El árbol de El carbonero que hoy está protegido en El Salvador
Una canción de Pancho Lara guarda una alerta ambiental: uno de los árboles que menciona en su estribillo está amenazado en el país.
La canción “El carbonero”, de Pancho Lara, no solo forma parte de la identidad cultural de El Salvador; también esconde una pista sobre la biodiversidad salvadoreña y el estado actual de tres árboles ligados a la memoria popular: nacascol, chaperno y copinol.
El estribillo ha pasado de generación en generación en escuelas, actos cívicos y reuniones familiares: “Sí mi señor, es buen carbón. Cómprelo usted, de nacascol. Y de chaperno y de copinol. Todo señor es buen carbón”. Pero detrás de esa frase tan conocida hay una pregunta que conecta cultura y medio ambiente: ¿cuál de esos tres árboles está protegido en El Salvador?
La respuesta es el nacascol. Esta especie figura en el Listado Oficial de Especies de Vida Silvestre Amenazadas o en Peligro de Extinción del Ministerio de Agricultura de El Salvador de 2015, bajo la categoría de amenazada. En cambio, el chaperno y el copinol no aparecen en ese listado de riesgo.
La información le da una nueva lectura a una de las canciones más emblemáticas del país. “El carbonero”, escrita en 1934 por el compositor santaneco Pancho Lara, ha sido considerada por muchos salvadoreños como una especie de segundo himno nacional, por su fuerza evocadora y por retratar a aquel trabajador humilde que bajaba de las cumbres con su “carboncito negro”.

Una canción que también habla de naturaleza
Durante décadas, “El carbonero” ha sido escuchada como una estampa musical sobre el trabajo, la vida rural y la nostalgia salvadoreña. Sin embargo, sus versos también nombran especies que formaron parte del paisaje y de la economía cotidiana del país.
El nacascol, el chaperno y el copinol fueron apreciados por la calidad de su madera para producir carbón. Esa utilidad los volvió parte del imaginario popular, pero también los vinculó a prácticas de extracción que, con el paso del tiempo, impactaron los ecosistemas donde crecían.

El Listado Oficial de Especies de Vida Silvestre Amenazadas o en Peligro de Extinción define una especie “Amenazada de extinción” como: “Toda aquella que si bien no está en peligro de extinción a corto plazo, observa una notable continua baja en el tamaño y rango de distribución de sus poblaciones, debido a sobre explotación, destrucción amplia del Hábitat u otras modificaciones ambientales drásticas”.
Esa definición ayuda a dimensionar el caso del nacascol. No se trata únicamente de un árbol mencionado en una canción antigua, sino de una especie que requiere atención por la reducción de sus poblaciones y la presión sobre su hábitat.
El nacascol, la joya protegida
El nacascol, identificado como Caesalpinia coriaria o Libidibia coriaria, es un árbol que difícilmente supera los 10 metros de altura. Se reconoce por su madera rojiza con vetas oscuras y por sus frutos en forma de legumbres carnosas, que se enroscan al madurar.

Su madera pesada y compacta fue valorada porque producía una brasa duradera. Además, sus frutos y corteza, ricos en taninos, se utilizaron en mercados populares para el curtido de pieles y para fabricar tintura negra.
De acuerdo con el biólogo Carlos Elías, catedrático de la Escuela de Biología de la Universidad de El Salvador, todavía es posible encontrar ejemplares de nacascol en zonas orientales como Guatajiagua, Morazán. Su presencia, sin embargo, ya no puede verse solo desde la nostalgia, sino desde la necesidad de conservarlo.
El caso del nacascol invita a preguntarse cuántas especies nativas forman parte de la cultura salvadoreña sin que sepamos realmente cuál es su situación actual. A veces, lo que se canta como recuerdo también puede funcionar como una señal de alerta.
Chaperno y copinol siguen en el paisaje
El chaperno, cuyo nombre científico es Lonchocarpus minimiflorus, puede rondar los 10 metros de altura, aunque algunos ejemplares alcanzan hasta 19. Sus flores púrpuras o rojo violeta lo vuelven un árbol llamativo dentro del corredor seco y las tierras bajas del Pacífico salvadoreño.
Era considerado una fuente de “carbón de primera” porque su madera densa generaba calor duradero y no producía chispas peligrosas al encenderse. Aunque sufrió explotación artesanal, su capacidad para crecer en suelos degradados y resistir sequías lo mantiene fuera de la lista de especies amenazadas. Según Carlos Elías, podría encontrarse aún en espacios como el Parque Bicentenario.
El copinol, identificado como Hymenaea courbaril L., es el más grande de los tres. Puede alcanzar hasta 40 metros de altura en condiciones óptimas. Tiene copa densa, fruto duro y una pulpa harinosa, dulce y comestible, que en El Salvador se ha utilizado para preparar atoles y refrescos.
Elías señala que el norte de Chalatenango es uno de los lugares donde puede encontrarse este árbol. Además, el copinol ha sido incluido en programas de reforestación y restauración de cuencas, y también ha funcionado como árbol de sombra en cafetales.
Memoria cultural y conciencia ambiental
La historia de estos tres árboles demuestra que la cultura popular puede ser una puerta de entrada para conocer mejor el patrimonio natural del país. “El carbonero” no solo habla del oficio, del carbón y del paisaje rural; también puede leerse como un pequeño mapa de biodiversidad salvadoreña.
Hoy, cantar su estribillo tiene otro sentido. El nacascol, el chaperno y el copinol ya no son únicamente nombres musicales, sino especies con historia, usos, valor ecológico y presencia en la memoria colectiva.
En especial, el nacascol recuerda que proteger la naturaleza también es cuidar una parte de la identidad nacional. Porque antes de ser carbón, esos árboles fueron sombra, fruto, madera, paisaje y vida en los territorios salvadoreños.
Tomado de El Diario de Hoy, con información de Agencias.
TAGS: El Salvador | Especies en peligro de extinción | Especies naturales | Especies vegetales | Soft News
CATEGORIA: Entretenimiento | Arte y cultura
