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Con 11 años en Estados Unidos, el chef salvadoreño Giovanni Rivera logró abrirse camino en la alta cocina de Atlanta tras iniciar su carrera como lavaplatos.

El sueño americano de un salvadoreño que conquistó la cocina en Atlanta

Giovanni Rivera llegó a Estados Unidos sin hablar inglés y comenzó lavando platos. Once años después es chef ejecutivo en uno de los restaurantes de mariscos más reconocidos de Atlanta.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 07 de marzo de 2026

 

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El salvadoreño Giovanni Vladimir Rivera Ramírez llegó a Estados Unidos hace 11 años con apenas 19 años y sin hablar inglés. Su primer trabajo fue como lavaplatos en un restaurante de mariscos en Atlanta, Georgia. Gracias a su formación en gastronomía, disciplina y dedicación, fue aprendiendo cada área de la cocina hasta convertirse en sous chef y posteriormente en chef ejecutivo. Hoy dirige la cocina de uno de los restaurantes más grandes de la compañía, reconocido por su oferta de mariscos de alta calidad. Rivera asegura que su mayor orgullo es representar a El Salvador y demostrar que los salvadoreños pueden triunfar con esfuerzo y perseverancia.

Con apenas 19 años, sin hablar inglés y con una maleta llena de sueños, el salvadoreño Giovanni Vladimir Rivera Ramírez llegó a Estados Unidos con una meta clara: demostrar que el esfuerzo y la pasión pueden cambiar el rumbo de una vida. Once años después, ese joven inmigrante que comenzó lavando platos se ha convertido en chef ejecutivo de uno de los restaurantes de mariscos más reconocidos en Atlanta, Georgia.

La historia de Giovanni es una de perseverancia, sacrificio y orgullo por sus raíces. Como muchos salvadoreños que emigran en busca de oportunidades, llegó al país norteamericano dispuesto a trabajar duro desde el primer día. Su primer empleo fue en la cocina de un restaurante de mariscos de una reconocida compañía gastronómica en Atlanta. El puesto era sencillo: lavaplatos.

Sin embargo, detrás de ese trabajo inicial había un joven con formación en gastronomía y con una pasión por la cocina que había comenzado desde muy pequeño.

Giovanni Rivera dirige la cocina de un restaurante especializado en mariscos en Atlanta, donde ha construido su carrera durante más de una década.
Giovanni Rivera dirige la cocina de un restaurante especializado en mariscos en Atlanta, donde ha construido su carrera durante más de una década. / Foto cortesía.

Su amor por la cocina nació cuando tenía apenas 12 años, mientras ayudaba a su madre en un pequeño negocio de comida que ella tenía en El Salvador. Ese restaurante familiar, aunque modesto, fue la primera escuela donde Giovanni aprendió disciplina, responsabilidad y creatividad entre ollas y sartenes.

“Todo viene desde ahí. Mi mamá tenía un pequeño negocio de comida y yo siempre le ayudaba. Desde niño aprendí muchas cosas y también a valerme por mí mismo”, recuerda.

Con el tiempo decidió profesionalizar su talento y estudió gastronomía en El Salvador, donde aprendió las bases teóricas de la cocina. Aun así, asegura que la verdadera formación ocurre cuando se enfrenta la presión de una cocina profesional.

“En la escuela te enseñan la teoría, pero lo práctico lo aprendes cuando estás trabajando de verdad”, afirma.

Cuando llegó a Estados Unidos, el idioma representó uno de los mayores desafíos. Giovanni no hablaba absolutamente nada de inglés, pero decidió que esa barrera no sería un impedimento para avanzar. Con determinación comenzó a aprender cada área del restaurante donde trabajaba.

Observaba, preguntaba y se ofrecía para ayudar en todo lo que podía. Poco a poco fue dominando las distintas estaciones de la cocina.

Su esfuerzo no pasó desapercibido.

En menos de un año logró ascender a sous chef, el segundo al mando dentro de la cocina, una responsabilidad que implicaba coordinar personal y garantizar la calidad de los platos.

El reto era enorme. Giovanni tenía apenas 19 años y debía liderar a cocineros con mucha más experiencia que él.

“Fue difícil por la edad. Tenía que ganarme el respeto de personas que llevaban más tiempo trabajando. Pero ser jefe no es solo mandar, también se trata de ser un buen líder”, explica.

Para él, el liderazgo en la cocina se basa en enseñar y compartir conocimientos con el equipo.

“Me gusta mostrar cómo quiero que se hagan las cosas y enseñar lo poco o mucho que sé. Así todos crecemos juntos”, dice.

Salvadoreño radicado en Atlanta, Georgia, comenzó como lavaplatos y hoy se desempeña como chef ejecutivo en uno de los restaurantes de mariscos más reconocidos de la ciudad.
Salvadoreño radicado en Atlanta, Georgia, comenzó como lavaplatos y hoy se desempeña como chef ejecutivo en uno de los restaurantes de mariscos más reconocidos de la ciudad. / Foto cortesía.

Con los años, su dedicación y talento lo llevaron a asumir mayores responsabilidades dentro de la compañía. Hace siete años fue nombrado chef ejecutivo, una de las posiciones más importantes dentro de la estructura del restaurante.

Actualmente está a cargo de uno de los restaurantes más grandes de la empresa en Atlanta, un establecimiento reconocido por su propuesta culinaria basada principalmente en mariscos de alta calidad.

En la cocina que dirige se preparan productos provenientes de distintas partes del mundo, como cangrejo rey de Alaska, vieiras y diversas variedades de pescado. También se sirven cortes selectos de carne como ribeye, New York steak y filet mignon.

Entre los platos más emblemáticos del restaurante destacan las ostras grilladas con mantequilla de ajo y queso parmesano, una receta que se ha mantenido en el menú por casi dos décadas y que se ha convertido en uno de los favoritos de los clientes.

Para Giovanni, trabajar en la cocina de alto nivel implica una gran responsabilidad.

“La gente paga bastante por lo que come, así que tenemos que mantener un estándar muy alto. Para mí lo más importante es la calidad”, asegura.

Aunque el restaurante se especializa en cocina de estilo francés y americano, Giovanni también ha logrado incorporar pequeños toques de su herencia salvadoreña, especialmente en platillos como ceviches de pescado y camarón.

Más allá de la gastronomía, el chef considera que representar a El Salvador en el extranjero es uno de sus mayores orgullos.

“Para mí es muy importante decir de dónde soy. Muchas veces a los latinos no nos toman en cuenta, pero quiero demostrar que podemos hacer las cosas bien. Siempre llevo mi bandera conmigo”, afirma.

El camino hacia el éxito no ha estado libre de dificultades. Como muchos migrantes, Giovanni ha enfrentado momentos de cansancio, estrés y dudas. Incluso hubo ocasiones en las que pensó en renunciar.

Sin embargo, el reconocimiento de los clientes y el deseo de construir una mejor vida para su familia lo motivaron a seguir adelante.

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“Muchas veces quise rendirme, pero cuando los clientes te dicen que les encanta lo que haces, eso te da fuerzas para continuar”, comenta.

Después de más de una década en Estados Unidos, su sueño sigue creciendo. Su meta a largo plazo es abrir su propio restaurante y seguir demostrando que los salvadoreños pueden destacar en cualquier parte del mundo.

Mientras tanto, envía un mensaje claro a los jóvenes que sueñan con emigrar y triunfar.

“La vida aquí no es fácil, pero todo se puede lograr si trabajas duro. Si te propones algo y luchas por ello, puedes cambiar tu vida”.

La historia de Giovanni Rivera demuestra que el llamado “sueño americano” todavía puede construirse con sacrificio, perseverancia y pasión. Y que, a veces, el camino hacia el éxito comienza en el lugar menos esperado: frente a un lavaplatos.

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