Alertan por posible regreso de “El Niño Godzilla” en 2026: ¿cómo impactaría a El Salvador?
Expertos advierten sobre un posible El Niño extremo en 2026 que podría provocar sequías, calor intenso y afectar la agricultura en El Salvador.
Por
Evelyn Alas
Publicado el 07 de abril de 2026
El posible regreso de un fenómeno conocido como “El Niño Godzilla” mantiene en alerta a científicos por su impacto global. Este evento, previsto para finales de 2026, podría elevar temperaturas y alterar lluvias en diversas regiones. En El Salvador, sus efectos se traducirían principalmente en sequías, reducción de lluvias y aumento del calor, afectando cultivos y el abastecimiento de agua. Autoridades y expertos recomiendan prepararse ante un escenario que, combinado con el cambio climático, podría intensificar sus consecuencias. Aunque las proyecciones aún son preliminares, el monitoreo constante será clave para anticipar riesgos y tomar medidas preventivas.
El posible regreso de un fenómeno climático conocido como “El Niño Godzilla” ha encendido las alertas entre científicos y organismos internacionales, debido a su capacidad de alterar el clima a escala global. De acuerdo con proyecciones recientes de entidades como la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), existe una probabilidad creciente de que El Niño se desarrolle durante el segundo semestre de 2026, con la posibilidad de alcanzar una intensidad inusualmente alta hacia finales de ese año o inicios de 2027.
El fenómeno forma parte del ciclo natural conocido como ENSO (El Niño–Oscilación del Sur), un sistema climático que alterna entre tres fases: El Niño, La Niña y una etapa neutral. Este ciclo ocurre cada dos a siete años y se origina en el océano Pacífico tropical, donde cambios en la temperatura superficial del agua generan efectos en cadena sobre los vientos, las lluvias y las temperaturas en distintas partes del mundo.
Durante un episodio de El Niño, las aguas del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal. Este calentamiento altera los patrones de circulación atmosférica, desplazando lluvias hacia algunas regiones y provocando sequías en otras. Además, suele generar un aumento temporal de la temperatura media global.
Sin embargo, no todos los eventos de El Niño son iguales. En ocasiones excepcionales, este fenómeno alcanza una intensidad extrema, lo que los científicos denominan “super El Niño”, conocido popularmente como “El Niño Godzilla”. Estos eventos son poco frecuentes, pero sus impactos pueden ser devastadores.
Uno de los ejemplos más recordados ocurrió entre 1997 y 1998, cuando lluvias torrenciales provocaron inundaciones masivas en países como Perú y Ecuador, mientras que regiones como Indonesia y Australia enfrentaron severas sequías e incendios forestales. Otro episodio similar, en 2015-2016, contribuyó a que ese año fuera uno de los más cálidos registrados, además de generar pérdidas agrícolas y crisis hídricas en diversas regiones.

Para 2026, los modelos climáticos aún se encuentran en una etapa preliminar, pero ya muestran señales de calentamiento en el Pacífico que podrían evolucionar hacia un evento significativo. La NOAA estima entre un 50% y 60% de probabilidad de que El Niño se forme en el segundo semestre, mientras que la OMM sitúa la probabilidad inicial en torno al 40% entre mayo y julio.
No obstante, los expertos advierten sobre la llamada “barrera de predictibilidad de primavera”, un período del año en el que resulta especialmente difícil anticipar con precisión la evolución del ENSO. Por ello, las proyecciones podrían cambiar en los próximos meses conforme se disponga de más datos.
¿Podría afectar a El Salvador?
Aunque El Niño es un fenómeno global, sus efectos varían según la región. En el caso de Centroamérica, y particularmente El Salvador, históricamente se ha asociado con una disminución de las lluvias y períodos de sequía, especialmente durante la temporada lluviosa.
Esto ocurre porque El Niño tiende a debilitar los sistemas que favorecen las precipitaciones en la región, como la Zona de Convergencia Intertropical. Como resultado, pueden presentarse canículas más intensas (periodos secos dentro de la estación lluviosa), afectando directamente la agricultura, el abastecimiento de agua y la generación de energía hidroeléctrica.
Para El Salvador, un evento fuerte de El Niño podría traducirse en:
- Reducción de lluvias, especialmente entre julio y septiembre.
- Afectaciones a cultivos básicos como maíz y frijol.
- Mayor estrés hídrico en zonas rurales.
- Incremento de temperaturas, lo que agrava condiciones de calor extremo.
Además, en algunos casos, El Niño puede influir en la actividad ciclónica del Atlántico, reduciendo la cantidad de tormentas, aunque esto no elimina el riesgo de eventos extremos aislados.
Un factor adicional que preocupa a los científicos es que este posible evento se desarrollaría en un contexto de cambio climático. Es decir, un planeta que ya ha experimentado un aumento sostenido de temperaturas en las últimas décadas. Esto podría intensificar los efectos de El Niño, elevando aún más las temperaturas globales y aumentando la frecuencia de fenómenos extremos.
Algunos expertos incluso advierten que un “El Niño Godzilla” podría elevar temporalmente la temperatura global entre 2 y 3 grados Celsius por encima de los niveles normales, lo que tendría implicaciones significativas para ecosistemas, producción de alimentos y salud pública.
Por ahora, las autoridades meteorológicas continúan monitoreando el comportamiento del Pacífico. En El Salvador, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) mantiene vigilancia constante sobre estos cambios para emitir alertas oportunas.
Aunque aún es temprano para confirmar la magnitud del fenómeno, los especialistas coinciden en que la preparación es clave. La planificación en sectores como agricultura, gestión del agua y protección civil será fundamental para mitigar los posibles impactos.
El océano Pacífico, considerado una especie de “motor climático” del planeta, ya muestra señales de cambio. Si estas se consolidan, el mundo podría enfrentar nuevamente los efectos de uno de los fenómenos naturales más influyentes del sistema climático global. Y El Salvador, como parte de esta dinámica, no estaría exento de sus consecuencias.
