Siete de cada diez negocios familiares fracasa en la primera generación, según expertos

Uno de los mayores errores que cometen es “tomar la empresa como caja chica”.

Establecer salarios no por méritos, sino por parentesco dentro de empresas familiares también es uno de los errores que se comenten en este tipo de negocios y que interfiere en su crecimiento. Foto EDH / shutterstock

Por Jessica Guzmán

Oct 09, 2019- 22:30

En El Salvador y en muchos países de Latinoamérica las empresas familiares representan entre 85 y 90 % del parque empresarial, aportando cerca del 60 % del PIB, sin embargo, siete de cada diez de ellas fracasa en la primera generación.

Varios expertos señalan los errores que cometen los negocios familiares y que los llevan al fracaso y entre los más comunes está tomar la empresa como su caja chica.

Jaime Solís de BDS asesores indica que este es uno de los indicadores más comunes, ya que los dueños o fundadores de la empresa y que son familiares entre sí, no llevan un orden y utilizan los fondos, ganancias o activos para pagar cualquier cantidad de cosas o incluso deudas personales, sin llevar un orden, lo que lleva al segundo mayor error “no establecer reglas o políticas claras empresariales”.

José Roberto Miranda Alegría, director ejecutivo de la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador (Camarasal) explicó que “son varios los tipos de alertas que indican que hay problemas en las compañías”.

Otro de los más comunes está relacionado a conflictos personales que se derivan de situaciones familiares y que son ventilados en la empresa o viceversa.

También, “la falta de políticas y procedimientos claros genera desorden, gastos, pérdida de clientes y un mal clima organizacional. Todo esto repercute directamente en los resultados operativos del negocio”, señala el ejecutivo de la Cámara.

Esteban Brenes, exdecano de la Facultad y Maestrías del INCAE y experto en temas empresariales publicó en 2017 que uno de los entorpecimientos para el éxito de las empresas o negocios familiares es que “si no se han definido claramente los mecanismos de toma de decisiones y el liderazgo entre los hermanos, esta situación genera la formación de bandos y entorpece la toma de decisiones expedita”.

Brenes también hace ver en la publicación, que cuando no todos los miembros de la familia se han comprometido con el trabajo de la compañía y llega el momento de la división accionaria, surgen controversias, más aún al momento de la toma de decisiones.

Tomar la empresa como caja chica, no tener reglas, políticas, ni mecanismos claros, deriva en otro error, que es subir el salario a los ejecutivos de la empresa sin mérito, añade Solís.

“Establecer salarios no por méritos, sino por parentesco; le doy este ejemplo: el hijo se casa y tiene familia, entonces le aumentan el sueldo para que cubra sus necesidades; aunque, el puesto no de para establecer un salario tan alto”, ejemplifica el experto de BDS Asesores.

Según Miranda Alegría, en El Salvador se calcula que solo un 30 % de la empresas familiares pasa a una segunda generación y únicamente un 10% a manos de la tercera generación.

En una empresa familiar debe estructurarse el rol de cada quién y desarrollar todo un plan de negocios. Foto EDH /shutterstock

¿Por qué fracasan en la segunda o tercera generación?

El director del Instituto de la Empresa Familiar Latinoamericana (IEFL), Juan Antonio Monterrosa, señaló que en ese gran porcentaje que fracasa el impasse es por que en muchos casos los hijos no quieren seguir en ese negocio y se enfocan en otras carreras o rubros.

“Ese porcentaje de 65 % o 70 % no pasa a segunda generación porque en muchos casos los hijos no quieren hacerse cargo del negocio de los papás; en otros casos hay conflicto entre hermanos”, explica Monterrosa.

A esto se une lo que ya explicó Miranda, que no manejan normas de sucesión, los papás y fundadores tampoco quieren jubilarse.

La empresa o negocio se enfrenta entonces con dos generaciones al mando y esto deriva en que los padres no permiten a los hijos invertir en tecnología o nuevos procesos para que la empresa sea más competitiva.

Cambio de políticas

Los expertos también señalan que el fracaso en la segunda generación es porque cambian las políticas que han mantenido los fundadores.

Muchas empresas premian el trabajo, la lealtad y el esfuerzo de sus trabajadores y construyen una política de becas para los hijos de los empleados o brindan un bono a final de año, entre otros.

Pero muchas de estas políticas cambian cuando un hijo o sobrino asume la presidencia o dirección de la empresa; pensando en una estrategia de austeridad o de enfocar recursos a otros rubros, eliminan ciertos beneficios, lo que en muchos casos causa inconformidad, descontento o frustración en los empleados.

Su importancia en la economía del país

Los registros de la Cámara de Comercio también apuntan que las empresas familiares en el país emplean a un 65% de la población económicamente activa.

Sin embargo un buen porcentaje de esos empleos no son estables o sostenibles en el tiempo, por que la mayoría de estas compañías no sobrevive en el tiempo.

“Se calcula que solo un 30 % de la empresas familiares pasa a una segunda generación y únicamente un 10% a manos de la tercera generación”, según detalla Miranda.

Para la economía de un país como el nuestro, en el que las empresas familiares representan 60 % del PIB, que tengan un dinamismo de crecimiento o al menos sean sostenibles es lo ideal.

Plan de negocio

Una empresa familiar puede subsistir, pero el punto a tomar en cuenta es que se estructuren adecuadamente los roles de cada miembro del grupo familiar, explicó Monterrosa.

Además, es importante que se vayan generando herramientas como el protocolo familiar, un documento que se elabore con cláusulas matrimoniales, del patrimonio y de tradiciones, entre otros.

Monterrosa explica que los retos de las empresas empiezan por decidir un plan de sucesión a través de un proceso claro, contar con un protocolo familiar, para definir normas de actuación, reglas claras de cómo se manejará la familia y el negocio.

Además de esto, el experto de la Cámara de Comercio señala que las empresas familiares en su segunda generación tienen el riesgo de mejorar el desempeño de la organización y sus resultados, no pueden limitarse a mantener el status quo, sino que deben buscar al igual que los fundadores, dejar un legado.

Debido a esto último es importante, en la medida de lo posible, que el clima organizacional sea altamente positivo y todo lo que represente un incentivo por resultados alcanzados, sea otorgado.

Cada empresa, independiente de si es familiar, debe tener reglas y políticas claras con visión de negocios, enfocadas a resultados.

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