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Chimpancé Bubbles perteneció a Michael Michael Jackson.

Bubbles, la historia del chimpancé que acompañó a Michael Jackson

El chimpancé Bubbles pasó de un laboratorio a la fama mundial junto a Michael Jackson, convirtiéndose en símbolo de su estilo de vida excéntrico.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 28 de abril de 2026

 

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Bubbles, el chimpancé de Michael Jackson, vive hoy en el Center for Great Apes, en Florida, desde 2005. Con 43 años, es uno de los miembros más veteranos del santuario y líder de su grupo. Durante los años 80 alcanzó fama mundial al acompañar al cantante en giras y eventos, viviendo en Neverland como una celebridad más. Sin embargo, al crecer, su comportamiento natural hizo inviable su vida doméstica. Tras ser trasladado, encontró un entorno adecuado a su especie. Hoy lleva una vida tranquila, lejos de las cámaras, recordando la importancia del bienestar animal.

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Bubbles, el chimpancé que una vez acompañó a Michael Jackson en giras, entrevistas y apariciones públicas, hoy vive una vida muy distinta, lejos de los reflectores y más cercana a su verdadera naturaleza. Actualmente reside en el Center for Great Apes, en Florida, Estados Unidos, un santuario especializado donde ha encontrado estabilidad desde 2005. Con 43 años y cerca de 84 kilos, es uno de los miembros más veteranos del lugar y una figura respetada dentro de su grupo.

Lejos de la fama que lo rodeó en sus primeros años, Bubbles ha desarrollado una personalidad tranquila, aunque conserva un lado juguetón que lo hace especial. Según el santuario, es un chimpancé tímido y reservado, pero también travieso: le gusta bromear con los visitantes, salpicándolos con agua o lanzándoles arena, siempre como parte de su juego. Además, disfruta pintar, una actividad que estimula su mente y refleja una faceta curiosa de su comportamiento. A pesar de ser muy fotogénico, hay algo que no ha cambiado desde sus días de celebridad: no le gustan las cámaras. A menudo, cuando ve una, simplemente se da la vuelta.

La historia de Bubbles está profundamente ligada a la vida de Michael Jackson y a la imagen pública del artista. Nacido en 1983 en un laboratorio de Texas, fue adoptado por el cantante cuando aún era una cría. Desde ese momento, su vida dio un giro extraordinario: pasó de un entorno científico a convertirse en uno de los acompañantes más cercanos del “Rey del Pop”. En el rancho Neverland, Bubbles vivía como un miembro más del entorno doméstico. Dormía en una cuna, usaba ropa y participaba en actividades cotidianas junto a humanos.

Durante los años 80, su presencia se volvió habitual en la vida pública de Jackson. Lo acompañaba a entrevistas, grabaciones, eventos y giras internacionales, lo que lo convirtió en una figura reconocida a nivel mundial. Incluso apareció en videos musicales y sesiones fotográficas, consolidando su lugar como una de las “mascotas” más famosas de la historia del espectáculo. Para muchos fans, Bubbles simbolizaba el lado más tierno, infantil y excéntrico del cantante, quien siempre mostró una fuerte conexión con el mundo animal y una inclinación por crear un entorno mágico y fuera de lo convencional.

Sin embargo, esta relación también generó controversia. Diversas voces cuestionaron la decisión de criar a un animal salvaje en un ambiente humano, señalando los riesgos tanto para el chimpancé como para quienes lo rodeaban. Con el paso del tiempo, estas preocupaciones comenzaron a hacerse realidad. A medida que Bubbles crecía, su comportamiento natural se volvió más evidente: se hizo más fuerte, impredecible y difícil de manejar en un entorno doméstico. Lo que en su infancia parecía manejable, en la adultez se convirtió en un desafío.

Fue entonces cuando Michael Jackson tomó la decisión de trasladarlo a un santuario especializado, priorizando su bienestar. En el documental Living with Michael Jackson (2003), el artista reconoció que Bubbles se había vuelto agresivo, lo que hacía imposible mantenerlo en casa de forma segura. Este cambio marcó el final de su vida como figura pública y el inicio de una etapa más acorde a su especie.

En el Center for Great Apes, Bubbles ha encontrado un espacio donde puede vivir rodeado de otros chimpancés, desarrollando relaciones sociales propias de su naturaleza. Allí es considerado un líder dentro de su grupo, respetado por sus compañeros y cuidado por un equipo especializado que garantiza su bienestar físico y emocional. Su rutina está lejos del bullicio mediático, pero llena de actividades que enriquecen su vida diaria.

La historia de Bubbles es, en muchos sentidos, una mezcla de fascinación y aprendizaje. Por un lado, refleja una de las facetas más singulares de la vida de Michael Jackson, marcada por decisiones poco convencionales que alimentaron tanto la admiración como la crítica. Por otro, invita a reflexionar sobre el trato hacia los animales exóticos y las implicaciones de mantenerlos fuera de su entorno natural.

Hoy, lejos de los escenarios y las cámaras que alguna vez lo rodearon, Bubbles vive una vida más tranquila y acorde a sus necesidades. Aunque su pasado como “celebridad” sigue siendo parte de su historia, su presente en el santuario representa una segunda oportunidad: la de vivir como lo que siempre ha sido, un chimpancé. Su caso ayudó a visibilizar la importancia de respetar la naturaleza de los animales y a abrir un debate que sigue vigente en la actualidad.

Así, Bubbles ya no es solo el chimpancé de Michael Jackson, sino también un recordatorio de que el bienestar animal debe estar siempre por encima del espectáculo.

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