Familias salvadoreñas viven en edificios con bandera roja y riesgo de colapso estructural
Familias salvadoreñas viven en edificios con bandera roja y daños estructurales en San Salvador. La falta de vivienda accesible las obliga a permanecer en inmuebles con riesgo de colapso.
En San Salvador, decenas de familias viven en edificios con daños estructurales graves, algunos declarados inhabitables después de los terremotos de 1986 y 2001. Permanecen allí no porque desconozcan el peligro, sino porque los altos precios de la vivienda, los ingresos limitados y la falta de opciones accesibles reducen sus posibilidades de mudarse.
EFE documentó que cientos de familias salvadoreñas habitan o sobreviven en inmuebles afectados por terremotos y catalogados con bandera roja, una clasificación que advierte que no deberían ser utilizados. Entre las construcciones mencionadas se encuentran los condominios Regis y los condominios de la Residencial Modelo, ambos con más de 40 años.
En los edificios 4 y 5 de la Residencial Modelo, ubicados en el barrio San Jacinto, alrededor de 30 familias continúan viviendo entre grietas, columnas debilitadas, escaleras deterioradas y varillas expuestas. La presencia de niños, mascotas y adultos que suben y bajan diariamente contrasta con el estado de las estructuras.
Vivir allí se ha convertido en una decisión condicionada por la necesidad.
Edificaciones con bandera roja y naranja en el AMSS
Información oficial de la OPAMSS. Toca sobre los círculos para ver los datos por municipio.
“No tenemos a dónde ir”
Héctor Villalobos vive con su esposa, su hijo, su nuera y dos nietos en el nivel más alto del edificio 5. Llegó en 2012, cuando el apartamento no tenía techo, las paredes estaban deterioradas y la vegetación comenzaba a crecer en sus esquinas.
“A veces quisiera conseguir un terrenito, no estar a esa altura y que a uno le pase algo”, expresó Villalobos. Sin embargo, reconoce que los precios de los terrenos, dentro y fuera de San Salvador, están fuera de sus posibilidades económicas.

Su esposa, María Viviana Lemus, cuida durante el día a cuatro nietos mientras los padres trabajan. También debe acarrear agua porque los apartamentos no cuentan con un sistema regular de abastecimiento. Algunas tuberías están dañadas y varias familias utilizan una pila común situada en la entrada de los edificios para lavar ropa.
“Nosotros vemos en la televisión que a veces la gente sale beneficiada con lugares y decimos: qué bonito. A nosotros no nos toman en cuenta”, señaló Lemus.
El temor aumenta cuando ocurre una serie de movimientos sísmicos. Algunas familias aseguran que prefieren dormir afuera ante la posibilidad de que los edificios colapsen.
“Si estamos aquí es porque estamos conscientes. Si algún día quedamos enterrados, será por nosotros porque no tenemos a dónde ir. Así es la vida del pobre”, relató una madre que vive en el lugar.

Una situación parecida fue encontrada por EFE en los condominios Regis, donde Maritza reside desde hace 25 años. La mujer adecuó una salida de emergencia en su apartamento y utiliza uno de sus cuartos para vender productos de primera necesidad a sus vecinos.
“Lo que queremos es que nos den una vivienda digna que podamos pagar, pero nadie nos hace caso, vienen a hacer inspecciones pero nadie nos hace caso”, lamentó Maritza durante una conversación con EFE.
La residente explicó a la agencia que paga 50 dólares mensuales de alquiler y que otras personas ocupan apartamentos abandonados por sus propietarios debido a los daños.
“Estos edificios están con bandera roja, pero yo soy pobrecita y no tengo a nadie”, afirmó.
Edificaciones por clase de riesgo (AMSS)
Se inspeccionaron 1,724 edificaciones en el Área Metropolitana de San Salvador. El 62% cuenta con bandera verde.
Daños acumulados y riesgo sísmico
Muchas de estas edificaciones resultaron afectadas por el terremoto de magnitud 7,5 ocurrido en octubre de 1986, que dejó 1.530 fallecidos. El deterioro aumentó con los terremotos de magnitud 7,7 y 6,6 registrados en enero y febrero de 2001, que causaron casi 1.000 muertes, según los datos citados por EFE.
El país enfrenta actividad sísmica por el choque entre las placas de Cocos y del Caribe en el océano Pacífico, además de las fallas locales distribuidas en el territorio.
El arquitecto Manuel Peña explicó a EFE que los condominios dañados ya no deberían ser habitados porque podrían colapsar. El riesgo, señaló, no responde únicamente a diseños antisísmicos desfasados, sino también a la vida útil de los materiales y al deterioro urbano.

Acceso limitado a una vivienda segura
En los últimos años han aumentado los proyectos de apartamentos en El Salvador, pero muchos están ubicados en zonas de alto valor y tienen precios alejados de las posibilidades de familias con ingresos bajos.
Peña indicó a EFE que el desarrollo de vivienda vertical es visible, pero “no es para las mayorías”. Añadió que la permanencia en edificios inhabitables está relacionada con “el difícil y limitado acceso a la vivienda que hay hoy en día para las familias de clase media hacia abajo”.
Según el Censo de Población y Vivienda de 2024 del Banco Central de Reserva, el 57.9 % de los hogares salvadoreños es propietario de su vivienda, mientras el 42.1 % no lo es. Esta última proporción equivale a 2,538,619 personas e incluye hogares que alquilan, reciben una casa prestada o cedida, la pagan a plazos o poseen otra forma de tenencia.
En la Residencial Modelo, varios habitantes llegaron de manera informal. Otros entregaron dinero a antiguos ocupantes, pero no cuentan con documentos legales que respalden la propiedad.
Para estas familias, abandonar un edificio deteriorado no depende únicamente de reconocer el peligro. También implica encontrar una vivienda segura, con acceso a servicios básicos, cercana a sus empleos y con un costo que puedan asumir sin comprometer la alimentación, el transporte y el cuidado de sus hijos.
