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“Boxear te saca el odio”

Antonio “Tyson” Nuñez, boxeador que representará a El Salvador en los Juegos, logró salir de las pandillas y de las drogas gracias a Dios y al deporte. Ahora dice que es una persona completamente distinta

MAURICIO VALLEJO M./EDH
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Antonio de Jesús Galdámez Nuñez boxeador seleccionado nacional en la categoria 54 Kg participa en los juegos centroamericanos y del caribe 2002 que se inaugurarán el 23 de noviembre en san salvador
Foto Ricardo Benitez

Cuando Antonio “Tyson” Núñez perdió a su padre en el año 1982 apenas acababa de cumplir los seis años y no imaginó que el boxeo correría por sus venas.

Mario, su padre tenía licencia de salida, era militar, y había llegado a traer a Tyson y a su hermano Miguel para salir a pasear.

Cuando los llevaba de regreso a su casa lo detuvieron un grupo de hombres. Eran de la guerrilla, cuenta Núñez: “él iba con nosotros cuando de repente salieron un montón de guerrilleros y nos pararon”.

Unas señoras que pasaban por ahí, percatándose del problema, tomaron a los dos hermanos de la mano y los llevaron a la puerta de su casa. “Le dijeron ‘Bajá los niños, no te preocupes porque no los vamos a matar a ellos. Ya no hicimos nada, ni se despidió de nosotros”.

Cuando Núñez entró a su casa y vio a su madre le contó del problema. Ella se puso mal y quiso salir de la casa a buscarlo, pero ambos hermanos la detuvieron: “Ella quería salir, pero nosotros no la dejamos porque la iban a matar también”.

Ninguno de los niños dimencionaron, en ese momento, lo que le pasaría a su padre: “Como a la hora se oyeron seis disparos. Mi papá había muerto, al siguiente día fuimos a ver. Le habían destrozado la cabeza”.

A pesar del dolor que siente Núñez al recordar la muerte de su padre, está seguro que la razón no fue que él perteneciera a las Fuerzas Armadas, porque además de andar con licencia, no llevaba armas ni uniforme militar, ni ninguna señal que lo delatara como tal. Antonio cuenta que: “tenía otra mujer.

Y ella tenía una hija guerrillera. Cuando se peleó con ella, le dijo a mi mamá: ‘Dígale a su esposo que coma bien cuatro días porque después se va a morir’. Y así pasó”. Nuñez no asistió al funeral de su padre: “sentía mucha rabia al verlo todo destrozado. Fue muy duro para mí”.

El púgil está seguro a raíz del asesinato de su padre se metió en una serie de problemas que lo llevaron a la correccional juvenil. Después llegaría el boxeo para redimirlo.

EL INFIERNO

A los 13 años, en la Correccional empezó la pesadilla. “Conocí a un amigo en un centro de menores (correccional), él se metía drogas. Yo nunca había probado un cigarro, ni marihuana. Por curiosidad las probé y me gustó. Mucho tiempo probé diferentes drogas como la marihuana, cocaína, pastillasy crack”. Pero una droga lo cautivó por su efecto: “Me gustaba mucho la cocaína”.

Su madre no sabía que él había ingresado a las pandillas, pasaron muchos días y a pesar de lo rumoraban las vecinas acerca de los malos pasos de Antonio, ella no imaginó que su hijo era un pandillero.

Tyson llegaba a su casa sólo para bañarse. Como tenía tatuado su cuerpo, dentro de su casa nunca se quitaba su camisa, hasta que su madre sintió curiosidad por el cambio repentino de su hijo, al que siempre le había gustado andar descamisado.

Un día lo llamó y le pidió que se quitara la camisa. Él se resisitió, sabía que tras el regaño vendría una golpiza: “Me dio una paliza con un hule del que hacen las sillas. Me reventó todo el lomo”. Pocos día después lo expulsó de su casa diciéndole: “Acá no quiero delincuentes”.

Dentro de las pandillas se convirtió en un delincuente, dedicándose a “ lo que hace la pandilla: drogarse, salir a agarrarse un carro con los cheros y salir a tirarle a otros pandilleros. Ese era el ‘hobby’ de nosotros. Agarrarnos a tiros, a lo que fuera”.

En 1997, tenía un año de haber salido de las pandillas y visitó una discoteca. donde tuvo un incidente que le dejó marcado: “me puyaron y yo dije: Ay, diosito lindo que estoy haciendo yo aquí. Me lo hicieron con pica hielo”. Ese incidente le confirmó su decisión de haber salido de las pandillas: “En ese momento ya no era pandillero, pero como siempre quedan rencillas”.

El cambio

El boxeo lo limpió de las drogas y las pandillas. “Comencé a hacer deporte gracias a mi hermano, que conoció a Ricardo ‘Pibe’ Méndez. Y me gustó porque boxear te saca el odio y la rabia que uno tiene por dentro. La sangre te hierve, como si uno tiene odio en la sangre”.

Con su nueva vida quiso purificar su alma, recibió a Jesús como su señor y salvador, pero tenía dudas sobre la práctica del boxeo: “Como me gustaba mucho el boxeo hablé con el pastor y me dijo que tenía que dejar eso porque al señor no le gustaba que se golpearan en la cara. Pero me gusta tanto el boxeo que seguí”.

Después de retirarse de ese centro religioso comenzó a visitar una Iglesia Adventista, pero por la concentración en la que vive la selección de boxeo no puede asistir mientras los Juegos estén en su apogeo.

Tyson -que recibió ese apodo de parte de los muchachos del gimnasio porque su estilo agresivo de boxear-, a pesar de todos sus problemas, también tiene temores. “Mi miedo es fallecer y dejar a mi hijo, porque yo no tuve padre. Siempre le pido a Dios que me de salud para estar siempre con mi hijo y verlo crecer, darle estudio y aconsejarlo a que siga por los buenos caminos. Y que no se meta al boxeo...”.

Antonio, que compite en 57 kilos, se encuentra listo para los Juegos. Y aunque la Federación no promete medallas, él está seguro de que conseguirá una, sin importar de qué metal. Después de tantos padecimientos ha renovado su vida y dejó todo su odio y resentimiento: “Yo no odio a nadie, ni siquiera a los que mataron a mi padre”.

 
 

 
     


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