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Doble
o nada
Allan
y Kenneth Martínez López son hermanos gemelos
y se han dedicado a la práctica del judo. A la fecha,
han ganado varias medallas de oro y son reconocidos en Occidente
por su trayectoria en el deporte.
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| Cuando en los torneos los gemelos
se enfrentaban, el público sabía que disfrutaría
de una buena pelea. Foto: Diario
de Occidente/Claudia Zaldaña |
Al principio creímos que la práctica
del judo sería sólo un pasatiempo, recuerda
Kenneth, el mayor de los hermanos Martínez
(puesto que nació minutos antes que Allan).
Pero lo que ellos creyeron que sería algo pasajero
se convirtió en todo un estilo de vida.
Tienen 16 años y estudian primer año de bachillerato
técnico en la Escuela Metropolitana de Santa Ana.
Actualmente, se preparan para futuras competiciones y son
candidatos para participar en los próximos juegos del
Consejo del Istmo Centroamericano de Recreación y Deportes
(CODICADER).
Los hermanos Martínez son los campeones nacionales
de judo de los Juegos Deportivos Estudiantiles, realizados
en la Villa Centroamericana, en julio pasado.
Pero la intención de los muchachos es seguir cosechando
triunfos y coleccionando medallas.
Cada día, entrenan en el gimnasio de judo de Santa
Ana y reciben lecciones reforzadas de su entrenador René
Mauricio Gómez.
Para Allan, el judo es más que un deporte. Es una disciplina
que requiere concentración y dedicación. El
objetivo primordial de los hermanos es ser mejores cada día.
Los gemelos comentan que su interés por el judo comenzó
cuando en la escuela en donde estudian, se llegó a
promover este deporte. Los jóvenes se interesaron inmediatamente
por esta disciplina y comenzaron a entrenar.
No teníamos figura atlética. Éramos
algo gorditos, no parecíamos deportistas; pero en poco
tiempo comenzamos a cambiar, bromean los dos jóvenes.
Dos para todo
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| Allan y Kenneth hacen gala de dominar
la técnica del judo. A sus 16 años, combinan
estudios y deporte, aunque se quejan a veces del horario
para cumplir con las tareas. Foto:
Diario de Occidente/Claudia Zaldaña |
Contrario a lo que comentan algunas personas, los hermanos
judocas son del tipo de gemelos que sí se llevan bien.
También son compañeros de clase. Pero hay otras
actividades que han desarrollado juntos.
Antes de ser judocas fueron nadadores y participaron en diferentes
competiciones. También allí obtuvieron algunos
reconocimientos.
En la escuela formaron parte del equipo de baloncesto, de
voleibol y, por supuesto, también jugaron fútbol,
aunque nada de esto fue una práctica formal.
El entrenador de los judocas manifiesta su satisfacción
ante la buena condición de los jóvenes y asegura
que tienen mucho talento y son candidatos para participar
en competiciones de gran escala. Esto, claro está,
si continúan con el ritmo de sus entrenamientos diarios.
Los atletas han creado buenas expectativas como deportistas
destacados. Las autoridades del Instituto Nacional de los
Deportes (INDES), en Santa Ana, confían en que su talento
y dedicación los llevará a colocarse entre los
mejores de esta rama en el país.
El jefe regional del INDES en Santa Ana, Jorge Godoy, asegura
que los gemelos son buenos deportistas, ya que han venido
a darnos fortaleza en el judo de Santa Ana. Son dignos representantes
del deporte y son el futuro de esta disciplina.
Equilibrio
Su éxito en el deporte es notable, pero ellos tampoco
se olvidan de su formación académica. Como estudiantes
deben dedicar el doble de esfuerzo para mantener el equilibrio
entre el judo y la escuela.
A manera de queja, los hermanos dicen que vamos bien
en las notas, pero es cansado ir a estudiar todo el día.
El horario de clase les parece bastante cargado, pues reciben
clases desde las siete de la mañana hasta las cinco
y media de la tarde. Después de eso, los atletas se
van a su entrenamiento, el cual empieza a las seis de la tarde
y termina a las ocho de la noche.
La recompensa para este ritmo de vida la encuentran en los
premios de los torneos. Prueba de ello es la última
medalla de oro que obtuvo Kenneth en el IX Torneo de Judo
en Quetzaltenango, que se realizó el pasado sábado
30 de agosto en Guatemala.
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