Precios de materias primas subirán 16% en 2026: impacto global en empleo, inflación y desarrollo
El alza global de materias primas en 2026, impulsada por crisis energética y guerra, elevará costos, inflación y frenará empleo en economías emergentes.
Por
Evelyn Alas
Publicado el 28 de abril de 2026
Los precios de las materias primas subirán 16% en 2026, según el Banco Mundial, impulsados por un shock energético global, fertilizantes más caros y metales en niveles récord. Este escenario encarece producción, transporte y alimentos, lo que presiona la inflación y reduce el crecimiento económico. Economías emergentes verán menor generación de empleo y más informalidad. El impacto será mayor en países importadores, como los de Centroamérica, que enfrentan mayores costos y menor poder adquisitivo. A pesar del contexto, surgen oportunidades en sectores como energía renovable, eficiencia productiva y agricultura tecnificada, claves para adaptarse a un entorno más volátil.
Los precios mundiales de las materias primas, incluyendo energía, fertilizantes y metales, aumentarán alrededor de un 16% en 2026, según el informe Commodity Markets Outlook del Banco Mundial. Este incremento, impulsado por un shock energético derivado de conflictos geopolíticos, tendrá efectos directos en la inflación, la creación de empleo y el desarrollo económico, especialmente en economías emergentes y países importadores como El Salvador.
Un shock energético que encarece todo: del petróleo a los alimentos
El alza proyectada en los precios globales de las materias primas no es un fenómeno aislado. Responde a una cadena de eventos donde el detonante principal es la interrupción del suministro energético global. El informe señala que la guerra en Medio Oriente provocó una caída histórica en la oferta de petróleo —hasta 10 millones de barriles diarios—, lo que disparó los precios del crudo Brent desde $72 hasta más de $118 por barril en cuestión de semanas.
Este aumento no se limita al petróleo. El gas natural registró incrementos de hasta 94% en Asia, mientras que los fertilizantes —clave para la producción agrícola— subieron más de 50% en algunos casos, como la urea. A su vez, los metales industriales alcanzan niveles récord debido a la combinación de alta demanda y restricciones de oferta.
El resultado es un efecto dominó: energía más cara eleva los costos de transporte, producción y manufactura. Esto impacta directamente en los precios de alimentos, construcción y bienes de consumo.
Para economías como la salvadoreña, altamente dependientes de importaciones energéticas y agrícolas, esto se traduce en presiones inflacionarias persistentes y reducción del poder adquisitivo.
Fertilizantes y metales: el golpe silencioso a la productividad
Uno de los puntos menos visibles, pero más críticos del informe, es el encarecimiento de los fertilizantes, que se proyecta suban alrededor de 31% en 2026. Esto tiene implicaciones profundas para la producción agrícola global.
Cuando los fertilizantes suben más rápido que los alimentos, los agricultores enfrentan menores márgenes. En muchos casos, reducen su uso, lo que impacta los rendimientos y la oferta futura de alimentos. Este fenómeno ya se observó en crisis anteriores y podría repetirse.
En paralelo, los metales como aluminio, cobre y níquel alcanzan precios históricos. Estos insumos son esenciales para sectores estratégicos como energía renovable, tecnología y construcción. Su encarecimiento limita la expansión de infraestructura y aumenta los costos de inversión.
Para emprendedores e inversionistas, este escenario implica mayores costos de entrada y la necesidad de estrategias más eficientes en el uso de recursos.
Menos crecimiento y empleo: el efecto en cadena que preocupa
El informe del Banco Mundial advierte que este incremento en los precios tendrá consecuencias macroeconómicas relevantes. En las economías emergentes, el crecimiento proyectado para 2026 se redujo de 4% a 3.6%, mientras que la inflación promedio subiría a 5.1%.
Este entorno afecta directamente la generación de empleo. Cuando las empresas enfrentan costos más altos, tienden a frenar contrataciones, reducir inversiones o trasladar costos al consumidor.
Además, el impacto no es uniforme. Los países exportadores de materias primas pueden beneficiarse parcialmente de precios altos, pero los importadores —como la mayoría de Centroamérica— enfrentan un doble golpe: mayores costos y menor crecimiento.
El informe también destaca que el empleo formal es el más afectado en estos contextos, mientras que aumenta la informalidad, lo que deteriora la calidad del trabajo y limita el desarrollo económico.

¿Qué significa esto para El Salvador y la región?
Para El Salvador, el aumento global de materias primas implica varios retos concretos:
- Mayor costo de combustibles, que impacta transporte y logística
- Incremento en precios de alimentos importados
- Presión sobre la inflación local
- Reducción del consumo interno
Sin embargo, también abre oportunidades. Sectores como energías renovables, eficiencia energética y producción local de alimentos ganan relevancia estratégica.
Para la diáspora y los inversionistas, este contexto puede impulsar inversiones en negocios resilientes, como agricultura tecnificada, logística eficiente o soluciones energéticas alternativas.
Un escenario volátil, pero con oportunidades
Aunque el aumento del 16% marca un cambio importante en la tendencia de precios —siendo el primer incremento anual desde 2022—, el informe proyecta una posible corrección en 2027, con una caída estimada del 12%.
Esto sugiere que el actual ciclo responde a disrupciones temporales, aunque con efectos duraderos. La clave para empresas y gobiernos será adaptarse a un entorno más volátil, donde la eficiencia, diversificación y planificación estratégica marcan la diferencia.
En un mundo donde la energía, los alimentos y los insumos básicos se vuelven más caros, la capacidad de anticiparse y tomar decisiones informadas será el principal activo económico.
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