VIDEO: Juan Ernesto, el fotógrafo y socorrista más popular en Punta Roca

A pesar de no haber tenido la oportunidad de aprender a leer y escribir, Juan Ernesto Valencia ha conseguido salir adelante con su pasión por la fotografía y el mar.

Juan Ernesto trabaja como fotógrafo para mantener a su familia. Nunca estudió pero eso no ha sido impedimento para que salga adelante.

Por Jonathan Tobías

Ago 01, 2019- 22:11

LA LIBERTAD. Lo que para muchas familias es un lugar confortable y lleno de diversión durante la época de vacaciones, para Juan Ernesto Valencia Mendoza se ha convertido en una oportunidad de llevar a su familia el sustento de cada día, en las playas de La Libertad.

Juan Ernesto vive junto a Carmen Flores, su compañera de vida, y los tres hijos de ambos a un kilómetro de distancia de la playa Punta Roca, uno de los lugares más visitados por los turistas, específicamente por quienes buscan dominar las olas del mar.

“A los turistas les gusta visitar nuestras playas porque (en otro lado) no hay olas tan grandes como las nuestras”, afirma el joven, de 27 años de edad.

Los surfistas extranjeros son los primeros que observan a Valencia sentando en una enorme roca a la orilla del mar, incluso minutos antes de que salgan los primeros rayos del sol. En su mano siempre anda cargando una cámara profesional, su principal herramienta de trabajo, que lo ha acompañado por diez años.

“Tomar fotos me ayuda a ganar dinero y alejarme de las cosas malas”, reflexiona el joven, mientras alista su equipo para comenzar su jornada.

Por motivos económicos y diversos factores, Juan Ernesto no pudo realizar ningún grado de estudio. Sin embargo, esto no fue un impedimento para quedarse de brazos cruzados. Según datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples 2018, la tasa de analfabetismo para el departamento de La Libertad es del 8.9 %, y en zonas del área rural, como en la que Ernesto habita, un 30 % de los hogares se encuentran bajo condiciones de pobreza.

El joven tuvo que recurrir a la ayuda de un amigo que ahora vive en los Estados Unidos, para obtener su equipo fotográfico y sin ningún conocimiento previo comenzó a tomar fotos. “Con los años me he dado cuenta que dedicarse a esto es una buena manera de ganarse la vida”, expresa el fotógrafo.

La jornada laboral de Ernesto

A las 5:00 de la mañana, cuando aún está oscuro, el joven sale de su casa y camina hasta las orillas de la playa para comenzar su día de trabajo y aprovechar los colores del amanecer para tomar unas cuantas fotos del hermoso panorama.

“Me siento feliz porque hoy hago algo que deseaba hacer antes y no podía”, recuerda Ernesto, aludiendo a que desde pequeño su atención era captada por esta profesión.

Ernesto nunca tuvo oportunidad de estudiar y lo poco que sabe lo ha aprendido de forma empírica, bajo la necesidad de salir adelante. Sin embargo, aprender a leer o escribir no es una prioridad para el joven porque opina que el no saber hacerlo no ha sido un impedimento.

Como resultado del frecuente trato con los extranjeros, el fotógrafo empírico ha aprendido algunas palabras en inglés e italiano, las nacionalidades más comunes de los visitantes de esa parte de la costa salvadoreña. Además, los visitantes de otros países pagan muy bien por sus servicios fotográficos.

“A veces me pongo a contar las fotos y en la semana saco como cuatro mil imágenes”, dice sorprendido.

Luego, cuando tiene la cantidad de fotos de sus clientes, se las hace llegar a los surfistas por medio de una memoria USB o vía telefónica a través de WhatsApp.

Sus compañeros de trabajo, otros fotógrafos que se dedican al mismo oficio, le ayudan a guardar los números de teléfono de los clientes y suele comunicarse con ellos a través de mensajes de voz.

Fotógrafo y surfista

Como es de esperarse, el ambiente en la playa se mantiene muy caluroso y Juan Ernesto aprovecha algunos de los días para surfear junto a los turistas, ya que la cercanía de su casa le facilita poder trasladarse para hacer diversas actividades en su día a día cuando se tiene la oportunidad.

La pareja del fotógrafo, junto a los hijos de ambos, preparan charamuscas para venderlas y poder obtener algunos ingresos.

“Ambos trabajamos de una u otra forma para sacar a nuestros hijos adelante”, declara Carmen. Tienen una niña que cursa séptimo grado y un niño que va a primero.

La jornada de trabajo del fotógrafo termina a las 6:00 de la tarde, en el momento en donde la oscuridad invade y cae la noche. Cuando todos los surfistas se han retirado de la playa, es momento de volver a casa para pasar tiempo con sus hijos antes de dormir.

“Cuando me descuido, mi niño pequeño agarra mi cámara. Cuando él crezca quisiera que hiciera lo mismo que yo”, manifiesta con orgullo.

La mezcla de dos pasiones

Juan Ernesto Valencia no solamente es conocido como el muchacho de las fotos, también se le conoce por su trabajo como voluntario de la Cruz Verde Salvadoreña.

“Cuando las olas están bajas sé que no van a venir los surfistas, así que me voy a cubrir eventos de salvamento”, declara.

Las experiencias que ha logrado obtener como socorrista y actuar bajo primeros auxilios lo han llevado a mezclar ambas profesiones, no solo para ganar dinero, sino con el objetivo de ser un canal de ayuda para las personas que lo necesitan.

“Un día un turista se quebró un pie cuando estaba surfeando y yo fui a rescatarlo”, relata el joven con satisfacción.

Su deseo de ayudar proviene en gran parte de su fe y relación con Dios. Siempre que tiene oportunidad se dirige a una iglesia Cristiana que se encuentra cerca de su vivienda, en la Comunidad Río Mar del Puerto de La Libertad; del dinero que gana compra flores para donarlas como ofrenda ante el altar.

El porteño declara que quisiera ir a otras playas para extender cada vez más sus servicios, pero la poca seguridad y delincuencia que acarrea el país lo limita a mantenerse en una zona donde es conocido.

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