Así era el Parque Cuscatlán antes de los 90: un espacio que marcó generaciones
Entre 1936 y 1939 nació el Parque Cuscatlán sobre la Hacienda San Diego. Desde entonces, se convirtió en parte viva de la historia capitalina.
Por
Marcella Palacios
Publicado el 03 de marzo de 2026
El Parque Cuscatlán fue construido entre 1936 y 1939 sobre los terrenos de la Hacienda San Diego, donados por el banquero y expresidente José Rosales. Desde sus inicios, se convirtió en un punto clave para la expansión urbana de San Salvador. Con una extensión de 10 manzanas, fue durante décadas un espacio de encuentro para familias, escenario de juegos infantiles y actividades sociales. Su nombre honra al pueblo pipil de Cuscatlán, como homenaje a las raíces indígenas del país. Incluso funcionó como hospital improvisado tras el terremoto de 1986, reafirmando su importancia histórica y social.
Antes de su renovación, el Parque Cuscatlán tenía un aire distinto. Si vos lo visitaste antes del 2000, seguro recordás las bancas antiguas de concreto, los senderos polvorientos y los juegos mecánicos que ya mostraban el paso del tiempo.
No había grandes estructuras modernas ni espacios culturales renovados. Era un parque más sencillo, incluso descuidado en algunas zonas, pero siempre activo. Las familias llegaban con bolsas de comida, los niños corrían sin preocuparse por ensuciarse y los abuelos buscaban sombra bajo los árboles para conversar.

La cancha y los juegos que marcaron infancia
Uno de los puntos más recordados era la cancha de fútbol. Ahí más de alguno se echó la potra con los amigos del barrio, bajo el sol fuerte o con el viento fresco de la tarde. No importaba si el terreno no estaba perfecto; lo importante era jugar.
Los columpios, sube y bajas y otros juegos infantiles chirriaban con cada movimiento. Algunos estaban oxidados, otros necesitaban pintura, pero siempre estaban ocupados. En verano, el polvo se levantaba con cada carrera; en invierno, el lodo era parte del recuerdo.

Historia viva en medio de la ciudad
Construido entre 1936 y 1939 sobre los terrenos de la antigua Hacienda San Diego —donados por el banquero y expresidente José Rosales— el parque fue clave en la expansión urbana de San Salvador. Su nombre honra al pueblo pipil de Cuscatlán, como un reconocimiento a nuestras raíces indígenas.

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Durante décadas, sus 10 manzanas no solo fueron espacio de recreación. También fue escenario de concentraciones y, tras el terremoto de 1986, funcionó como hospital improvisado, convirtiéndose en refugio en uno de los momentos más duros para la capital.

Recuerdos que siguen vivos
Antes de convertirse en el espacio moderno que hoy conocemos, el Parque Cuscatlán era imperfecto, pero auténtico. Era el lugar donde aprendiste a andar en bicicleta, donde corriste detrás de una pelota o donde simplemente te sentaste a ver pasar la tarde.

Hoy su imagen es distinta, pero si vos lo conociste en aquellos años, todavía podés cerrar los ojos y ver los senderos de tierra, las bancas desgastadas y los juegos que marcaron tu infancia. Porque más allá de cualquier transformación, el recuerdo del viejo Parque Cuscatlán sigue vivo en la memoria de San Salvador.

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