LO MÁS LEÍDO: ¿Sicario o exterminador de pandilleros? Así fueron los últimos días de El Limonada en Sacacoyo

Para unos fue un exterminador, un fulano a quien los pandilleros le tenían pánico; para otros fue un sicario. ¿Por qué si tenía una condena de 78 años recién impuesta, andaba libre?

Para unos fue un exterminador, un fulano a quien los pandilleros le tenían pánico; para otros fue un sicario, así lo definió la Fiscalía quien logró que le impusieran 78 años de prisión. ¿Por qué El Limonada mataba pandilleros? ¿Por qué si tenía una condena de 78 años recién impuesta, andaba libre? ¿Cómo hicieron para matarlo?

Por Jorge Beltrán Luna

Oct 07, 2019- 05:00

El 9 de febrero de 2018, Eduardo Castillo Calles, de 55 años, recibió una serie de condenas: “13 años y4 meses, 20 años, 5 años, 20 años, 20 años. Total 78 años 4 meses”, informa un boletín de la Fiscalía General de la República (FGR), publicado dos días después. El documento explicaba las condenas impuestas a un grupo de hombres y mujeres “parte de una banda de sicarios”.

A pesar de la abultada condena, Castillo Calles estaba en su casa, junto a otros dos parientes suyos, luego de que la condena fuera impugnada y, al no estar firme la sentencia, decidieron poner a todos los condenados en arresto domiciliar con vigilancia a través de un brazalete electrónico, según explicaron familiares.

Un comando armado entró al comedor y no solo lo mató a él sino a un comerciante (Salvador Zepeda Polanco) y a un empleado de éste último quien no fue identificado en el lugar.

“Le conté 23 hoyos por donde entraron las balas”, dijo uno de los familiares de Castillo Calles, cuya identidad se reserva por medidas de seguridad.

Los pandilleros le tenían miedo

Familiares de El Limonada no ignoraban que él mataba pandilleros. “Le tenían miedo porque cuando miraba a un marero lo perseguía hasta que no se le escapaba”, narró un hombre antes de explicar por qué Castillo Calles hacía eso; añadió que no es una justificación sino una explicación.

Eduardo Castillo Calles era un veterano de la Fuerza Armada. “Peleó toda la guerra y no le pasó nada”, cuenta un familiar.

El sábado abrieron la tumba donde ayer fue sepultado El Limonada, en la zona rural del municipio de Quezaltepeque.

Otros conocidos aseguran que fue parte del desaparecido Batallón Atlacatl. “Era bueno para el combate”, dijeron.

“Un sicario cobra por matar a cualquier persona; él no cobraba, no era sicario, era un exterminador”, opinó un veterano de guerra que aseguró haberlo conocido.

Castillo Calles fue veterano de guerra, condenado a 78 años de cárcel por matar pandilleros y asesinado el jueves pasado.

Al terminar el conflicto armado, Castillo Calles se estableció en el caserío El Tigre, del cantón Ateos, municipio de Sacacoyo, en el departamento de La Libertad. Ese caserío es parte del Valle de Zapotitán, una extensa planicie de tierras cultivables todo el año por su sistema de riego.

Logró hacerse de una casa, tener un vehículo, una motocicleta y establecer un comedor como negocio al que llegaban a comer muchos policías y militares a quienes a veces no les cobraba, aseguró un familiar.

Algunos de ellos llegaron a su velación y lamentaron el asesinato de su amigo, comentan.

Como muestra de ese aprecio, asegura un pariente, ayer cuando trasladaron el féretro desde el caserío El Tigre hasta una zona rural del municipio de Quezaltepeque, siete motocicletas y dos pickups policiales hicieron caravana con el carromato y otro más donde iban unos parientes del muerto.

Sin embargo, otros familiares creen que las siete motocicletas y los dos carro patrullas era nada más una escolta, ante la posibilidad de que los pandilleros pudieran asaltar el carro de la funeraria para profanar el cadáver.

¿Por qué el limonada andaba en libertad?

Parientes cercanos aseguran que Eduardo Castillo Calles estaba con libertad bajo medidas (brazalete electrónico y presentarse periódicamente a firmar a un juzgado) debido a que los abogados de él y del resto de condenados habían apelado la sentencia de 78 años de prisión por delitos de homicidio y que, como hacía más de dos años de que estaban detenidos, se les otorgó ese beneficio mientras un tribunal superior resolvía la apelación.

¿Por qué mataba pandilleros?

A El Limonada se le pegó un odio contra los pandilleros desde que mataron a un sobrino y le dieron un balazo en la espalda a su padre, un anciano de más de 80 años de edad, a quien la bala le dañó varios órganos internos a tal punto de dejarlo postrado en cama. Al cabo de tres años el anciano murió.

Según los parientes, fue un pandillero como de 10 años de edad el que llegó al lugar donde estaban cortando zacate el adolescente y su abuelo. Cuando el anciano quiso defender al nieto, el pandillero le dio el balazo.

Desde entonces, Eduardo Castillo Calles persiguió pandilleros en la zona de Sacacoyo, Ateos, Flor Amarilla; en la mayor parte del Valle de Zapotitán donde opera la clica Cinco Cedros Locos Salvatruchos, una agrupación acusada de privar de libertad a un soldado originario de San Matías, al cual asesinaron con tanta crueldad que el cabecilla de esa agrupación le quitó trozos de piel y se los lanzó a su perra, una pitbull.

Lo anterior consta en el expediente judicial contra varios pandilleros condenados por el asesinato del soldado Élder Bautista Valenzuela, en diciembre de 2011.

Años después del asesinato de ese soldado, El Limonada comenzó a vengarse por lo que le habían hecho a su padre y a su sobrino.

“Los pandilleros le tenían más miedo a El Limonada que a la misma Policía. Cuando decían que por ahí andaba El Limonada, los mareros se desaparecían”, cuenta un residente del caserío El Tigre.

Con dos pistolas en la cintura, (una 45 y una 9 mm), El Limonada se sentía seguro de que los pandilleros no lo matarían o que ninguno de ellos se le escaparía.

Andaba dos pistolas por si le fallaba una, era lo que solía comentar a amigos y parientes.

Incluso, hay quienes aseguran que El Limonada andaba armas largas que exhibía cuando se desplazaba en su vehículo.

Hay quienes cuentan que el temor y odio de los mareros hacia El Limonada era tal que trataron de matarlo varias veces pero fallaron. También se dice que los pandilleros trajeron desde México a un sicario vinculado a un poderoso cártel de drogas para que lo matara, pero salió al revés.

Castillo Calles a principios de 2016 sufrió varios atentados perpetrados por pandilleros. En una ocasión, le pegaron un balazo en la cabeza que le hizo perder el ojo derecho.

En otra ocasión, sufrió una emboscada cuando se desplazaba en un vehículo. Logró sobrevivir a pesar de varios balazos en el abdomen y piernas.

El viernes anterior, cuando le iban a poner la mortaja, los familiares afirman que le encontraron múltiples cicatrices de antiguas heridas de bala.

“Así como él les aventaba plomo, así también los pandilleros le llevaban hambre de matarlo”, afirmó un conocido de la víctima.

Eduardo Castillo Calles fue asesinado el pasado jueves, en el caserío El Tigre, cantón Ateos, municipio de Sacacoyo, La Libertad, por un grupo armado.

Así fue como lograron matarlo

El Limonada tenía aproximadamente mes y medio de haber salido de la cárcel. Desde entonces, aseguran algunos parientes, se le miraba como descuidado. Un familiar muy cercano dijo que presintió que lo podían a matar pues ya no era aquel hombre que andaba siempre alerta.

Además, la colocación del brazalete le impedía tomar sus propias medidas de seguridad y tenía prohibido portar armas de fuego.

Según allegados a El Limonada, él era vigilado por alguien muy cercano a su domicilio y se aprovecharon de su rutina para asesinarlo. Salía a la misma hora a almorzar, al mismo comedor.

Al mediodía del jueves 3 de septiembre, El Limonada llegó puntual a almorzar.

Para distraer a la Policía, afirman algunas fuentes, los asesinos cometieron un homicidio en el cantón Flor Amarilla, en el sector de Ciudad Arce.

Por eso es que, inicialmente, se dijo que eran cuatro los asesinados en ese sector.

Después de matar al hombre en Flor Amarilla se dirigieron al caserío El Tigre. Llegaron en un pick up doble cabina.

Los hombres uniformados como policías se bajaron y fueron directamente hasta donde estaba El Limonada y otros dos hombres comiendo.

Es posible, dicen las fuentes, que El Limonada se confiara al ver que quienes se bajaban del pick up iban uniformados como policías y hasta con chalecos antibalas.

Cuando reaccionó ya era demasiado tarde, los tenía demasiado cerca. A pesar de eso, se devanó en el piso para evitar las ráfagas que le disparaban. Pero el lugar era demasiado pequeño; no pudo escapar.

“No había nada donde defenderse y a dónde correr. No andaba nada con qué defenderse. De no ser así, le aseguro que no lo hubieran matado y no se le hubieran acercado tanto”, dijo ayer un familiar quien tiene claro que para unos era un sicario, como lo dijo la policía, pero que para muchos era una persona en quien confiaban los problemas que surgían con miembros de pandillas.

“Yo le había pedido que no me visitara porque no quería que sus problemas me alcanzaran. Lo que hacía era una decisión muy de él, para unos era bueno lo que hacía, para otros era malo pero ahora ya está muerto”, comentó uno de sus parientes. Castillo Calles fue velado por segunda noche en la zona rural de Quezaltepeque, antes de ser sepultado en el cementerio del lugar donde creció.

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