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Carta a los amigos de la buena lectura: Kafka y la muñeca viajera

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Por Paolo Luers
Periodista

Estimados amigos lectores:

A veces estoy harto de escribir tres veces a la semana sobre Bitcoin, régimen de excepción, u otras ocurrencias de nuestro presidente. Hay tantas otras cosas, menos urgentes, pero tal vez más importantes, que se puede -y debe- relatar. Como por ejemplo, el cuento casi increíble sobre el escritor Franz Kafka, una niña desconocida y una muñeca…

En una venta de libros viejos encontré un librito, cuyo título me hizo recordar una historia que nos ocupó en el seminario doctoral de literatura en la universidad. El escritor y editor de literatura Klaus Wagenbach nos contó que luego de la guerra mundial hizo una campaña pública, con anuncios en la prensa y las radios de Berlín, para encontrar a personas que podrían ayudarle a comprobar si la historia de Franz Kafka, una niña llamada Elsi y una muñeca llamada Brígida era real o un invento poético del escritor, o de su novia. Según Dora Diamant, quien compartió la vida de Kafka en sus últimos años, el novelista había encontrado en un parque en Berlín a una niña llorando desconsoladamente la pérdida de su muñeca. Para consolarla, lo que se le ocurrió a Kafka era contarle a la niña que la muñeca no estaba perdida, sino que andaba de viaje y feliz. Le dijo que le constaba, porque él era el ‘cartero de muñecas’ y había recibido una carta de Brígida a Elsi, contándole de su viaje - una carta de Londres.

Cuenta Dora Diamant que Kafka, un escritor compulsivo, durante 3 semanas se olvidó de la novela que estaba por terminar, y se dedicó a escribir, cada día, una nueva carta a Elsi, en la cual su muñeca le contaba las aventuras de sus viajes por todo el mundo.

En nuestro coloquio literario, Wagenbach nos contó que nadie -ni él, ni ninguno de los muchos investigadores de la historia de literatura que lo intentaron- había logrado verificar esta historia. Nadie jamás encontró ni a Elsi ni las cartas. Entonces, ¿fue real la historia o una anécdota inventada?

Resulta que da igual. Siempre me ha intrigado este cuento enigmático. Sobre todo porque Kafka era conocido como un hombre muy solitario, de pocas relaciones sociales, un hombre triste y pesimista. ¿Y aun así habrá escrito cartas tan llenas de ternura y compasión por una niña desconocida? Bueno, puede ser, porque la única persona que conoció a Kafka de cerca en este tiempo, su compañera de vida Dora, lo describe como poético, tierno y hasta alegre…

La historia está situada en el año 1923. Kafka ya sabía que su tuberculosis le dejaba poco tiempo para vivir. Todavía era un autor desconocido, porque sus obras maestras, que iban a cambiar por siempre la tendencia de la literatura contemporánea, fueron publicadas después de su muerte en 1924. Kafka había instruido a su gran amigo, el escritor Max Brod, a quemar luego de su muerte las novelas que estaba por terminar (‘El Proceso’, ‘El Castillo’ y ‘El Desaparecido’). ¡Le prohibió publicar la obra que luego lo lanzaría al Olimpo de la literatura mundial! Por suerte, Brod decidió no hacerle caso y publicó las novelas, sabiendo que eran de invaluable valor literario.

Pero regresemos a la historia de la muñeca viajera. Varios escritores se animaron a reconstruir este cuento y las cartas. Con el más logrado intento me encontré cuando detecté el libro del escritor español Jordi Sierra I Fabra: “Kafka y la muñeca viajera” (Siruela, 2006).

En este librito, toma vida la historia antes tan poco conocida o incluso puesta en duda. Toman vida Kafka y Elsi, sentados en una banca del parque de Stegliz. Toma vida la obsesión, con la cual Kafka pasa las noches enteras, durante tres semanas, escribiendo cartas para una niña, desde la perspectiva de una muñeca - un formato que nada tiene que ver con los temas oscuros y el estilo de sus novelas.

Jordi Sierra I Fabra se atrevió a reescribir las cartas perdidas (o tal vez nunca escritas) de Kafka, y en ellas los escenarios y aventuras de los viajes de la muñeca, cartas desde lugares famosos y otros extraños. Kafka sufre, porque teme defraudar a la niña. Ella todos los días a la misma hora lo espera en el parque para recibir otra carta con nuevas noticias de su muñeca. Kafka sufre, porque no sabe cómo terminar esta historia, cómo darle un desenlace feliz, para que Elsi no recaiga en la tristeza por la pérdida de su muñeca. Su solución: hace que al fin Brígida se case y, en su última carta, ruegue a Elsi a compartir su felicidad. Ahí termina el cuento. Y no sólo deja feliz a Elsi, sino también al atormentado escritor Franz Kafka…

Es un libro lleno de ternura. Es difícil encontrar en las librerías, pero se puede pedir en Amazon, en papel o en formato digital. Lo recomiendo como regalo ideal, tanto para niñas y niños, como para adolescentes, adultos o viejitos. Leerlo me hizo feliz y lo quería compartir con ustedes. Cómo dice Roberto Benigni en su película del mismo nombre: “La vita è bella”, incluso en tiempos tristes y peligrosos.

Saludos, Paolo Luers

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