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La producción agrícola y acuícola en El Salvador muestra una fuerte concentración territorial, según el Censo Agropecuario 2025.

Tilapia, maíz y concentración territorial marcan el nuevo mapa productivo del país

El nuevo censo agropecuario evidencia un campo con producción concentrada en pocas zonas, fuerte orientación a la venta y creciente peso de la acuicultura.

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Por Evelyn Alas
Publicado el 26 de marzo de 2026

 

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El V Censo Agropecuario y I de Pesca 2025 revela un sector marcado por la concentración territorial y la orientación al mercado. Cultivos como el maíz siguen siendo clave para el consumo y la economía rural, mientras la acuicultura —liderada por la tilapia— gana protagonismo con alta producción destinada a la venta. Departamentos como La Paz, Santa Ana y Ahuachapán concentran gran parte de la producción nacional en distintos rubros. Además, el censo evidencia la dependencia de intermediarios en la comercialización, lo que limita el margen de los productores. Estos datos perfilan los retos estructurales del agro salvadoreño.

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El V Censo Agropecuario y I Censo de Pesca 2025 confirma una radiografía clara del campo salvadoreño: una estructura productiva concentrada por territorios, un crecimiento sostenido en la acuicultura y el predominio de los granos básicos —especialmente el maíz— como eje de la seguridad alimentaria nacional.

Uno de los hallazgos más relevantes es el dinamismo del sector acuícola. La tilapia se consolida como la especie más cultivada en el país, con una producción de 8.2 millones de libras, de las cuales el 99.3% se destina a la venta. Este dato evidencia un sector altamente orientado al mercado, con potencial de crecimiento tanto a nivel local como en exportaciones.

En la misma línea, el camarón alcanzó una producción de 5.2 millones de libras, con el 84.9% destinado a la comercialización. La actividad muestra además una fuerte concentración geográfica: el departamento de La Paz lidera ampliamente con el 68.4% de la producción nacional, seguido por Usulután (25.2%) y Sonsonate (6.1%). Esta distribución sugiere ventajas territoriales específicas —como condiciones climáticas, acceso a agua o infraestructura— que favorecen el desarrollo de esta actividad.

El sector agrícola tradicional también presenta cifras significativas. La producción de caña de azúcar alcanzó los 6.7 millones de toneladas cortas entre mayo de 2024 y abril de 2025, con un área cultivada de 102,167 manzanas. La Paz destaca nuevamente como el principal productor, concentrando el 25.4% del total nacional, seguido por San Vicente (12.6%) y Sonsonate (11.6%). Esto confirma el peso estratégico de la caña en la economía agrícola y su impacto en la agroindustria azucarera.

El maíz, la tilapia y la caña lideran la producción nacional, marcada por su orientación al mercado y la venta.
El maíz, la tilapia y la caña lideran la producción nacional, marcada por su orientación al mercado y la venta. / Foto Freepik.

En el caso del café, el censo reporta 105,741 manzanas cultivadas y una producción de más de 4 millones de quintales de café uva entre octubre de 2023 y septiembre de 2024. La producción está altamente concentrada: cuatro departamentos acumulan el 74% del total nacional. Santa Ana lidera con el 29.2%, seguido por La Libertad (15.9%), Ahuachapán (15.7%) y Sonsonate (13.2%). Además, el censo identifica las principales variedades cultivadas, encabezadas por Cuscatleco (32.9%) y Bourbon (21.1%), lo que refleja tanto tradición como adaptación a nuevas condiciones productivas.

En cuanto a los granos básicos, el maíz se mantiene como el cultivo más importante del país, tanto en área sembrada como en volumen de producción. La zona occidental concentra gran parte de esta actividad, con Ahuachapán aportando el 12.4% del total nacional. También destacan Santa Ana, Sonsonate, La Libertad y Usulután, cada uno con más del 8% de participación.

Un aspecto clave es el destino de la producción: el 49.5% del maíz se orienta al autoconsumo de los hogares, mientras que el 47.8% se destina a la venta. Este equilibrio refleja la doble función del cultivo: garantizar la seguridad alimentaria y generar ingresos para los productores.

El frijol, otro componente esencial de la dieta salvadoreña, muestra una particularidad productiva: el 55.2% del área sembrada se cultiva en relevo, es decir, aprovechando terrenos previamente utilizados para otros cultivos. Esto evidencia prácticas agrícolas que optimizan el uso de la tierra, aunque también puede reflejar limitaciones en la disponibilidad de áreas exclusivas para este cultivo.

Por su parte, el maicillo concentra su producción en el occidente del país, con el 45.9% del total nacional. Ahuachapán lidera con el 23.6%, seguido por Sonsonate con el 12.5%. A diferencia del maíz, gran parte del maicillo (43.2%) se destina al consumo animal, lo que resalta su papel dentro de las cadenas productivas pecuarias.

El arroz en granza presenta una alta orientación comercial: el 96.9% de la producción se destina a la venta. La actividad está fuertemente concentrada en La Libertad (44.6%) y Chalatenango (27.4%), lo que sugiere especialización territorial y posibles ventajas competitivas en estas zonas.

El censo también revela datos menos visibles pero relevantes, como la existencia de cultivos no tradicionales. En el país se registran 616 manzanas de tule y 42 manzanas de henequén, lo que evidencia nichos productivos que podrían tener potencial de desarrollo en mercados específicos.

Finalmente, el estudio confirma que buena parte de la comercialización agrícola sigue dependiendo de intermediarios. Por ejemplo, el 48.5% de los productores que venden maicillo lo hacen a comerciantes mayoristas, mientras que en el caso del arroz en granza esta proporción alcanza el 64.6%. Este patrón refleja una estructura de mercado donde los productores tienen limitada capacidad de negociación directa.

En conjunto, los resultados del censo muestran un sector agropecuario con fortalezas claras —como el crecimiento de la acuicultura y la diversificación productiva— pero también con desafíos estructurales, como la concentración territorial, la dependencia de intermediarios y la necesidad de fortalecer cadenas de valor. La información disponible en el geoportal del Banco Central de Reserva permitirá profundizar en estos datos y orientar políticas públicas para el desarrollo del campo salvadoreño.

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