Selecciones

ESPECIAL: Así clasificó la Selecta a su primer Mundial, México 1970

Esa victoria del 8 de octubre de 1969 en Kingston es el acontecimiento deportivo más grande de nuestra historia, la clasificación a la primera Copa del Mundo en una compleja eliminatoria

Foto a color del debut de la Selecta ante México en el Mundial 1970. Foto / Hemeroteca El Diario de Hoy

Por Manuel Cañadas, colaborador | Twitter: @memecanadas | Jun 02, 2020- 05:33

Fue el 8 de octubre de 1969 que en Kingston, Jamaica, un grupo de jóvenes cuscatlecos, dirigidos por el argentino Gregorio Bundio Núñez y su auxiliar, el italiano José Santacolomba clasificaban para el Mundial de México 70, al derrotar en el tiempo extra a la selección de Haití por 1-0.

Antes del juego los antillanos se mostraban muy seguros ya que eran veloces y diestros en el contraataque, por eso cuando el árbitro Keith Dustan de Bermudas marcó el inicio del cotejo se fueron con determinación hacia el arco nacional, pero se encontraron con una defensa salvadoreña bien plantada.

Durante los 90 minutos reglamentarios el partido fue muy parejo y culminó 0-0, por lo que fueron necesarios 30 minutos extra. Los muchachos salvadoreños habían perdido el partido anterior en San Salvador 3-0 y no estaban dispuestos a ceder ventajas, de ahí que se plantaron con aplomo frente los espigados rivales.

Cuando se jugaban 14 minutos del primer tiempo extra, Juan Ramón Martínez se elevó entre varios defensas y aprovechó un tiro de esquina de Elmer Acevedo que había desviado Genaro Sermeño y de cabeza la alojó en el ángulo superior izquierdo de la portería de Francillon, quien en el lance atrapó la pelota pero cayó dentro de la portería.

Fue un gol de oro de esos que conmueven a las multitudes y que provocan que un país entero caiga en el delirio. En la lejanía todo un pueblo se había emocionado y salió a las calles a celebrar para convertir en héroes a sus jugadores.

Una imagen para la historia, la del equipo que puso a soñar a todo un pueblo en la Copa del Mundo de México 1970. Foto EDH

Mucho antes

La ruta había comenzado meses antes frente a Surinam y Curazao. La FIFA había distribuido los 12 países inscritos para la Copa del Mundo en la Concacaf en cuatro grupos: (1) Estados Unidos, Canadá, Bermudas (2); Costa Rica, Jamaica, Honduras; (3) El Salvador, Surinam, Curazao; (4) Guatemala, Haití y Trinidad y Tobago.

De cada grupo clasificaría un equipo que luego se eliminaría a visita recíproca con el primero del otro grupo. De los cuatro clasificados saldrían dos series, cuyos ganadores a su vez jugarían entre sí, siempre a visitas recíprocas para dirimir quién clasificaba al Mundial. Si se producían empates, habría un juego extra en cancha neutral.

Nuestro primer rival

El 1 de diciembre de 1968 nos tocó enfrentarnos a Surinam y lo goleamos 6-0, con goles de Joel “Cacique” Estrada (2), Víctor Manuel Azúcar (2), Juan Francisco Barraza y Mon Martínez. Contra Curazao jugamos los dos encuentros en el “Flor Blanca”, el primero el 12 de diciembre que ganamos con único gol de José Antonio “Ruso” Quintanilla y tres días después volvimos a ganar 2-1 con tantos de Mon Martínez y “Cariota” Barraza.

Con 6 puntos y clasificados, la visita a Surinam se tomó con cautela y perdimos 4-1. En los otros grupos, Haití había eliminado a Trinidad y Tobago y a Guatemala; los hondureños a Costa Rica y Jamaica, en tanto que los Estados Unidos a Canadá y a Bermudas.

Llegó el momento en que El Salvador se enfrentaría a Honduras. El primer partido fue en el estadio Morazán de Tegucigalpa, el último juego en la selección del “Maestro” Barraza, quien ya no podía con las lesiones pero hizo el último esfuerzo.

No obstante su patriotismo no pudo evitar que perdiéramos 1-0, con un gol del central Lennar Welch cuando el árbitro se alistaba para pitar el final del encuentro. Luego vino el juego de vuelta, la tarde del 15 de julio de 1969, en el que la Selección fue una fuerza futbolística que arrasó a los hondureños 3-0, pese a que habían repatriado a la “Coneja” Cardona, del Atlético de Madrid.

La diferencia de goles no valía y se tuvo que jugar el partido extra en estadio Azteca el 27 de junio. Fue una batalla bajo la lluvia, Mon Martínez anotó a los diez minutos, pero Rigoberto “Chula” Gómez empató a los 27’ con una chilena que venció a Gualberto “Pulpo” Fernández; dos minutos después, Mon se repitió y venció al arquero Varela el arquero hibuerense.

En la segunda parte, al 52’, la “Chula” Gómez vuelve a anotar y hubo necesidad del tiempo extra, donde “Pipo” Rodríguez, al minuto 101, hizo el tanto de la victoria. Ese gol tuvo una connotación más allá de lo deportivo, no solo porque significó el triunfo salvadoreño, si no porque se recordaría el encuentro como pretexto para nombrar la guerra que el ejército salvadoreño libró con su par hondureño, del 14 al 18 de julio de 1969.

En una muestra de respeto, los jugadores salvadoreños hacen un túnel a los jugadores de Haití antes del partido.

Haití, por su parte, eliminó a los Estados Unidos y la primera final se pactó para jugar el 21 de septiembre de 1969 en Puerto Príncipe. Ante un lleno total en el estadio “Silvio Cator”, El Salvador ganó 2-1: Elmer Acevedo abrió de tiro libre al 43’, Obas empató al 59 y Pipo Rodríguez sería de nueva cuenta el hombre providencial tres minutos más tarde para el 2-1.

Fue un triunfo que nos dejaba a tiro de empate para asistir al Mundial. Para entonces y para demostrar que éramos cordiales, el pueblo se volcó a las calles para recibir a los haitianos. Tal actitud les elevó la moral y nos ganaron 3-0: Desir, François y Barthlemy nos sorprendieron y así llegamos al tercer partido en Jamaica, supuestamente un terreno neutral.

El partido decisivo

Ese encuentro ganado el 8 de octubre de 1969 en Kingston es el acontecimiento deportivo más grande de nuestra historia. Ni siquiera aquella victoria sobre México en Honduras en noviembre de 1981, que significó la clasificación a España ‘82, podría comparársele. Tuvo de todo: intensidad, suspenso, emoción y un final que no podía ser más dramático.

No hubo figura que sobresaliera sobre las demás, el mérito fue colectivo. Durante el partido la gente se pegó a los radios en una vigilia ansiosa y allá en Jamaica cuando cayó el gol de Mon Martínez, los integrantes de la Selecta evidenciaron enormes recursos espirituales.

A veces sacando la pelota de la zona de peligro, por sacarla, sin meditar sobre su destino, sin miedo al ridículo, mientras que el grandioso “Pulpo” Fernández se agigantaba en su arco. En la defensa, Roberto “Burra” Rivas, Salvador Mariona, Jorge “Indio” Vásquez y Mauricio Manzano se multiplicaban, con la ayuda del “Ruso” Quintanilla, Salvador Flamenco, Mario Monge e incluso Elmer Acevedo, que se mostraban para la salida.

Arriba, Pipo Rodríguez jugando lesionado y el sensacional Mon Martínez aguantando de todo con los centrales haitianos. La dignidad de El Salvador estaba siendo premiada, acaso con generosidad, pero con mucha justicia.

En tanto, a lo lejos se ponían en actividad los mecanismos más profundos y misteriosos de nuestro pueblo. Se dijo que en Izalco, en una vivienda cercana a la de Salvador Mariona, se realizaba un aquelarre para contrarrestar el vudú del brujo que los haitianos andaban llevando; que en el barrio San Miguelito los vecinos, camándula en mano, se habían reunido en la casa de los Flamenco Cabezas y allá en El Congo doña Chagüita Sermeño, amada madre de Genaro, había ordenado suspender el destazo y que en las tienditas de los barrios se había terminado la existencias de las veladoras “La Fe”. Unos rezaban, hacían promesas, otro se arrodillaban implorando el cielo el milagro.

Así celebró la afición salvadoreña el pase a México 1970. Foto / Hemeroteca El Diario de Hoy

En “La Poderosa” KL reinaba la angustia pues se había ido la señal y según el relato del “Negro” Ismael Nolasco, hasta la finalización del encuentro se pudo hacer contacto por banda ciudadana y se logró la información. Por eso, cuando el partido terminó y se supo la grata nueva, cundió la euforia, la gente salió a las calles a celebrar, reventar cohetes, brindar, aunque la mayoría ya andaba alegre.

Muchos se tomaron asueto al día siguiente por su propia cuenta y riesgo, luego de 120 minutos de estar pegados a la radio y nadie les dijo nada. Y allá en Kingston los muchachos se fundían en un abrazo interminable mientras que en El Salvador comenzaban los preparativos para recibir a sus héroes. Desde entonces este grupo de jóvenes de otrora que condujo al triunfo Gregorio Bundio y José Santacolomba, sigue reuniéndose periódicamente y aunque algunos ya se marcharon, permanecen unidos por el fútbol y por aquella gesta inolvidable.

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