a
su pueblo, sus retos y sus oportunidades.
Y el secretario (de Estado) Powell comparte esa prioridad. El presidente
y el secretario me han dado el mandato y la responsbilidad de ir
en pos, con audacia y creatividad, de las más altas prioridades
de esta administración en la región. Es para mí
un honor ser parte de esta gran empresa, servir a este presidente
y secretario en la noble búsqueda de la libertad en nuestro
propio hemisferio.
Como él mismo me lo ha dicho a menudo, el secretario Powell
creó una relación perdurable con muchos de sus colegas
los ministros de relaciones exteriores, primero en Quebec y luego,
otra vez, del modo más dramático, en ese momento extremadamente
difícil e incierto que siguió luego que los terroristas
atacaron a nuestro gran país el 11 de septiembre.
El secretario estaba ese día en Lima, para firmar la Carta
Democrática Interamericana de la OEA. Habla a menudo del
increíble desbordamiento de dolor y simpatía; de las
promesas de apoyo y solidaridad; de las medidas concretas que han
resultado de esos compromisos, tanto bilateral como colectivamente,
a través del Tratado de Río o de varias comisiones
especiales de la OEA.
Sin embargo, luego del 11 de septiembre empezamos a oír
en varios rincones, tanto aquí en nuestro país como
en la región, algunos rumores de descontento en cuanto a
que el compromiso de la administración con el hemisferio
era apenas un poco más que retórico. Estaban aquellos
que expresaban gran incertidumbre acerca de cuándo la administración
volvería su atención a la región -- e incluso
si volvería su atención -- y, de ser así, cómo
lo haría.
Permítanme asegurarles que la crítica acerca de la
declinación del interés era totalmente errada. En
los meses que siguieron a ese trágico día de septiembre,
esta administración, desde los niveles más altos,
concentró muy acertadamente su atención y energías
en la tarea más inmediata: la seguridad de nuestro pueblo
y nuestro territorio nacional. Era tan inevitable como apropiado
que el seguir la guerra contra el terrorismo tendría que
pasar al primer plano.
Por sobre todo eso, desde luego, estaba la calamidad de que el
presidente y el secretario no contaran con el secretario adjunto
para Asuntos del Hemisferio Occidental que habían nombrado.
Eso agregó otro reto a la búsqueda audaz y creativa
de las metas del presidente y el secretario para la región.
Pero, a principios de este nuevo año, mientras la primera
fase de la guerra al terrorismo estaba bien en marcha y este servidor
asumió finalmente su cargo, la administración empezó
a buscar maneras de revigorizar nuestra agenda latinoamericana;
a buscar maneras de recuperar el impulso que quedó disminuido
como resultado del 11 de septiembre.
Y, ¿por qué? Precisamente porque esta administración
cree que nuestro futuro y el de nuestros vecinos están unidos
y que sólo mediante una participación sostenida y
colaboradora podemos fortalecer juntos la libertad, crear y difundir
la prosperidad y asegurar que cada ciudadano de las Américas
tenga una oportunidad de vivir en paz y seguridad.
Es difícil exagerar todo lo que tenemos en juego aquí.
La estabilidad democrática, política y económica
de nuestra región reduce la escala de la migración
ilegal, el tráfico de drogas, el terrorismo y las perturbaciones
económicas, y nos permite concentrar esfuerzos y recursos
más grandes para explotar las oportunidades positivas, tanto
cerca como lejos de nosotros.
También promueve el comercio y la inversión expandidos.
Ya le vendemos más a América Latina y el Caribe que
a la Unión Europea. Nuestro comercio dentro del NAFTA es
mayor que el que mantenemos con la UE y Japón juntos. Le
vendemos más al MERCOSUR que a China. América Latina
y el Caribe son nuestro mercado de exportaciones de más rápido
crecimiento.
Pero la nuestra es también una región perturbada,
que experimenta una serie de retos. Es una región que sufre
económicamente, al sentir los efectos de la desaceleración
económica estadounidense y mundial; una baja aguda en los
precios del café y otros productos básicos; desastres
naturales y la declinación del turismo y las remesas posterior
al 11 de septiembre.
Es una región en la que muchos ciudadanos y algunos lideres
comienzan a poner en duda la sabiduría de las reformas políticas
y económicas en las que se han embarcado durante los últimos
10 a 15 años.
A un nivel más fundamental, empero, es una región
que experimenta las consecuencias del mal ejercicio del gobierno
y las reformas incompletas.
En números cada vez más grandes, los latinoamericanos
expresan descontento no tanto con la democracia o el modelo económico
que siguen sus países, sino más bien con la calidad
de su democracia y con lo que perciben como la incapacidad de los
mercados libres de crear crecimiento económico y niveles
de vida más altos.
Aunque la región, en términos amplios, experimenta
desafíos múltiples, hay también puntos brillantes.
Tras una década de reformas, el hemisferio se ha vuelto cada
vez más integrado en la economía mundial. La necesidad
de comerciar y atraer inversión y capital extranjeros ayuda
a disuadir a aquellos que se sienten tentados de seguir políticas
antiliberales.
Esos países -- Chile y El Salvador, para no nombrar sino
dos --, que han permanecido en el curso de las reformas, manteniendo
la disciplina fiscal, liberalizando los regímenes comerciales,
privatizando industrias estatales ineficientes, eliminando regulaciones
sobre los mercados internos e invirtiendo en su propio pueblo, están
capeando la recesión económica mejor que la mayoría.
Por su parte, Uruguay y Costa Rica son islas de relativa estabilidad
política, social y económica.
Aunque persistirán muchos retos a la economía de
mercado y la democracia representativa, y podrían volverse
más difíciles a medida que la economía mundial
siga sin poder encender correctamente sus motores, no hay a la vista
modelos alternativos dignos de confianza. Nuestro reto es trabajar
con los líderes latinoamericanos y sus ciudadanos para mejorar
la calidad de su democracia y la capacidad de los mercados libres
de cumplir con la promesa de las reformas.
El viaje del presidente este mes a México, Perú y
El Salvador es una manifestación concreta del compromiso
de la administración con la región. Será para
el presidente una gran oportunidad de destacar el enfoque multifacético
de la administración para ocuparse de los desafíos
y oportunidades de la región. En unos momentos hablaré
algo más de eso, pero, primero, permítanme decirles
algo acerca del viaje del presidente.
En Monterrey, México, el presidente participará en
una conferencia de las Naciones Unidas sobre "Financiamiento
del Desarrollo", de la que es anfitrión el gobierno
de México. Allí, el presidente insistirá en
el imperativo de las estrategias creativas y orientadas por el mercado
para promover y sostener el desarrollo y la prosperidad económicos.
En Perú y El Salvador el presidente tendrá muy presentes
el comercio y el desarrollo, la democracia y la seguridad. En Lima,
el presidente tendrá una oportunidad de destacar el ejemplo
de éxito que da el logro democrático del Perú
y reiterar el compromiso de Estados Unidos con la libertad política
y económica en la región.
Aunque las cuestiones bilaterales son el tema principal, el presidente
tendrá también una oportunidad invalorable de reunirse
colectivamente con los presidentes de Perú, Bolivia, Colombia
y Ecuador, los países de la Ley de Preferencias Comerciales
Andinas. Por supuesto que el comercio estará en la mente
de todos. Pero también lo estarán la seguridad, el
antiterrorismo, la lucha antinarcótica y los crecientes desafíos
que enfrentan Colombia y sus vecinos.
En San Salvador el presidente llamará la atención
al éxito de El Salvador en la puesta en práctica de
los acuerdos de paz firmados hace 10 años; en la creación
de un sistema político orientado por el mercado en el que
la competencia no sólo es tolerada sino estimulada, y en
la prosecución decidida de las economías y reformas
de mercado libre que le han permitido a ese país capear simultáneamente
las múltiples tormentas de los desastres naturales, los precios
deprimidos de los productos básicos y una economía
mundial en descenso.
Al igual que en Lima, predominarán las cuestiones bilaterales,
pero el comercio regional se presentará también de
modo prominente. El presidente Bush se reunirá conjuntamente
con sus homólogos de El Salvador, Costa Rica, Guatemala,
Honduras y Nicaragua -- y Panamá, debería agregar
-- para discutir su compromiso común de ir en busca de un
Acuerdo de Libre Comercio Estados Unidos-América Central.
Esta visita a la región permite la oportunidad precisa que
necesitamos ahora para que el presidente y el secretario destaquen
la visión amplia de que está imbuída nuestra
política y filosofía en relación con América
Latina.
Nuestra política se basa en los cuatro pilares de la democracia,
el desarrollo, la integridad gubernamental y la seguridad. La libertad
subraya y fomenta esos pilares, todos los cuales están entrelazados
y se refuerzan mutuamente
La libertad -- en política, economía y comercio --
es la hebra que cruza todo el tejido de nuestra política
hemisférica. La democracia representativa y los mercados
libres son los caminos a seguir. Gobernar bien, poner fin a la corrupción
y aplicar de lleno las reformas necesarias son los puestos de control
a lo largo del camino. La educación es la piedra fundamental
de un basamento sólido, a largo plazo. La seguridad es el
techo bajo el cual cualquier otra cosa se hace posible.
Llegamos a la libertad a través de la democracia; a la prosperidad
a través del comercio; y a la seguridad a través de
un esfuerzo concertado, en múltiples capas, para combatir
los flagelos del terrorismo, el tráfico de narcóticos,
la criminalidad y la ilegalidad y otras amenazas transnacionales.
La administración gubernamental responsable es esencial
para alcanzar cada una de estas metas. Estados Unidos necesita destacar
y promover políticas que son cruciales para el éxito
de la reforma, tales como la inversión en educación
primaria, el cuidado de la salud, los servicios sanitarios básicos
y la infraestructura productiva; reducir la corrupción; fortalecer
el imperio del derecho; y desarrollar regímenes modernos
de impuestos, pensiones y regulatorios, al igual que leyes laborales
y sobre derechos de propiedad. Tal reforma es esencial para que
el pueblo no se vuelva contra sus gobiernos y oiga el canto de sirena
del populismo durante los inevitables periodos de recesión
económica.
Me gustaría volver ahora mi atención a varios de
los retos actuales y destacados que enfrenta el hemisferio. No puedo
ocuparme de todos, pero permítanme mencionar sólo
cuatro: Colombia, Argentina, Haití y Cuba.
En Colombia, el gobierno elegido democráticamente encara
una amenaza a su supervivencia. Tres organizaciones terroristas
bien armadas, financiadas independientemente, extremadamente violentas
van desportillando los cimientos del estado. Tenemos una obligación
solemne de ayudar a nuestros hermanos y hermanas de Colombia en
sus esfuerzos para proteger y defender su democracia y crear las
condiciones en las cuales puedan atender efectivamente la miríada
de retos que encara ese país.
La seguridad es una precondición que hace posible cada objetivo
subsidiario que compartimos: terminar con la producción y
tráfico armado de narcóticos ilícitos; fortalecimiento
del imperio del derecho, respeto a los derechos humanos, y la capacidad
del gobierno de ejercer su autoridad legítima; reducir la
corrupción, la degradación ambiental, la ilegalidad
y la criminalidad; y desarrollar aún más la economía.
Hasta ahora, nuestra política se ha concentrado primordialmente
en una misión antinarcótica. Esa misión sigue
siendo hoy tan importante como siempre. Pero examinamos con atención
esa política mientras le echamos una mirada a otras formas
de apoyo que podemos proveerle al gobierno de Colombia de una manera
útil.
Argentina: un íntimo amigo y aliado, experimenta una crisis
económica y financiera. El tumulto social es penoso y difícil.
Y el riesgo de contagio político y económico, si bien
ha disminuido en los meses recientes, no está totalmente
controlado. Estados Unidos está preparado a ayudar a Argentina,
a través de las instituicones financieras internacionales,
en la facilitación de la aplicación de un plan de
recuperación económica sólida.
Pero, permítanme recalcarlo, como lo hizo la semana pasada
en Buenos Aires el subsecretario de Estado Marc Grossman, nuestras
relaciones con Argentina siguen basadas en valores y compromisos
comunes con la libertad y la democrcia. Como lo hemos hecho hasta
ahora durante varios años, continuaremos colaborando con
nuestros amigos argentinos en una amplia gama de cuestiones de interés
mutuo que incluyen la situación en Colombia, el terrorismo
y otras preocupaciones de seguridad, las operaciones de mantenimiento
de la paz, el libre comercio, la democracia y una legión
de otros temas.
Haití: en muchos sentidos, éste es el reto más
irritante del hemisferio. Es un país que sufre los efectos
acumulativos de 200 años de mal liderazgo, al frente de un
estado predador. El régimen actualmente en el poder es sólo
la manifestación más reciente de esa historia de 200
años. Romper ese ciclo es el mayor reto de Haití.
Nuestra política en el corto y mediano plazo se concentra
en apoyar los esfuerzos de la Organización de los Estados
Americanos para ayudar al gobierno y la oposición a llegar
a un acuerdo para romper el más reciente atolladero político,
que lleva ahora casi dos años. Buscamos constantemente maneras
de alentar a ambos lados a negociar con seriedad y de buena fe.
Llegar a un acuerdo es, sin embargo, sólo parte de la respuesta.
Asegurar el cumplimiento de cualquier acuerdo al que se llegue será
esencial. Será un determinante principal del éxito.
Mitigar la miseria humanitaria es otra prioridad inmediata. Seguiremos
proveyendo cantidades generosas de ayuda humanitaria a través
de organizaciones no gubernamentales. A largo plazo, esperamos ayudar
al pueblo haitiano a crear un ambiente político democráticamente
competitivo, en el que los derechos humanos y civiles se respeten
y en el que sea posible el crecimiento económico.
Cuba: ustedes sabían que yo no podía pronunciar un
discurso sobre América Latina sin hablar de Cuba. De tantas
maneras, Cuba es un caso especial. Es el único gobierno no
democrático del hemisferio. Lo gobierna un régimen
que convierte la libertad en una farsa; que le impone la tiranía
a su pueblo; que pone en prisión a sus propios ciudadanos
por el "delito" de pensar independientemente.
Cuba no está exenta de nuestro compromiso fundamental con
la libertad. El pueblo de Cuba no es diferente de ningún
otro de América Latina y, en realidad, del mundo entero.
Simplemente, quiere ser libre.
El presidente Bush y el secretario Powell tienen una visión
positiva del futuro de Cuba. Incluye uno en el que el pueblo de
Cuba comparte las oportunidades que ofrece la libertad; uno en el
que el pueblo de Cuba puede elegir libremente a sus líderes,
puede expresar libremente lo que piensa; puede practicar libremente
su religión y recibir una educación que no haya sido
deformada por una ideología fracasada; uno en el que el pueblo
de Cuba -- como el pueblo libre de todas partes -- puede ir en pos
de sus esperanzas y sueños de una vida mejor. Es una visión
de una Cuba libre que respeta los derechos civiles y humanos de
su pueblo, y es un buen vecino de los otros países de nuestro
hemisferio.
Hemos contraído un compromiso moral, político y legal
-- y lo cumpliremos -- de promover en Cuba una transición
rápida y pacífica a la democracia. Usaremos vigorosamente
las herramientas a nuestra disposición, inclusive la ayuda
al creciente movimiento dentro de Cuba en pro de la libertad, para
echar las bases de su futura libertad.
Hay una cantidad de otros retos que Estados Unidos enfrenta en
América Latina. Quiero concluir diciendo que estoy extremadamente
agradecido por la oportunidad que me han dado el presidente y el
secretario de desempeñar este cargo. El presidente envió
mi nombramiento al Senado por tercera vez hace dos semanas. Y el
secretario de Estado dijo ayer: "Aguardamos la acción
del Senado". Creemos que nuestra constitución le da
a cada senador el poder de decir lo que piensa sobre un nombramiento,
y se les debe conceder ese derecho.
Entre tanto, he prestado juramento -- ahora ya va un par de veces
-- y me propongo seguir haciendo este trabajo mientras el presidente
y el secretario quieran que haga este trabajo. Tenemos grandes retos
en el hemisferio, pero tengo que decirles que sé que cuento
con un equipo -- un equipo de política exterior -- el secretario
de Estado, la asesora de Seguridad Nacional, el vicepresidente Cheney,
el presidente Bush, el Departamento de Defensa, otras agencias del
gobierno, encabezadas por gente que tiene una experiencia increíble.
Son tranquilos. Son fuertes. Y, como lo dije ayer en el Departamento
de Estado, si ustedes se sentaran a participar en una reunión,
como yo lo hecho, con el presidente o el secretario de Estado y
con jefes de estado extranjeros o ministros de relaciones exteriores,
y los vieran trabajar, dormirían bien por las noches. Yo
no duermo bien por las noches porque el Departamento de Estado me
interrumpe debido a una u otra crisis, pero espero que ustedes lo
hagan.
Muchas gracias.
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del Especial de Bush
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