Asesinato de enfermero en Mineápolis en operativo de ICE desata protestas
La muerte de Alex Pretti, segundo estadounidense abatido por agentes federales en Mineápolis, desató protestas y cuestionamientos al ICE y al gobierno de Trump.
Por
AFP
Publicado el 25 de enero de 2026
La muerte de Alex Pretti, un enfermero estadounidense de 37 años, abatido por agentes federales en Mineápolis, desató una nueva ola de indignación y protestas en Estados Unidos. Es el segundo ciudadano estadounidense muerto en enero durante operativos federales en la ciudad, tras el caso de Renee Good. Mientras el gobierno de Donald Trump sostiene que Pretti representaba una amenaza, análisis independientes cuestionan esa versión. Autoridades locales, líderes políticos y familiares exigen investigaciones transparentes. El caso reavivó el debate nacional sobre el uso de la fuerza, las políticas migratorias y el accionar del ICE.
La muerte de un ciudadano estadounidense, el segundo abatido por agentes federales en Mineápolis en enero, ha reavivado la indignación nacional y provocado nuevas protestas en una ciudad que desde hace semanas vive una escalada de tensión por la ofensiva antiinmigración impulsada por el gobierno del presidente Donald Trump.
Alex Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años, murió el sábado tras un altercado con agentes federales. Su fallecimiento ocurre apenas dos semanas después de la muerte de Renee Good, también estadounidense y de la misma edad, quien el 7 de enero fue abatida dentro de su automóvil por disparos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Como ocurrió en el caso de Good, la administración Trump afirmó rápidamente que Pretti representaba una amenaza para los agentes. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, aseguró en conferencia de prensa que el enfermero “estaba allí para perpetuar la violencia”, mientras que el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, lo calificó de “asesino” en una publicación en X, replicada por el vicepresidente JD Vance.
Te puede interesar: Tormenta invernal de gran magnitud avanza sobre Estados Unidos
De acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Pretti estaba armado con una pistola y se había “resistido violentamente” antes de que un agente, “temiendo por su vida”, disparara. En redes sociales, el DHS difundió una imagen del arma que supuestamente portaba la víctima.
Sin embargo, un análisis de las imágenes realizado por el medio de investigación Bellingcat contradice esta versión oficial. Según el reporte, “unos instantes antes de que se efectuara el primer disparo” se observa a uno de los agentes alejándose con una pistola similar a la mostrada por el DHS.
El análisis añade que al menos dos agentes distintos dispararon y que se realizaron diez disparos en total, “la mayoría” cuando Pretti ya se encontraba tendido en el suelo sin moverse. El jefe de policía de Mineápolis, Brian O’Hara, confirmó que Pretti residía en la ciudad, contaba con permiso legal para portar armas y no tenía antecedentes penales graves.
Te recomendamos: Ocho errores comunes que pueden poner en riesgo tu estatus migratorio en Estados Unidos
En el ámbito personal, colegas y familiares han rechazado la narrativa oficial. Dimitri Drekonja, jefe de la Sección de Enfermedades Infecciosas del hospital VA de Minneapolis, lo describió como “una buena persona, amable, que vivía para ayudar”. En un comunicado, los padres de Pretti acusaron a la administración Trump de difundir “mentiras repugnantes” sobre su hijo, a quien definieron como “un alma bondadosa” que “quería cambiar el mundo”.
Las protestas no se hicieron esperar. Varios cientos de manifestantes se concentraron el sábado por la noche en un parque de Mineápolis, pese al frío extremo, con temperaturas por debajo de los –20 °C. También se registraron vigilias y manifestaciones en ciudades como Nueva York y Los Ángeles.

La crisis ha escalado al plano político. Legisladores demócratas amenazaron con bloquear la financiación del gobierno federal, que enfrenta el riesgo de una nueva parálisis a finales de mes. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, exigió que la investigación sea supervisada por autoridades locales y no federales. “No se puede confiar en el gobierno federal”, afirmó, al tiempo que acusó al ICE de sembrar “el caos y la violencia”.
Desde el Partido Republicano, el senador Bill Cassidy, de Luisiana, pidió una investigación conjunta entre autoridades locales y federales. “La credibilidad del ICE y del DHS está en juego”, escribió en X.
El presidente Trump respondió desde su plataforma Truth Social, donde acusó al alcalde de Mineápolis y al gobernador de “incitar a la insurrección” con una retórica “peligrosa” y pidió permitir que la policía migratoria “haga su trabajo”. En contraste, el alcalde Jacob Frey instó al mandatario a poner fin a las operaciones del ICE en la ciudad y a restablecer “la paz”.
Mineápolis permanece en tensión desde la muerte de Renee Good, convertida en símbolo de los presuntos excesos del ICE. Para muchos residentes, el clima es de miedo. María, una vecina de 56 años que asistió a una manifestación para apoyar a los protestantes pacíficos y repartir calentadores de manos, aseguró que los agentes “atacan y aterrorizan” a los vecinos.
La indignación pública se amplificó esta semana con la detención de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años, y su padre, Adrian Conejo Arias, de nacionalidad ecuatoriana, arrestados cuando llegaban a su vivienda. Incluso figuras del mundo cultural se han pronunciado: la actriz Natalie Portman calificó la situación como “simplemente obscena” durante el festival de cine de Sundance, en Utah.
Mientras continúan las investigaciones y las protestas, Mineápolis se mantiene como epicentro de un debate nacional sobre el uso de la fuerza, la política migratoria y el papel de las agencias federales en Estados Unidos.
TAGS: Asesinatos | Estados Unidos | ICE | Migración de personas | Muertes violentas
CATEGORIA: Noticias | Internacional
