Narcos y pandilla 18 se disputan la venta de droga en la Zacamil

Disputa entre ambos bandos ha provocado no menos de seis muertes violentas, entre enero de 2018 y marzo de este año, en La Placita, a pocos metros de subdelegación policial

Romel Martínez fue acribillado, el lunes, en el estacionamiento de los apartamentos La Placita. Policía lo vinculó con traficantes de droga. Foto EDH/ Archivo

Por Diana Escalante

Mar 14, 2019- 20:40

La muerte más reciente provocada por la guerra que libran traficantes de drogas y pandilleros de la 18 que quieren tener el control de la venta de estupefacientes en el sector conocido como La Placita, en la colonia Zacamil, de Mejicanos, fue la noche del lunes.

Romel David Martínez, de 18 años, fue acribillado a balazos en el estacionamiento que comparten los residentes de los 240 apartamentos y unas 40 casas situadas entre calle Zacamil y la avenida Magisterial, a pocos metros de la Subdelegación de la Policía de Mejicanos y de los Juzgados de lo Civil.

El año pasado, según los vecinos de Martínez, también murieron en circunstancias violentas sus dos hermanos: un adolescente de 15 años y una mujer (ver nota aparte).

Este homicidio se suma a otros cinco registrados en la misma zona, entre enero y octubre de 2018, y que también habrían sido cometidos por la disputa de la venta de drogas, de acuerdo a las autoridades.

El Diario de Hoy gestionó, a través de la Oficina de Comunicaciones de la Policía Nacional Civil, una entrevista con el jefe de Mejicanos para que explicara qué se está haciendo ante el problema, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta.

Desde que los hechos delictivos empezaron a ser cometidos con más frecuencia, los residentes se organizaron para mandar a instalar un portón y contratar a un vigilante privado. Mensualmente, cada familia paga por el servicio prestado entre $5 y $10.

Pero estos dispositivos de seguridad no impidieron que tres pandilleros de la 18 ingresaran para matar a Martínez, el lunes.

Fuentes policiales revelaron que los delincuentes irrumpieron por un pasaje situado en la parte trasera del complejo de apartamentos en donde no hay vigilancia. Ese tramo colinda con unas comunidades donde hay presencia de pandilleros.

Romel David estaba cerca de una tienda cuando se percató de que tres “extraños” caminaban por el estacionamiento; cuando se acercó a ellos para encararlos le asestaron varios disparos y murió de inmediato. Luego los pistoleros escaparon despacio por el mismo lugar por donde entraron, relataron algunos testigos.

Contrario a lo que ocurre en otras escenas de muertes violentas, esa noche no había curiosos observando a los investigadores recabar evidencias.

El homicidio de Martínez no parecía haber alterado la tranquilidad de los moradores. A unos se les veía en los negocios cercanos comprando alimentos para la cena; varios niños jugaban cerca del cordón policial que protegía la escena del homicidio y otros residentes que iban llegando de trabajar no se mostraban asombrado por lo sucedido.

Algunos lugareños no ocultaron que en esa zona habitan personas que se dedican al narcomenudeo y que tienen claro que los homicidios recientes están relacionados al control del territorio que quieren tener los pandilleros.

“Con quienes vivimos aquí (los vendedores de droga) no se meten. Quizá hemos normalizado que estén entre nosotros porque cuidan e impiden que se vengan a instalar las pandillas, porque aquí la Policía no se asoma, ni porque a la vuelta está el puesto”, expresó una lugareña.

Los homicidios

El 31 de enero de 2018, Ariel Castro, de 20 años, fue ultimado en medio de unas ventas informales de comida instaladas afuera de los apartamentos La Placita.

Dos meses después, un adolescente de 15 años, quien presuntamente era hermano de Romel David, también fue acribillado mientras pintaba el apartamento de un vecino en unos condominios situados frente a La Placita.

Unos delincuentes también le quitaron la vida a David Alexander Flores Pimentel, de 18 años. El ataque fue cometido frente a una parada de buses de la misma zona.

En su momento, la Policía informó que al hombre le dispararon desde una motocicleta mientras esperaba el bus y murió mientras recibía asistencia en un hospital.

Otro hecho sangriento fue registrado el 19 de agosto; el muerto fue un hombre identificado únicamente como Giovanni, a quien apodaban “Cusuco”. Él fue acribillado cuando se dirigía a casa tras haber hecho unas compras en el mercado.

La siguiente muerte sangrienta fue contra Daniel Alberto Quintanilla Cortez, de 43 años. Era propietario de un car wash que funcionaba dentro de la zona donde fue perpetrado el homicidio del lunes.

Unas horas después del crimen contra Quintanilla, la Policía informó que había detenido en flagrancia a un hombre perfilado como pandillero de la 18, apodado “Neto”. El arresto fue cerca de la zona de ese último homicidio y le fue decomisado un vehículo sin placas.

Las autoridades que procesaron todas estas escenas violentas señalaron en su momento que la principal hipótesis de los ataques tenía que ver con la venta de la droga.

Inseguridad limita a ciudadanos

La inseguridad que hay en la zona de La Placita y sus alrededores no solo es atribuida a la disputa por el tráfico ilícito de droga. La delincuencia común también ha llevado a muchos ciudadanos que circulan por la zona a modificar su rutina para no ser víctimas.

Desde hace varios meses, los motoristas de buses de la Ruta 1 que circula entre el barrio San Jacinto, al sur de San Salvador, y la colonia San Pedro, en Mejicanos, han tenido que alterar su recorrido para no pasar después de las 6:30 de la tarde frente a los multifamiliares de La Placita y otros que están situados en la calle al Volcán.

Con esa medida, los conductores ahora hacen una parada frente al Centro Comercial Zacamil y siguen recto la marcha sobre la 29 avenida Norte. Eso obliga a los usuarios a caminar unas tres cuadras para llegar a sus hogares.

Algunos usuarios de la Ruta señalaron que los motoristas tomaron esa decisión porque los delincuentes constantemente se subían a las unidades para despojar a los pasajeros de sus pertenencias.

Además, los propietarios de algunos negocios, sobre todo de comida, se han visto obligados a cerrar más temprano por las noches porque también han sido víctimas de los hampones.

Decomiso de $349, 947

El miércoles anterior, la Policía presentó una radiografía del narcomenudeo en el país que reveló que, entre 2004 y 2014, la División Antinarcóticos (DAN) decomisó 20,127 kilogramos de droga que tiene un precio en el mercado negro de $261 millones 651 mil. Entre 2015 y 2018, las incautaciones de sustancias ilícitas aumentaron a 26,919 kilogramos lo que se tradujo en $349 millones 947 mil.

Las investigaciones indican que  los traficantes de droga internacionales se la facilitan a los distribuidores mayoristas que se encargan de repartirla a nivel regional; luego llega a manos de los distribuidores locales quienes se la entregan a vendedores locales y estos a quienes la venden al detalle.

Hay cuatro modalidades para ofrecer las sustancias ilegales a los consumidores: a través de la venta en viviendas, en la calle, en negocios y por medio de teléfonos o redes sociales. Quienes se dedican a transar son delincuentes comunes, integrantes de una misma familia que forman redes dedicadas al narcomenudeo dentro de algunas colonias y pandilleros.

Las principales drogas que se distribuyen en el país son la cocaína, el crack, la marihuana y las metanfetaminas. Entre 2014 y 2018, las autoridades detuvieron a 8,244 personas que se dedicaban a la venta de estupefacientes; solo 938 de ellas fueron aprehendidas el año pasado.

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