¡Directo a la nostalgia! Así recibían el Año Nuevo los salvadoreños en los 80 y 90
Para miles de familias en El Salvador, el Año Nuevo no comenzaba en casa, sino en la carretera y frente al mar. En los años 80 y 90, el 1 de enero era sinónimo de madrugar, viajar y pasar el día en la playa, una tradición que algunos salvadoreños aún mantienen.
Por
Leidy Puente
Publicado el 04 de enero de 2026
Durante las décadas de los 80 y 90, para miles de familias salvadoreñas el Año Nuevo comenzaba lejos de casa y cerca del mar. Madrugar el 1 de enero, tomar carretera y pasar el día en la playa era una tradición profundamente arraigada. Playas llenas, viajes improvisados, comida llevada desde casa y jornadas completas frente al océano marcaron el inicio de cada año. El turismo interno se convirtió en el principal protagonista del feriado, reuniendo a familias de todo el país en los mismos destinos. Con el paso del tiempo, esa costumbre quedó grabada en la memoria colectiva y, en algunos hogares, todavía se mantiene viva.
El primer día del año tenía un ritual que se repetía casi sin variaciones durante las décadas de los 80 y 90. Apenas amanecía el 1 de enero, las calles de San Salvador y de muchas cabeceras departamentales comenzaban a vaciarse, mientras las carreteras se llenaban de vehículos rumbo al litoral. Así lo reflejan las páginas de El Diario de Hoy, que año tras año documentaron playas abarrotadas y un movimiento turístico que marcaba el inicio del calendario.
La noche del 31 de diciembre terminaba tarde, pero eso no impedía que muchas familias se levantaran temprano. El plan era sencillo y casi siempre improvisado: tomar carretera, llegar a la playa y pasar el día completo junto al mar.
No había reservas, paquetes turísticos ni grandes expectativas. Bastaba con encontrar un espacio en la arena y compartir la comida llevada desde casa.

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Durante los primeros años de los 80, el archivo periodístico muestra balnearios llenos desde tempranas horas. El lago de Ilopango, Apulo y las playas del Pacífico aparecían como los destinos preferidos para recibir el año nuevo lejos de la rutina.
Las fotografías captaban escenas que hoy despiertan nostalgia, como niños jugando en el agua, adultos buscando sombra bajo los árboles y grupos enteros acomodándose como podían para pasar el día.
Conforme avanzaba la década, la costumbre se afianzó. A finales de los 80, el flujo hacia la costa era tan intenso que el viaje mismo se convirtió en parte de la experiencia.

Buses repletos, pick ups cargados de familias completas y carros con hieleras amarradas al techo eran escenas habituales cada 1 de enero. El trayecto podía ser largo, pero nadie parecía tener prisa, el objetivo era llegar al mar.
Las playas de La Libertad se consolidaron como el principal punto de encuentro. Costa del Sol, Los Blancos, El Majahual y otros destinos cercanos a la capital aparecían constantemente en las crónicas del diario, acompañados de imágenes de arena completamente llena.
Allí coincidían familias, amigos y excursiones procedentes de distintos puntos del país, todos estrenando el año de la misma manera.
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En los primeros años de los 90, el turismo interno mantuvo el mismo pulso. El Año Nuevo seguía siendo una celebración colectiva que se vivía fuera de casa.
El Diario de Hoy registraban millares de personas concentradas en las playas desde la mañana, muchas de ellas permaneciendo hasta la tarde, cuando el sol comenzaba a bajar y era momento de regresar.
El ambiente era el mismo en cada fotografía, vendedores ambulantes recorriendo la orilla, niños corriendo entre las olas, adultos sentados sobre toallas o costales y familias compartiendo el almuerzo frente al mar. No hacía falta más para comenzar el año. El sonido de las olas, la conversación y la risa eran suficientes.

El turismo de Año Nuevo también implicaba organización. Las crónicas de la época mencionan la presencia de socorristas y guardavidas atentos a la gran afluencia de visitantes.
Cada vez que no se registraban incidentes graves, el dato se destacaba como parte del balance del feriado, reflejando la magnitud del movimiento turístico que se concentraba en un solo día.
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Para 1993 y 1994, la escena seguía siendo prácticamente la misma. Las playas aparecían llenas no solo el 1 de enero, sino durante varios días consecutivos. Muchas familias repetían el viaje el 2 y 3, prolongando el descanso y convirtiendo el inicio del año en una pequeña temporada vacacional.

En 1995, aunque el país ya mostraba cambios en otros ámbitos, la costumbre de recibir el Año Nuevo en la playa seguía vigente. El archivo periodístico vuelve a mostrar multitudes disfrutando del mar, con un ambiente familiar y relajado. El turismo interno seguía siendo el protagonista del primer día del año.
Hoy, al revisar esas páginas, la imagen es clara. Recibir el Año Nuevo en los 80 y 90 no requería grandes planes ni lujos. Era madrugar, tomar carretera y pasar el día frente al mar.

Entre sombrillas improvisadas, hieleras compartidas y largas filas de carros rumbo a la costa, los salvadoreños construyeron una tradición que marcó a generaciones.
Y aunque el tiempo ha pasado, esa costumbre no ha desaparecido del todo. Todavía hay familias que, cada 1 de enero, repiten el viaje. Para ellas, comenzar el año en la playa sigue siendo una forma de honrar recuerdos, revivir la infancia y mantener viva una tradición que conecta directamente con la nostalgia.


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