Evelio Menjívar, el salvadoreño que el papa León XIV nombró obispo de Virginia Occidental, Estados Unidos
El religioso chalateco, que migró a Estados Unidos en condiciones difíciles, asume una diócesis completa tras una trayectoria marcada por la fe, el trabajo y la defensa de los migrantes.
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elsalvador.com
Publicado el 01 de mayo de 2026
El papa León XIV nombró al salvadoreño Evelio Menjívar como obispo de Virginia Occidental. Originario de Chalatenango, migró indocumentado a EE.UU. en 1990 y trabajó en oficios duros antes de ordenarse sacerdote. Con sólida formación y trayectoria en Washington, donde fue obispo auxiliar desde 2023, ahora liderará la diócesis de Wheeling-Charleston, marcando un hito para la diáspora salvadoreña.
El nombre de Evelio Menjívar Ayala está inscrito en la historia reciente de la Iglesia Católica y de la diáspora salvadoreña. Este 1 de mayo de 2026, el papa León XIV lo nombró como nuevo obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, consolidando una vida marcada por la migración, el esfuerzo y la vocación religiosa.
El anuncio fue oficializado en Washington por el nuncio apostólico en Estados Unidos, el cardenal Christophe Pierre, tras la renuncia del obispo Mark Brennan por razones de edad. Con este paso, Menjívar asume la conducción de una diócesis que abarca todo el estado, en un contexto social muy distinto al que ha trabajado durante años.

Quién es Evelio Menjívar
Pero su historia está lejos de ser convencional. Nacido en el cantón Carasque, en Nueva Trinidad, Chalatenango, creció en una zona rural golpeada por el conflicto armado salvadoreño. A los 11 años tuvo que desplazarse junto a su familia y, años después, emprendió el camino que muchos salvadoreños han recorrido: migrar hacia Estados Unidos.
Durante su adolescencia intentó en tres ocasiones cruzar la frontera de manera irregular. Finalmente, en 1990, logró ingresar al país escondido en el maletero de un vehículo junto a su hermano, cruzando desde Tijuana hacia San Diego. Así comenzó su vida como inmigrante indocumentado.
En sus propias palabras, ha reconocido ese pasado sin rodeos: “Soy un ‘mojado’… Entré sin documentos. Soy un inmigrante más en ese país que por muchos años tuvo que ganarse la vida trabajando en construcción, limpieza y otros”. Esa etapa estuvo marcada por trabajos duros, largas jornadas y la necesidad de salir adelante en un entorno adverso.

Foto/ Cortesía
Vocación religiosa
Sin embargo, en medio de esas dificultades, su vocación religiosa comenzó a tomar forma. Desde joven había participado en la pastoral juvenil en El Salvador, pero fue en Estados Unidos donde esa inquietud se consolidó. Se integró a comunidades parroquiales en Los Ángeles y luego en Maryland, donde encontró el camino hacia el sacerdocio.
Su formación fue rigurosa. Estudió filosofía en el seminario St. John Vianney en Miami y luego obtuvo una maestría en Teología en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, en Roma. También se especializó en movilidad humana en el Instituto Pontificio Scalabriniano, una línea que influiría profundamente en su ministerio.
Fue ordenado sacerdote en 2004 y desde entonces desarrolló una amplia trayectoria en la Arquidiócesis de Washington. Se desempeñó como vicario parroquial en distintas iglesias, entre ellas Mother Seton en Germantown, San Bartolomé en Bethesda y la Catedral de San Mateo Apóstol. Posteriormente, asumió como párroco en varias comunidades, destacando su trabajo en Nuestra Señora Reina de las Américas y en Santa María, en Maryland.
Entre 2017 y 2023 lideró esta última parroquia, etapa en la que fortaleció su perfil pastoral. Ese mismo 2023 marcó un punto de inflexión: fue nombrado obispo auxiliar de Washington por el cardenal Wilton Gregory, convirtiéndose en el primer salvadoreño en alcanzar ese rango en Estados Unidos. Además, fue designado vicario general, uno de los cargos más influyentes dentro de la arquidiócesis.

Su liderazgo ha estado acompañado de una activa participación en organismos eclesiales y sociales. Ha sido miembro de juntas administrativas, consejos sacerdotales y organizaciones como Catholic Charities y Catholic Relief Services. También forma parte del Comité de Comunicaciones de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.
En 2024, su trayectoria fue reconocida por la Universidad de Georgetown, que le otorgó un Doctorado Honoris Causa. En ese contexto, expresó una de las ideas que mejor define su misión: “No podemos ser indiferentes al sufrimiento injusto que obliga a tantos al exilio” .
Ahora, con 55 años, enfrenta un nuevo reto al frente de la diócesis de Wheeling-Charleston, una jurisdicción con una población mayoritariamente anglosajona y con dinámicas sociales distintas a las comunidades migrantes con las que ha trabajado durante décadas.
Su nombramiento no solo representa un ascenso dentro de la Iglesia, sino también un símbolo para miles de salvadoreños que han migrado en busca de oportunidades.
Hoy, aquel joven que salió de Chalatenango en medio de la incertidumbre asume una de las responsabilidades más importantes dentro de la Iglesia Católica en Estados Unidos. Una historia que conecta con la realidad de muchos y que, sin duda, ya es parte de la memoria colectiva salvadoreña.
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