Así era el Aeropuerto Internacional de El Salvador en los años 80
Pantallas electrónicas, gradas mecánicas y una terminal que cuadruplicaba el tamaño del Aeropuerto de Ilopango marcaron un hito. En enero de 1980, El Salvador inauguró en Comalapa su nuevo Aeropuerto Internacional
Por
Leidy Puente
Publicado el 25 de enero de 2026
En enero de 1980, El Salvador inauguró en Comalapa el Aeropuerto Internacional de El Salvador, una obra que marcó un antes y un después en la aviación nacional. La nueva terminal, cuatro veces más grande que el aeropuerto de Ilopango, sorprendió por su modernidad, amplios espacios y tecnología inédita para muchos viajeros de la época. El primer vuelo comercial de TACA dio inicio a las operaciones en medio de expectativas y críticas iniciales por el acceso vial. Con los años, el aeropuerto cambió de nombre, se modernizó y continúa en proceso de ampliación, consolidándose como la principal puerta aérea del país.
Durante décadas, el Aeropuerto Internacional de Ilopango fue la principal puerta aérea de El Salvador. Desde ahí despegaron los primeros vuelos comerciales y se vivieron despedidas familiares que parecían interminables, cuando viajar en avión era un acontecimiento poco común.
Sin embargo, hacia finales de los años setenta, el aumento del tráfico aéreo dejó en evidencia las limitaciones de esa terminal, tanto por espacio como por ubicación.
Ante ese escenario, el país apostó por una nueva infraestructura aeroportuaria. El proyecto tomó forma en Comalapa, en La Paz, a unos 36 kilómetros al sur de San Salvador.
La construcción estuvo a cargo de la empresa japonesa Hazama Gumi, bajo la administración de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA), y fue concebida como una terminal moderna, con mayor capacidad y posibilidad de expansión.
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La obra avanzó con rapidez y para 1979 ya estaba concluida. El relevo histórico se concretó el 29 de enero de 1980, cuando se limitaron oficialmente las operaciones internacionales en Ilopango. Un día después, el 30 de enero, el nuevo aeropuerto inició formalmente sus funciones.
El Diario de Hoy lo anunció en su portada con un titular que hoy forma parte del archivo histórico: “Inicia operaciones moderno Aeropuerto ‘El Salvador’”. Así comenzaba la historia del entonces Aeropuerto Internacional de El Salvador, inaugurado en medio de un contexto nacional complejo, pero cargado de simbolismo y expectativas.
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Un evento que sorprendió
Las crónicas de la época coinciden en que la nueva terminal impresionó a los viajeros. El aeropuerto era cuatro veces más grande que Ilopango, contaba con aire acondicionado, amplias salas de espera, sistemas de sonido, señalización moderna y pantallas informativas, elementos novedosos para muchos salvadoreños de entonces.

Las fotografías publicadas muestran escenas hoy cargadas de nostalgia: pasajeros formados en los mostradores, familias despidiéndose detrás de los ventanales y aeromozas de TACA descendiendo del primer vuelo comercial que aterrizó en la nueva terminal.
Viajar en avión no era algo cotidiano; era un evento que se vivía con emoción y expectativa. El primer vuelo comercial de TACA International operó sin contratiempos y contó con la presencia de autoridades civiles, militares y funcionarios de CEPA. Para muchos, ese momento simbolizaba modernidad, progreso y conexión con el mundo.
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Sin embargo, la inauguración no estuvo exenta de señalamientos. Desde los primeros días, los usuarios manifestaron inconformidad por el estado de la carretera de acceso, que aún no estaba completamente terminada y dificultaba el traslado hacia la terminal.
También se registraron reclamos de motoristas de taxis, quienes denunciaban cobros elevados por operar dentro del aeropuerto.

¿Qué pasó con Ilopango?
Aunque dejó de ser el principal aeropuerto internacional del país, Ilopango no desapareció. Años después retomó operaciones limitadas para aviación privada, vuelos oficiales, ambulancias aéreas y uso militar, manteniéndose activo dentro del sistema aeronáutico nacional.
Para muchos salvadoreños, Ilopango quedó asociado a los primeros viajes en avión, mientras Comalapa representó el salto hacia una nueva etapa de mayor conectividad.

Durante más de tres décadas, la terminal operó bajo el nombre Aeropuerto Internacional de El Salvador. Fue hasta el 20 de marzo de 2014 cuando la Asamblea Legislativa aprobó cambiar su denominación a Aeropuerto Internacional de El Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, en reconocimiento al legado del mártir salvadoreño.
Posteriormente, el nombre incorporó el tratamiento de “San” Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, como se le conoce actualmente.
Un aeropuerto que sigue transformándose
El aeropuerto inaugurado en 1980 no es el mismo que conocen hoy los viajeros. Con el paso de los años, la terminal ha atravesado procesos constantes de modernización y ampliación, adaptándose al crecimiento del tráfico aéreo, a la llegada de nuevas aerolíneas y a las exigencias internacionales de seguridad.
En años recientes, el aeropuerto ha sido escenario de obras de construcción y remodelación que avanzan por etapas: ampliación de áreas de chequeo, nuevas salas de espera, puentes de abordaje y espacios comerciales, mientras la terminal continúa operando y recibiendo a miles de pasajeros cada día.

A más de cuatro décadas de su inauguración, el Aeropuerto Internacional de El Salvador sigue siendo un termómetro del movimiento aéreo del país.
De acuerdo con datos de CEPA, la terminal cerró 2025 con 5.20 millones de pasajeros atendidos, lo que representó 92,163 usuarios menos en comparación con 2024, una reducción del 1.7 %.
La disminución se concentró en el flujo de pasajeros que ingresaron y salieron del país por la terminal aérea. Aunque el año inició con cifras al alza en enero, el movimiento comenzó a mostrar descensos a partir de febrero y esa tendencia se mantuvo durante el resto del año.
Aun así, diciembre fue el mes con mayor afluencia, con 524,641 pasajeros, seguido de julio, que registró 507,944 viajeros.

La puerta aérea del país
Desde aquel enero de 1980, el Aeropuerto Internacional de El Salvador ha sido escenario de millones de historias: migraciones, retornos, despedidas silenciosas y abrazos largos.
Ha cambiado de nombre, ha crecido y se ha transformado, pero conserva algo intacto: ser la principal puerta aérea del país y un espacio profundamente ligado a la memoria colectiva de los salvadoreños.
Hoy, entre obras en marcha y cifras que reflejan los retos del presente, el aeropuerto sigue siendo el lugar donde El Salvador despega, aterriza y continúa escribiendo su historia, pista por pista.

