Ovidio, el salvadoreño que vende leche de cabra en el centro de San Salvador
Ovidio Ramírez recorre más de 50 kilómetros desde San Luis Talpa, carga su rebaño y prepara lo necesario para vender leche de cabra en el corazón del Centro Histórico. Su rutina se repite todos los días como única garantía para sostener a su familia.
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elsalvador.com
Publicado el 10 de enero de 2026
Ovidio Ramírez, de 40 años, viaja diariamente desde San Luis Talpa, La Paz, hasta el Centro Histórico de San Salvador para vender leche de cabra en la Plaza Libertad. Su jornada inicia alrededor de las 3:30 a. m., cuando alimenta y revisa su rebaño antes de cargarlo en su camión rumbo a la capital. La venta de leche le permitió dejar trabajos temporales con salarios bajos y ofrecer una vida más estable a su esposa y dos hijos. Además de vender en la plaza, realiza labores agrícolas para completar ingresos. Su clientela es fiel, principalmente adultos mayores que buscan la bebida por beneficios nutricionales.
El reloj marca las 3:30 de la mañana y, mientras buena parte del país duerme, el patio de la casa de Ovidio Ramírez ya está iluminado por lámparas encendidas.
En San Luis Talpa, La Paz, la madrugada equivale a inicio de jornada para él y su rebaño de cabras, que se convierten cada día en su principal herramienta de trabajo.
A sus 40 años, Ovidio ha aprendido a ganarse la vida sin depender de un horario fijo ni de un jefe. Su día empieza con pasos rápidos, revisar uno a uno los animales, asegurarse de que coman bien, preparar el equipo de venta y cargar el camión que lo llevará al Centro Histórico de San Salvador. La carretera se convierte en su oficina móvil.
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Cerca de las 6:00 de la mañana ya está ubicado en la Plaza Libertad de la capital. En un costado de la plaza, entre puestos de comida, vendedores de periódico y transeúntes con prisa, Ovidio comienza a ofrecer vasos de leche fresca y bolsas para llevar.
Para muchos de sus compradores, él ya forma parte del paisaje regular del centro. Su clientela es fiel y, en su mayoría, adulta.
“Hay señores que ya vienen directo, sin preguntar”, relata mientras prepara un vaso tibio. Algunos consumidores lo buscan por recomendaciones médicas, otros por nostalgia de campo y más de uno porque asegura que la bebida tiene beneficios para la energía y los huesos.

El camino hacia este oficio no fue sencillo. Antes de criar cabras, Ovidio trabajó en todo lo que pudo: albañilería, apoyo en fincas, trabajos eventuales que le dejaban no más de cinco dólares diarios.
El ingreso apenas alcanzaba para sostener a su esposa y dos hijos. Fue entonces cuando un vecino le habló de la venta de leche de cabra.
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Con duda, pero con necesidad, decidió intentarlo con pocas cabras. Su primera mañana en la capital fue reveladora, ganó en media hora lo que solía recibir por un día entero de trabajo. Desde entonces, el negocio se volvió su rutina y su apuesta principal.

Hoy, además de ordeñar y vender, cumple el rol de cuidador especializado sin haber estudiado veterinaria. Aprende del ensayo y error: alimentación correcta, control de enfermedades, protección contra clima extremo y cuidado en los partos. Cada cabra representa inversión, responsabilidad y sustento.
Pero su día no termina en el Centro Histórico. Tras cerrar ventas y empacar sobrantes, vuelve a San Luis Talpa para atender tareas pendientes.

A veces limpia terrenos ajenos, instala cercos o apoya en labores agrícolas. Son horas extras que completan lo necesario para su hogar.
El Centro Histórico ha cambiado, turistas, más comercio, calles ordenadas y espacios renovados. Ovidio ha visto cómo el movimiento crece alrededor de su punto de venta. Aunque todo se transforme, él mantiene la misma constancia: manos ocupadas, mirada despierta y madrugadas sin quejas.

Lo que empezó como una alternativa, se convirtió en su forma de estabilidad. “De aquí sale todo lo que necesitamos”, dice con certeza. Y por eso, día tras día, la capital lo recibe al amanecer con un puesto discreto, pero con un esfuerzo enorme detrás.
Cuando cae la tarde, el camión regresa con las cabras y con lo necesario para volver a intentarlo mañana. Porque en la historia de Ovidio, cada amanecer trae leche, carretera y ganas de seguir.

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