La Casa de Mateo, brinda apoyo para familias con niños ingresados en el Hospital Bloom
Tatiana Beltrán y Óscar Sandoval transformaron una experiencia familiar dolorosa en un proyecto que ofrece apoyo a cuidadores de niños hospitalizados.
La Casa de Mateo, un proyecto de la Fundación Soyapango, brinda apoyo gratuito a madres, padres y cuidadores de niños ingresados en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom, en San Salvador.
La disposición de la Fundación es de lunes a viernes, de 9:00 A.M. a 1:00 P.M., mediante servicios de lavandería, duchas, refrigerios, kits de higiene y acompañamiento, luego de que sus fundadores, Tatiana Beltrán y Óscar Sandoval, conocieran esa necesidad tras la muerte de su hijo Mateo en 2024.
Mateo falleció el 27 de junio de 2024, cuando tenía dos meses de nacido. Según relataron sus padres, el niño pasó parte de su corta vida en el hospital, donde fue tratado por neumonía. Durante ese periodo, Tatiana y Óscar permanecieron junto a él y observaron la situación de otras madres que también acompañaban a sus hijos hospitalizados.
“Lastimosamente para nosotros, pero la verdad que los designios, los planes de Dios son otra cosa que no entendemos”, expresó Tatiana al recordar la muerte de su hijo. La experiencia, según explicó, también les permitió ver una realidad que antes desconocían: la de madres que pasan días dentro del hospital sin una red de apoyo cercana.
Tatiana contó que ella tenía el respaldo de Óscar, quien podía llevarle ropa limpia, comida y cubrirla por momentos para que saliera a bañarse. Sin embargo, en el hospital observó que muchas mujeres no tenían a nadie que pudiera ayudarlas con esas necesidades básicas.

Una pérdida que dio origen a un proyecto
La Fundación Soyapango había sido formalizada legalmente en 2019, pero permanecía inactiva. Óscar relató que años antes tuvo la idea de crear una fundación, luego de recibir apoyo de otra organización cuando vendía productos como champú, pasta dental y jabón.
Tras la muerte de Mateo, la pareja retomó esa fundación y decidió activar un proyecto en memoria de su hijo. “¿Por qué no hacemos algo para que la memoria de nuestro hijo no haya sido en vano?”, recordó Óscar sobre la conversación que dio paso a La Casa de Mateo.
El proyecto surgió con una idea central: acompañar a madres y padres que permanecen dentro del Hospital Bloom durante la atención médica de sus hijos. “Tal vez no les vamos a solucionar la vida, pero sí les vamos a quitar una preocupación menos”, dijo Óscar al explicar el propósito del espacio.
La Casa de Mateo no funciona como albergue nocturno ni sustituye la atención médica. Su enfoque está en cubrir necesidades básicas de los cuidadores que pasan jornadas largas dentro del hospital y que, en muchos casos, no pueden regresar a sus hogares por la condición de sus hijos.

Ropa limpia, una ducha y un momento para respirar
Los principales servicios que ofrece La Casa de Mateo son lavandería, secado de ropa, duchas, refrigerios, kits de limpieza y apoyo espiritual. También lavan cobijas, ropa de niños y peluches, bajo medidas de higiene, porque muchos pacientes permanecen en un ambiente hospitalario.
Tatiana explicó que las madres no llegan a lavar su ropa por cuenta propia, sino que el equipo recibe las prendas, las lava, las seca, las dobla y las entrega listas. “No es que ellas vengan y laven su ropa; nosotros se las lavamos, se las entregamos secas y dobladas”, señaló.
Para muchas madres, ese servicio representa una forma de reducir una preocupación diaria. Algunas llegan solo a dejar ropa y regresan al hospital; otras esperan el lavado, se bañan, reciben un refrigerio o descansan unos minutos antes de volver con sus hijos.
“Esto es una curita ante una llaga”, expresó Tatiana al describir el alcance del proyecto. La frase resume el sentido del espacio: no cambia la situación médica de los niños, pero permite que sus cuidadores encuentren un apoyo durante la espera hospitalaria.
Madres que no se separan de sus hijos
Una de las escenas que marcó a Tatiana fue la de una madre que sacaba ropa de una mochila y le explicó que usaba una prenda específica cada lunes, otra cada martes y así durante la semana, porque no tenía dónde lavarla ni quién pudiera llevarle ropa limpia.
La mujer, según recordó Tatiana, venía de una zona rural y no contaba con apoyo cercano. Esa situación le mostró que muchas madres enfrentan la hospitalización de sus hijos con recursos limitados y sin posibilidad de alejarse del hospital.
Según los fundadores, muchas madres prefieren dormir sentadas en una silla dentro del hospital antes que pasar la noche lejos de sus hijos. “La mayoría prefiere quedarse en una silla, porque si les avisan cualquier cosa de sus hijos, saben que están ahí”, explicó Tatiana.
Esa decisión también influyó en el horario de atención del proyecto. La Casa de Mateo abre de 9:00 de la mañana a 1:00 de la tarde porque, según han identificado sus fundadores, es el momento en que las madres pueden salir por un breve tiempo para bañarse, dejar ropa o recibir alimentos.

Datos de atención y procedencia de las familias
Desde su inauguración, en abril de 2025, hasta diciembre de ese mismo año, La Casa de Mateo lavó más de 76,000 libras de ropa y entregó más de 5,000 almuerzos o refrigerios, de acuerdo con los registros compartidos por sus fundadores.
Solo en abril, el espacio contabilizó 307 servicios de lavandería. En promedio, atiende semanalmente a unas 120 madres y mensualmente a entre 350 y 400 personas.
Los registros del proyecto muestran que la mayoría de usuarias proviene del interior del país. Entre los lugares con mayor presencia están San Miguel, Santa Ana, La Unión, Morazán, La Libertad, Chalatenango, Ahuachapán y San Vicente.
También han atendido a personas provenientes de Honduras, Nicaragua y Guatemala. Tatiana indicó que algunas familias llegan desde lugares lejanos en busca de atención médica especializada para sus hijos, sin contar con una red de apoyo en San Salvador.
Un apoyo que se sostiene con esfuerzo propio
La Casa de Mateo se mantiene principalmente con fondos propios de sus fundadores y con aportes puntuales de personas o empresas que colaboran con insumos, refrigerios o apoyo específico.
Óscar explicó que no cuentan con una empresa que cubra de forma permanente gastos como energía eléctrica, agua o alimentación mensual. Aun así, procuran entregar refrigerios y, cada quince días, ofrecer almuerzos como sopas u otros alimentos preparados.
La asistencia diaria puede variar según la situación dentro del hospital. Hay días en que llegan varias madres y otros en que la presencia disminuye porque las familias permanecen pendientes de emergencias médicas o de la evolución de sus hijos.
El servicio está dirigido principalmente a quienes viven la hospitalización de forma permanente. Para recibir atención, los cuidadores deben presentar el carné de ingreso del Hospital Bloom y registrarse como responsables de un paciente ingresado.
Carolina, una madre que espera junto a su hijo
Entre las madres que han llegado a La Casa de Mateo está Carolina Beatriz, originaria de San Luis del Carmen, Chalatenango, un municipio ubicado al otro lado del Lago Suchitlán.
Ella acompaña a su hijo, paciente del área de Neurocirugía del Hospital Bloom, mientras espera una operación. Según relató, no piensa regresar a su casa hasta que el niño reciba el alta médica.
Su historia refleja la rutina de muchas madres que permanecen lejos de sus hogares durante la atención médica de sus hijos. En ese contexto, una ducha, ropa limpia o un refrigerio pueden convertirse en un apoyo necesario para continuar dentro del hospital.
La Casa de Mateo funciona en el Condominio Héroes Norte, local 1-20, y mantiene su atención de lunes a viernes para madres, padres y cuidadores que acrediten su ingreso al Hospital Bloom como responsables de un paciente hospitalizado.

