La novela de intrigas políticas: momentos suspendidos en la historia

“Había múltiples desenlaces que quedaron justo delante, pero estaban todos envueltos en neblinas impenetrables de la incertidumbre”. William Walker. Target: Switzerland (2020)

Incendio en una sinagoga en Frankfurt, Alemania, el 10 de noviembre 1938. Mañana después de la “Noche de los cristales rotos”, donde el régimen nazi organizó ataques a negocios de judíos, sus sinagogas y hogares por toda Alemania. / Foto Por EDH

Por Katherine Miller Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

May 01, 2021- 11:18

Los críticos literarios, presuntamente, han descubierto este año un nuevo género de novela: el “entre-guerras”. Es decir, una novela que presenta en ficción las intrigas políticas de la historia durante el período de 1918 a 1939, la fase entre el fin de la Primera Guerra Mundial y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Son cuentos comprimidos en las novelas de la historia de lo que se denomina “entre-guerras” (the interwar period), que abarcan no solamente la República de Weimar, sino también la vida cultural, moral y política de los países occidentales de Europa durante los años 1920 y 1940; el novelista presenta e interroga la historia de las consecuencias de las estrategias seguidas por Francia, Inglaterra, Suiza, Alemania, Austria, Italia y los Balcanes cuando el Tercer Reich e Italia estaban confeccionando el fascismo del siglo XX.

Pero, en realidad, este género europeo comenzó más temprano entre el grupo de Bloomsbury, la famosa tertulia estética inglesa que rodeaba a Virginia Woolf, Lytton Strachey, John Maynard Keynes y demás, comenzando aproximadamente en 1915. Y continúa hasta hoy, este mismo año. La “entre-guerras” ha servido como un verdadero campo minado de tesoros enterrados para los experimentos de novelistas del siglo XX y XXI. Veamos, brevemente, un bosquejo de unos pocos ejemplos de novelas experimentales de los cientos y cientos que han sido publicadas solamente por autores ingleses, irlandeses, alemanes, italianos, franceses y estadounidenses.

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Ejemplos representativos de este género abundan. Solo unos cuantos ejemplos pueden presentar el fenómeno. En Inglaterra aparecen Parade’s End (tetralogía publicada 1924-1928) de Ford Maddox Ford; Mrs. Dalloway (1925) y To the Lighthouse (1927) de Virginia Woolf; Lady Chatterly’s Lover (1928) y Women in Love (1920) de D.H. Lawrence; Black Lamb, Grey Falcon (Oveja negra, halcón gris 1941) de Rebecca West y The Wasteland (La tierra baldía 1922), el poema primordialmente apocalíptico del siglo XX escrito por T. S. Eliot. Todas son aportes a visiones de la posguerra después de la Primera Guerra Mundial. Otros poetas, Stephen Spender, Rupert Brooke, W.H. Auden y muchos otros se expresaron, como alumnos de Cambridge University que eran, como voluntarios eruditos, salidos directamente de la universidad prestigiosa optaron por servir como soldados rasos ingresados en el ejército británico para luchar en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Otorgan, en sus poemas, el horror inefable—fracaso y falla de la civilización occidental como la conocieron antes de las trincheras, las masacres, el gas, bombas del campo de batalla que ya ni parecían en nada a los caballos emplumados y uniformes bordados con oro que peleaban en años anteriores. Ya no había ni palabras para describir el horror. Christopher Isherwood, también escritor inglés, dibuja la ciudad de Berlín en las neblinas morales y filosóficas de la posguerra de los años 1920 en sus Berlin Stories, no publicado hasta 1945. George Orwell, periodista, escribió, en su calidad de combatiente en las brigadas internacionales de la resistencia contra Franco, en España, Homage to Catalunia (Homenaje a Catalunya 1938).

Adolf Hitler, Benito Mussolini y Gian Galeazzo Ciano en una conferencia en Munich el 1 de octubre de 1938. Foto: AFP

Explota en el escenario público en Francia y ante el mundo entero (por ser prohibido en Irlanda), en la modalidad de novela primordial de flujo de consciencia, la conflación de La Odisea sobre la ciudad de Dublín en su novela magnífica pero chocante a la sensibilidad de su sociedad: Ulysses (1922), del escritor irlandés James Joyce. En Francia Erich María Remarque aporta All’s Well on the Western Front (1929). En 1951, Alberto Moravia de Italia publica The Conformist (El conformista), un análisis de la conciencia de un fascista italiano durante la posguerra en Europa (versión de cine por Bernardo Bertolucci, 1970) y Andrzej Wajda, en Czechoslovakia, produce en 1958 el filme Ashes and Diamonds (Cenizas y diamantes) sobre un joven escuadronero de la izquierda.
En el mundo del cine italiano y alemán reina un sentido permanente de culpabilidad. Roberto Rossellini brinda al mundo su War Trilogy con Germany Ground Zero (Alemania, Zona Cero) en 1948 y, en 1979, Rainer Maria Fassbinder presenta su película monumental The Marriage of Maria Braun. Desde el París de la posguerra, el americano Ernest Hemingway escribe su novela sobre el Frente Italiano, A Farewell to Arms (1929). En 1974, procedente del genio del cinematógrafo Bernardo Bertolucci estalla, como mortero, el magnífico filme sobre el movimiento cultural y político que lleva a Italia al fascismo: 1900. Apasionantes e inquietantes son las novelas italianas sobre el escenario de entre-guerras. Unos pocos ejemplos son de Giorgio Bassano, The Garden of the Finzi-Continis (1962), e History: A Novel (1976), de la magnífica novelista Elsa Morante.

Esta última novela —History: A Novel— es tal vez un puente al nuevo tipo de novela, de entre-guerras, que los críticos han descubierto milagrosamente este año. Morante comienza cada capítulo de su libro, de más de 600 páginas, con un recorte de periódico: una noticia o acontecimiento verídico con portada y fecha del periódico, sobre movimientos de tropas y tanquetas y las traiciones diplomáticos del Eje y de los Aliados. Esto nos lleva a la trilogía de novelas de intrigas políticas publicadas en los últimos cuatro años, de William N. Walker, exdiplomático del gobierno de EE.UU. durante la posguerra en Europa, con acceso a la documentación secreta y oficial de los gobiernos del momento. Todo eso lo ocupa para fundamentar la veracidad de su ficción, hasta citando memoranda y pronunciamientos verbatim y apéndices de explicación. De hecho, sus novelas están escritas en un estilo tan sobrio y plano, con indicaciones en el texto de como tomar un trago o apagar un cigarrillo, que parecen guiones de cine. ¿Es posible que….?
La trilogía de Walker, escribiendo en esta tendencia, está compuesta de tres novelas: Danzig (2016), A Spy in Vienna (2018) y Target: Switzerland (2020). Cada novela lleva el subtítulo “A novel of political intrigue” (una novela de intrigas políticas). Walker escribe en una manera antiséptica y objetiva basada minuciosamente, como se ha mencionado, en los dramas e intrigas con amoríos del protagonista, un tal Paul Muller, un miembro de la élite social de graduados de las finas escuelas de Europa y miembro de la muy idealista formación de La Liga de Naciones. Niño de cariño del presidente estadounidense Woodrow Wilson en las negociaciones para el Tratado de Versailles de 1919, era precursor de las Naciones Unidas. Esta existía (apenas) durante el período de entre-guerras en Europa en que el mundo, en ese entonces, tenía mucha esperanza para esta organización internacional de la que los EE. UU. no era miembro.

Danzig era una ciudad alemana establecida por el Tratado de Versailles como “ciudad libre” y fue confeccionada geográficamente como provisión de este tratado, junto con un corredor de tierra cortado de la cintura de Prusia que salvaba a Polonia de ser cercada de tierra por un puerto marítimo en el Mar Báltico. (Hoy Danzig es la ciudad de Gdansk). La Liga de Naciones fue designada como salvaguarda responsable de mantener las protecciones constitucionales de Danzig como ciudad libre y neutral. Este estado de asuntos hubiera funcionado bien en tiempos tranquilos, pero fue amenazado por el surgimiento eminente de Hitler que eventualmente tomó el control, política y militarmente, de la ciudad. Es que la población de Danzig eventualmente se identificó fuertemente con el Partido Nazi y creó, así, una crisis para Europa.

Adolf Hitler saluda al primer ministro británico Neville Chamberlain en Munich 1938. Foto: AFP

Aunque Danzig no es una obra maestra, es una novel histórica en la que Walker integra personas reales con un protagonista ficcional, un joven de nombre Paul Muller perteneciente a las clases élites de la alta burguesía de Suiza, de familia de banqueros suizos e internacionales. Muller, después de graduarse de una universidad prestigiosa, comienza a trabajar con la Liga de las Naciones como diplomático. Es envuelto de inmediato en las luchas y batallas internecinas para controlar y contener a Hitler y Alemania, y su trabajo, en un principio, consiste solamente en reuniones en oficinas en Ginebra y conferencias internacionales (descritas en detalle) para mantener la neutralidad de Danzig. Como el Tratado de Versailles obliga a Alemania a aceptar la culpa por la guerra, a pagar reparaciones de guerra a cada país, además de una prohibición contra cualquier rearmamento, los resentimientos alemanes bajo el liderazgo de Hitler crecen, como el de los historiadores políticos que ahora culpan a las provisiones vengativas del Tratado de Versailles por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En la novela, Muller almuerza, fuma (y reparte) cigarillos franceses (Gitanes) y ocasionalmente ingleses (Pall Malls) y comparte tragos de todas clases y de cada país. Son eventos dramáticos con figuras históricas como Sir Anthony Eden, quien siguió las políticas de apaciguamiento delineadas por el ministro británico, Neville Chamberlain. Bajo la política de apaciguamiento, Inglaterra, Francia, Alemania y el Reino de Italia se reunieron en 1939 en la Conferencia de Munich y regalaron una franja de Czechoslovakia, Sudetenland, supuestamente para “apaciguar” a Hitler. De esta manera, la Conferencia de Munich fue, en un principio, celebrada como una manera de prevenir una guerra. Pero, enseguida, Hitler acordó con Stalin el Pacto Molotov-Ribbentrop entre los países fascistas y comunistas, acuerdo escalofriante en momentos cuando, bajo directivas del Comintern de la URSS, los partidos comunistas internacionales sumamente anti-fascistas estaban bajo la orden de rechazar como fascista cualquier movimiento anti-soviético. Ironía histórica. Siguió, en el mismo año, el Anschluss en que los Nazis invadieron y ocuparon a Austria.

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Turbulento es el ambiente en que tiene que trabajar Muller, protagonista ficcionalizado de las tres novelas. Muller es presentado como una figura idealista en el mundo de la política neutral de la Liga de Naciones en Ginebra, capital del país neutral de Suiza. Cabe aquí recordar que la historia ha condenado la Conferencia de Munich con la declaración de que “Aprendimos en Munich que el apaciguamiento es capitulación” (We learned at Munich that appeasemente is capitulation).

No obstante, en su estilo antiséptico pero dramático, Walker logra ubicar al lector y su imaginación en el centro de Europa después de la Primera y antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando Alemania estaba burlando las provisiones del Tratado de Versailles; y cuando Inglaterra estaba siguiendo la política traicionera de apaciguamiento, cuando la Liga de las Naciones inútilmente ostentaba altos principios de política internacional como el respeto para la neutralidad y la autodeterminación de naciones. Pero, frente a la brutal agresión sin principios de los Nazis, estaba sin el poder de parar a Hitler y las agresiones de sus ejércitos.

Sir Anthony Eden en Londres en 1938. Eden coincidió con la política de Neville Chamberlain de apaciguamiento hacia Alemania en primera instancia y cambió su postura después de la Conferencia de Munich y el Anschluss de 1939. Foto: AFP

En Target: Switzerland, segunda novela en la serie, los ingleses buscan a Muller para que recoja información sobre la economía alemana para saber si sanciones económicas pueden parar las agresiones alemanas. Con la ayuda de Hilde Magendaz, una economista enterrada en los sótanos del Swiss National Bank, pero en realidad una bella femme fatale brillantemente agresiva en enfrentamientos políticos verbales en los círculos diplomáticos, Muller obtiene la información necesaria y a la vez mantiene un amorío con ella. Lo que la pareja descubre es que la economía alemana está cayendo bajo el peso de la exigencia cruda de Hitler, quien exige más y más gastos para el rearmamiento de Alemania; y es así como rápidamente está acabando con las reservas de divisas extranjeras de Alemania, forzando un inevitable juicio hipotecario de sus préstamos internacionales. Además, descubren que Hitler tenía planes de implementar una carrera rodeando la Línea Maginot, la cual corre también por Suiza. Los suizos entran en un pacto secreto de defensa con Francia para que los franceses ayuden a Suiza si la invadiera Alemania.

En A Spy in Vienna, Muller ya es diplomático y espía al servicio de la inteligencia militar de Suiza. Los lectores leen una descripción de los preparativos de Hitler para tomar el poder en Europa en the Night of the Long Knives (en donde él manda a asesinar a su oponentes políticos dentro de su propio partido político) y puedan, literalmente, oler la sangre de los golpes y ser testigos de los pleitos callejeros cuando las tensiones suben con Kristallnacht (noche en que los matones alemanes quiebran las vitrinas de las tiendas judías) mientras las tropas alemanas se están preparando para el Anschluss (invasión y ocupación de Austria). En este ambiente, Muller se reúne con el ministro de finanzas y el jefe del National Bank of Switzerland, no solamente para determinar cuál política deberá seguir el canciller austriaco frente a la amenaza de la toma de Austria por Hitler, sino para maniobrar el traslado del oro suizo almacenado en el Bank of England para que no quede disponible para Hitler si invade Suiza.

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En este proceso, Muller entra a una cantina y toma tragos, en varias ocasiones, con periodistas corresponsales internacionales como método de informarse (e informar al lector) de los últimos desarrollos en toda Europa. Entre los corresponsales, Muller platica con el famoso William Shirer, personaje histórico quien posteriormente escribe la historia definitiva sobre el Tercer Reich. Y el amorío de Mulller en esta novela es con la bella esposa anti-Nazi del embajador de Alemania en Suiza, el canciller de la Alemania Nazi para Hitler, Franz von Papen. Descubre, de esta manera, que existen acuerdos secretos que ponen en peligro a Suiza y amenaza al país en convertirlo en un blanco definitivo en el conflicto que se acerca: la Segunda Guerra Mundial.

En las tres novelas, Walker dibuja maneras en que las naciones, por medio de sanciones, pueden maniobrar para evitar las agresiones bélicas provocadas por agresores fascistas. Intriga, decepción y traición internacional abundan en las tres novelas y cada una presenta un ambiente de duda, ansiedad y miedo cuando los actores verdaderos, inicialmente personas con principios buenos, de repente, enfrentan un cruce de caminos en el que tienen que tomar decisiones peligrosas e inesperadas que no necesariamente concuerdan con sus principios, pero que se imponen en luchas mucho más serias contra el fascismo.

Estas tres novelas de Walker forman un cuadro de los 20 años de paz después de la Primera Guerra Mundial que produjeron la Segunda Guerra Mundial. A la vez, incluyen un potente altavoz basado en propuestas incipientes a favor de métodos no violentos que países y personas neutrales pueden implementar —a gran peligro para sí mismos— para intentar salvaguardar a la humanidad: la aplicación de sanciones económicas e intrigas de diplomacia y alianzas secretas pero no bélicas. Pero en los tiempos actuales, se puede ver, desde el espejo retrovisor, que la correlación de sanciones contra agresiones no necesariamente establece una causalidad para prevenir. El “ahora” del tiempo interno de estas tres novelas de entre-guerras bien puede ser el “ahora” de nuestros tiempos.

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