Fútbol formativo en El Salvador: la clave para formar talento y valores desde la niñez
El fútbol formativo no solo crea jugadores, también forma personas. Gilberto Baires explica cómo este proceso influye en la toma de decisiones y el carácter.
Por
Jennifer Henríquez
Publicado el 15 de abril de 2026
El fútbol formativo es clave para el desarrollo integral de niños y jóvenes, ya que va más allá del talento y se enfoca en la formación de valores, disciplina y habilidades físicas y mentales. En Sin Agenda, Gilberto Baires destacó que iniciar desde edades tempranas, entre los 4 y 6 años, permite potenciar la motricidad y el aprendizaje natural del deporte. Además, subrayó que la formación estructurada tiene mayor peso que el talento en el fútbol actual, ya que prepara a los jugadores para enfrentar desafíos dentro y fuera de la cancha. También señaló retos en El Salvador, como la falta de infraestructura, el impacto de la tecnología en la actividad física y la necesidad de procesos más personalizados, insistiendo en que el objetivo principal es formar personas, no solo futbolistas.
El fútbol formativo se ha convertido en uno de los pilares fundamentales para el desarrollo integral de niños y jóvenes en El Salvador. Más allá de formar jugadores competitivos, este proceso busca construir personas con valores, disciplina y habilidades que trascienden la cancha. Así lo explicó Gilberto Baires durante su participación en el podcast Sin Agenda, donde profundizó en el impacto real de la formación desde edades tempranas.
Para Baires, el fútbol formativo no se limita a enseñar técnica o táctica. “Es como cualquier proceso educativo. Requiere formación en valores, disciplina y herramientas que el niño necesitará cuando crezca”, afirmó. En ese sentido, el deporte se convierte en un espacio de aprendizaje integral donde se moldean conductas, actitudes y formas de pensar.
Uno de los aspectos más determinantes es la diferencia entre un jugador que ha pasado por procesos formativos y uno que no. Según Baires, esta brecha es evidente tanto dentro como fuera del campo. “Se nota en la forma de actuar, en cómo entienden el juego y en su comportamiento. Un jugador formado tiene ventajas claras, incluso sobre alguien con talento natural”, explicó.

La edad ideal y el valor de empezar temprano
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista fue la edad recomendada para iniciar en el fútbol formativo. Baires fue contundente: entre los 4 y 6 años. Esta etapa, asegura, es clave para desarrollar la motricidad y estimular el cerebro a través del movimiento.
“Si comenzamos a los 4 años, ganamos tiempo valioso. El niño aprende de forma natural, jugando, explorando y desarrollando habilidades sin presión”, destacó. En contraste, iniciar más tarde puede implicar un proceso más lento, especialmente en aspectos motrices.
Actualmente, una de las principales preocupaciones en el país es que muchos niños llegan a academias con deficiencias en su desarrollo físico básico. Esto, según Baires, está relacionado con la falta de actividad física en edades tempranas y el aumento del uso de tecnología.

Tecnología vs. actividad física: un desafío moderno
El avance de la tecnología ha cambiado radicalmente la forma en que los niños interactúan con el mundo. Juegos en dispositivos móviles y consumo de contenido digital han desplazado actividades físicas tradicionales como jugar en la calle.
“Antes, sin darnos cuenta, desarrollábamos motricidad jugando con una pelota en la calle. Hoy, el cerebro está más pasivo por el uso de pantallas”, explicó Baires. Esta situación no solo afecta el rendimiento deportivo, sino también la capacidad de concentración y toma de decisiones.
En ese contexto, el fútbol formativo cobra aún más relevancia como herramienta para estimular el desarrollo cognitivo y físico. El deporte obliga al niño a pensar, reaccionar y adaptarse constantemente, habilidades que son esenciales tanto en el fútbol como en la vida.
Talento vs. formación: un debate resuelto
Una de las preguntas más recurrentes en el ámbito deportivo es qué pesa más: el talento natural o la formación. Para Baires, la respuesta es clara: la formación estructurada.
“El fútbol actual es más físico y competitivo. El talento sin formación puede quedarse corto frente a alguien que ha trabajado de manera integral”, afirmó. Esto no significa que el talento no sea importante, sino que necesita ser acompañado por disciplina y preparación.
Incluso en momentos difíciles, como derrotas o bajo rendimiento, un jugador formado tiene más herramientas para recuperarse. “La formación enseña que los tropiezos son parte del proceso”, agregó.
El rol de los padres y el entorno
El acompañamiento familiar es otro factor clave en el desarrollo de los jóvenes futbolistas. Baires enfatizó la importancia de la paciencia y el apoyo constante, especialmente en procesos que pueden ser lentos.
“No todos los niños avanzan al mismo ritmo. Algunos necesitan más tiempo, y ahí es donde los padres deben ser constantes”, explicó. También recomendó permitir que los niños exploren diferentes deportes antes de decidirse por uno.
Además, destacó que el entorno influye directamente en el futuro del jugador. Factores como la educación, la estabilidad familiar y el acceso a recursos pueden determinar si un talento logra desarrollarse plenamente.

Retos del fútbol formativo en El Salvador
A pesar del talento existente en el país, Baires reconoce que aún hay mucho por mejorar. Uno de los principales desafíos es la infraestructura. “Necesitamos mejores canchas y espacios adecuados para que los niños se desarrollen”, señaló.
También mencionó la necesidad de programas más personalizados que se adapten a las características de cada jugador. Actualmente, muchos procesos son generalizados, lo que limita el desarrollo individual.
Otro reto importante es la falta de un sistema integral que incluya nutrición, psicología y seguimiento a largo plazo. “Formar un futbolista no es cuestión de meses, sino de años. Hay que estar preparados para ese proceso”, advirtió.
Más que futbolistas, personas
Finalmente, Baires dejó un mensaje claro para los jóvenes que sueñan con ser futbolistas profesionales: disfrutar el proceso. “No es fácil, requiere sacrificio, pero si lo disfrutan, estarán más cerca de lograrlo”, afirmó.
Más allá de los resultados deportivos, el objetivo principal del fútbol formativo debe ser formar personas íntegras. “Me gustaría que me recuerden más como alguien que aportó a su crecimiento como persona que como futbolista”, concluyó.
En un contexto donde el deporte enfrenta múltiples desafíos, el fútbol formativo se posiciona como una herramienta clave no solo para el desarrollo deportivo, sino también para construir una mejor sociedad desde las bases.
