Con solo su pensión, José sostiene a su familia y cuida a las palomas del Centro Histórico en la cuarentena

Cuando aparta lo necesario para cubrir las necesidades de su familia, utiliza el restante para comprar maicillo y dedica unas horas de su día para alimentar a las palomas del Centro de San Salvador.

Por Óscar Portillo

Abr 30, 2020- 15:23

Las personas y conductores lo veían con curiosidad, parecía que bailaba en un cruce de cebra frente a la Plaza Gerardo Barrios. En su mano izquierda tenía una bolsa con maicillo que lanzaba por la calle. Su público eran los cientos de palomas que se aglomeran frente al Palacio Nacional. Todas atentas a los pasos de José Canales.

El maicillo que les lanza, lo compró con el dinero de su pensión. Él asegura que luego de hacer cuentas, y guardar lo necesario, compra entre cinco y seis dólares para alimentar a las palomas. Es una práctica que mantiene cada vez que cobra su mensualidad y en cuarentena no ha dejado de hacerlo.

“Cuando tengo algunas monedas, para poderles comprar su maicillito, yo se los compro. Lamentablemente, por los tiempos en los que estamos, no hay quién les dé de comer”, expresa.

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Canales es otro rostro dentro de la burbuja del cordón sanitario, impuesto en las 400 manzanas urbanas del Centro de San Salvador, y mientras todos los que recorren las calles del Centro Histórico lucen cansados, preocupados y con cierta incertidumbre en sus rostros, él irradia una personalidad positiva y se preocupa por uno de los grandes olvidados de la pandemia: los animales.

Con placer observó cómo las palomas se dirigían hacia él mientras las alimentaba y comentaba que lo que más le gustaba de esa aves era la libertad que tenían, pero ese momento de gozo acabó para José cuando un automóvil atropelló a una de las aves frente a él.

“Esto no debería de pasar señores conductores, tengan más cuidado”, dijo tras ocurrido el hecho. Tomó a la paloma de sus patas y con una voz sollozante, y con los ojos vidriosos por las lágrimas que luchaba por contener, José Canales continuo: “Señores conductores, respeten las aves. Respeten a los animales. Esto no debería pasar”

Terminó de repartir la última bolsa de maicillo y se dirigió hacia un basurero y depositó a la paloma ahí. Él le dio su última comida. “San Salvador es Limpio” decía el basurero.

Foto EDH Óscar Portillo

Con tristeza, el hombre se dispuso a recorrer las calles del Centro. En ese momento se dirigía hacia el supermercado. Canales narraba que con su modesta pensión, que ganó luego de servir durante 11 años en el ejército, mantiene a su esposa, sus dos hijos y a su madre de 82 años.

“Lamentablemente estoy sin trabajo, pero es por cuidar el bienestar de todos”, señala. Con esa frase hacía énfasis en que estaba acatando las indicaciones del gobierno sobre obedecer la cuarentena y que debido a ello no ha podido trabajar en una pequeña parcela de tierra que tiene para cultivar.

“El viernes voy a regresar para darle de comer a las palomas, porque ese día tengo que regresar al super”, exclamó José Canales y se alejó sobre la acera.

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