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Las remesas familiares siguen siendo el principal sostén económico para miles de hogares en el Triángulo Norte de Centroamérica.

Remesas al Triángulo Norte superan los $7,183 millones y crecen 7.6% en inicio de 2026

El Salvador, Guatemala y Honduras recibieron $7,183 millones en remesas entre enero y febrero de 2026, con un alza interanual del 7.6%, según la OIM.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 09 de abril de 2026

 

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Las remesas familiares hacia el Triángulo Norte de Centroamérica continúan en ascenso durante 2026. Entre enero y febrero, El Salvador, Guatemala y Honduras recibieron un total de $7,183 millones, lo que representa un incremento del 7.6% respecto al mismo período del año anterior, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Guatemala lidera la recepción de estos ingresos, seguida por Honduras y El Salvador. Este crecimiento refleja el papel clave de los migrantes en el sostenimiento económico de la región, donde las remesas son utilizadas principalmente para consumo básico, servicios y apoyo directo a los hogares.

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Las remesas familiares continúan consolidándose como uno de los principales pilares económicos del Triángulo Norte de Centroamérica. Entre enero y febrero de 2026, El Salvador, Guatemala y Honduras recibieron un total de $7,183 millones, lo que representa un crecimiento del 7.6 % en comparación con el mismo período de 2025, de acuerdo con datos recopilados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

El incremento equivale a $509 millones adicionales respecto a los $6,674 millones registrados en los primeros dos meses del año pasado, evidenciando la sostenida dependencia de estos países de los envíos de dinero provenientes del exterior, principalmente de Estados Unidos.

Guatemala se mantiene como el principal receptor de remesas en la región, con $3,848.6 millones, lo que representa el 53.6 % del total. Le sigue Honduras con $1,809.9 millones (25.2 %), mientras que El Salvador recibió $1,524.8 millones, equivalente al 21.2 %.

En términos de crecimiento interanual, Honduras reportó el mayor aumento con un 11.2 %, seguido por El Salvador con un 8.4 % y Guatemala con un 5.8 %. Estas cifras reflejan no solo la magnitud de los flujos migratorios, sino también el rol crucial que desempeñan los migrantes en el sostenimiento económico de sus países de origen.

El dinero enviado por migrantes desde Estados Unidos impulsa el consumo y la economía en El Salvador, Guatemala y Honduras.
El dinero enviado por migrantes desde Estados Unidos impulsa el consumo y la economía en El Salvador, Guatemala y Honduras. / Foto archivo.

Para El Salvador, las remesas siguen siendo un componente clave de su economía. Economistas coinciden en que estos ingresos representan una de las principales fuentes de divisas y un motor del consumo interno. La mayor parte del dinero recibido se destina al pago de servicios básicos, alimentación, educación y otros gastos cotidianos de los hogares.

Este comportamiento refuerza la idea de que las remesas no solo funcionan como un alivio económico inmediato para miles de familias, sino también como un estabilizador social en contextos de limitada generación de empleo formal y oportunidades económicas.

El flujo constante de remesas está directamente relacionado con la migración. Según estimaciones, cada año más de 500,000 personas provenientes de El Salvador, Guatemala y Honduras intentan emigrar de forma irregular hacia Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida. Esta dinámica migratoria, impulsada por factores como la pobreza, la falta de empleo y la inseguridad, continúa alimentando el envío de dinero hacia la región.

En el caso salvadoreño, más de 2 millones de connacionales residen en Estados Unidos, lo que convierte a ese país en el principal origen de las remesas. Este vínculo económico transnacional ha sido determinante para la estabilidad macroeconómica, aunque también evidencia una fuerte dependencia estructural.

Analistas advierten que, si bien el crecimiento de las remesas es positivo en términos de ingreso de divisas, también plantea desafíos. Entre ellos, la necesidad de canalizar estos recursos hacia inversiones productivas que generen desarrollo sostenible, en lugar de limitarse al consumo.

Asimismo, factores externos como la situación económica de Estados Unidos, las políticas migratorias y el comportamiento del mercado laboral pueden influir directamente en el flujo de remesas hacia la región. Cualquier cambio en estas variables podría impactar de manera significativa a las economías del Triángulo Norte.

Pese a estos riesgos, las cifras del inicio de 2026 muestran una tendencia al alza que reafirma la resiliencia de las comunidades migrantes y su compromiso con sus familias. En un contexto global incierto, las remesas continúan siendo un salvavidas económico para millones de personas en Centroamérica.

El reto para los gobiernos de la región sigue siendo transformar esta dependencia en una oportunidad, mediante políticas públicas que incentiven la inversión, el ahorro y la inclusión financiera, con el objetivo de reducir la vulnerabilidad económica a largo plazo.

Mientras tanto, el aporte de los migrantes sigue siendo fundamental, sosteniendo no solo a sus familias, sino también a economías enteras que dependen en gran medida de estos flujos de dinero.

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