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Pastor Mario Vega

Recursos para el engaño

Un ejemplo es el siguiente: El argumento original afirma que «antes de adoptar el Bitcoin como moneda de curso legal se necesita hacer un análisis de su volatilidad y su impacto en la economía». La respuesta con espantapájaros es que «los críticos de la adopción del Bitcoin están en contra del progreso tecnológico y se oponen a la modernización del país».

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Por Mario Vega
Publicado el 18 de enero de 2025


Al debatir sobre cualquier tema las personas pueden ser honestas o desvergonzadas. Las honestas son aquellas que exponen sus ideas y tratan de refutar las contrarias por medio de argumentos veraces y razonamientos lógicos. Las desvergonzadas son las que, sin tener manera de refutar los argumentos adversos, recurren al uso de falacias para desviarse del tema y evitar reconocer que no tienen contraargumentos.

Una de las formas de engaño es la que se llama la falacia del espantapájaros. Esta consiste en tergiversar o exagerar el argumento de la otra persona para hacerlo más fácil de atacar. Primero el manipulador modifica el argumento real para que parezca absurdo o extremista. Luego, en lugar de responder al argumento auténtico, ataca la versión tergiversada. Así crea la impresión de haber derrotado al contrincante, aunque en verdad nunca respondió al argumento inicial.

La razón por la que se lE llama falacia del espantapájaros es porque la persona no está respondiendo al verdadero argumento, sino que ha creado un espantapájaros retórico con el que puede hacer lo que desee.

Un ejemplo es el siguiente: El argumento original afirma que «antes de adoptar el Bitcoin como moneda de curso legal se necesita hacer un análisis de su volatilidad y su impacto en la economía». La respuesta con espantapájaros es que «los críticos de la adopción del Bitcoin están en contra del progreso tecnológico y se oponen a la modernización del país».

Como se puede ver, no se ha respondido al argumento inicial, sino que se ha inventado una falacia en la que el tema de la volatilidad fue evadido por completo. Con este fraude pareciera que el adversario ganó el debate cuando en realidad nunca lo enfrentó.

Otra falacia comúnmente usada es la del argumento «ad hominem». Esta consiste en que, ante la imposibilidad de responder a un argumento, se ataca a la persona que lo presenta. Un ejemplo es cuando alguien argumenta: «El balance de poderes es una garantía para fortalecer la democracia». La respuesta «ad hominem» diría: «Como eres un ladrón quieres mantener un sistema obsoleto y corrupto». El verdadero argumento nunca fue rebatido, ni siquiera mencionado. Solo se lanzó una ofensa a quien lo propuso tratando de dar, con la malcriadeza, la apariencia de haber respondido bien cuando, en realidad, nunca lo hizo.

Otra falacia frecuente es la que se llama la de la falsa dicotomía. Esta consiste en reducir la realidad a solo dos opciones posibles, dejando de lado las demás alternativas e ignorando la complejidad del asunto. Una persona puede asegurar: «La reserva de información facilita los actos de corrupción». Una respuesta usando la falacia de la falsa dicotomía respondería: «Si no estás de acuerdo con las reservas de información es porque estas en contra del progreso». La falacia se descubre por sí sola, pues deja de lado la complejidad del tema para reducirlo a una conclusión absurda que nada tiene que ver con lo que se discute.

También se suele utilizar la falacia de la pendiente resbaladiza. Esta consiste en invalidar un argumento haciendo pensar que un pequeño paso inicial conducirá inevitablemente a consecuencias extremas y dañinas, aun cuando tal cosa no se pueda probar. Un ejemplo sería cuando alguien afirma: «Toda persona se presume inocente mientras no se demuestre lo contrario». La falacia respondería: «Si permitimos eso, pronto todo estará fuera de control».

 Las falacias pueden ser usadas por todo tipo de individuos, tanto por personas con poca educación, no acostumbradas a los debates, como por personas muy educadas pero que persiguen intereses particulares que los hace actuar sin coherencia con la objetividad. Las falacias suelen ser efectivas para influir, más que en el intelecto, en las emociones. El fin es el de desviar la atención de afirmaciones sólidas que no pueden ser rebatidas.

Las falacias se usan con demasiada frecuencia en la propaganda y en los discursos de políticos. Las personas no perciben que se les está ofreciendo una falacia por el hecho de estar emocionalmente involucradas con los temas. En la discusión de temas polémicos la razón se nubla, las capacidades lógicas se ven reducidas y es más fácil que se acepten los absurdos, ofensas y disparates en lugar de los procesos lógicos de discernimiento.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim.

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