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La erupción de 1917 fue la última registrada históricamente en el complejo volcánico de San Salvador.

Hoy, hace 109 años, ocurrió la última erupción histórica del volcán de San Salvador

La erupción de 1917 transformó el paisaje del área metropolitana, dejó más de mil víctimas y marcó uno de los episodios más recordados de la historia salvadoreña.

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Resumen del artículo:

Hace 109 años, el 7 de junio de 1917, el complejo volcánico de San Salvador registró su última erupción histórica. La actividad estuvo precedida por tres fuertes terremotos de origen volcánico que causaron graves daños en la capital y en varias localidades del país. El desastre dejó unas 1,050 víctimas mortales, miles de heridos y destruyó gran parte de la infraestructura de San Salvador. La erupción dio origen a zonas como El Playón y al cono Boqueroncito dentro del cráter de El Boquerón. El acontecimiento también generó amplia cobertura internacional y marcó la reconstrucción de la capital salvadoreña.

El complejo volcánico de San Salvador registró su última erupción histórica en junio de 1917. A 109 años de aquel episodio, el evento sigue siendo uno de los desastres naturales más significativos en la memoria del país, tanto por sus consecuencias humanas como por los cambios que provocó en el territorio.

La noche del 7 de junio de 1917, durante la festividad de Corpus Christi, tres fuertes terremotos de origen volcánico sacudieron San Salvador y varias localidades cercanas. Los movimientos ocurrieron a las 18:55, 19:30 y 20:45 horas, y afectaron, entre otros lugares, a Mejicanos, Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, Suchitoto, San Juan Opico, El Paisnal, Santa Tecla, Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos, Caluco y San Vicente.

Al fondo del cráter del volcán Boquerón, se formó un cono de detritos llamado Boqueroncito. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte
Al fondo del cráter del volcán Boquerón, se formó un cono de detritos llamado Boqueroncito. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte

Según cálculos realizados posteriormente, los sismos alcanzaron magnitudes de 6.7 y 5.4 grados Richter, con intensidades máximas de VIII en la escala de Mercalli. La actividad culminó con la salida de magma por las fisuras de El Pinar y Los Chintos, ubicadas en la ladera norte del volcán El Boquerón, una de las 25 estructuras que conforman el complejo volcánico de San Salvador.

Una ciudad marcada por la destrucción

La fuerza de los terremotos fue tal que dañó el único sismógrafo con el que contaba el Observatorio Sismológico de El Salvador. Debido a ello, los registros directos de aquel día fueron limitados y las estimaciones se realizaron años después.

Las pérdidas humanas fueron calculadas en unas 1,050 personas, además de una cantidad indeterminada de heridos. En la capital, el impacto fue devastador: de las 9,000 viviendas existentes, solo unas 200 quedaron intactas.

xcursionistas visitaron la aún humeante fisura del Pinar, en la zona norte del volcán Boquerón, a fines de julio de 1917. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte
xcursionistas visitaron la aún humeante fisura del Pinar, en la zona norte del volcán Boquerón, a fines de julio de 1917. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte

A la destrucción provocada por los movimientos de tierra se sumaron incendios que consumieron numerosos edificios. Las llamas se originaron en farmacias y boticas, mientras que la interrupción del suministro de agua dificultó cualquier intento de controlarlas. De aquellos acontecimientos surgió una frase que quedó grabada en la memoria popular: “7 de junio, noche fatal, bailó este tango la capital…”.

Entre las edificaciones afectadas estuvieron la Escuela de Medicina, la Escuela Normal de Maestros, la Central de Correos y Telégrafos, la Universidad, la Penitenciaría Central, el Palacio Municipal, los mercados, varios bancos y teatros, así como la Catedral y otros templos católicos. En contraste, el Palacio Nacional y el Teatro Nacional no sufrieron daños.

Las corrientes de lava bloquearon la línea ferrocarrilera entre Quezaltepeque y Sitio del Niño. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte
Las corrientes de lava bloquearon la línea ferrocarrilera entre Quezaltepeque y Sitio del Niño. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte

El legado de la erupción de 1917

Además de las consecuencias urbanas, la erupción transformó parte del paisaje salvadoreño. La zona cafetalera del departamento de La Libertad resultó gravemente afectada por los materiales volcánicos expulsados durante el fenómeno.

El magma emitido dio origen al área conocida posteriormente como El Playón, mientras que dentro del cráter de El Boquerón se formó el cono volcánico llamado Boqueroncito, uno de los rasgos geológicos más visibles que dejó aquella actividad eruptiva.

A la izquierda, Fachada de la iglesia de Belén. Sus restos aún pueden verse en el gimnasio del Colegio Belén, en Santa Tecla.A la derecha, los terremotos asociados con la erupción causaron grandes daños materiales en San Salvador y otras localidades. Fotos: cortesía Carlos Cañas Dinarte
A la izquierda, Fachada de la iglesia de Belén. Sus restos aún pueden verse en el gimnasio del Colegio Belén, en Santa Tecla.A la derecha, los terremotos asociados con la erupción causaron grandes daños materiales en San Salvador y otras localidades. Fotos: cortesía Carlos Cañas Dinarte

El desastre también tuvo repercusión internacional. La noticia apareció en periódicos de México, Estados Unidos y Europa pocos días después. La ayuda del exterior llegó rápidamente, mientras el gobierno encabezado por Carlos Meléndez Ramírez impulsó gestiones para importar materiales de construcción destinados a la reconstrucción de la capital.

Entre los testimonios más conocidos de la tragedia figura el del escritor colombiano Porfirio Barba-Jacob, quien se encontraba en San Salvador durante los acontecimientos. Su obra El terremoto de San Salvador recogió una narración de los hechos y fue publicada inicialmente por entregas antes de convertirse en libro.

Más de un siglo después, la erupción de 1917 continúa ocupando un lugar destacado en la historia nacional. Sus huellas permanecen tanto en el paisaje volcánico del país como en los relatos, fotografías y documentos que conservan la memoria de una de las noches más difíciles que vivió San Salvador.

Daños en el Monumento a la Libertad, en el entonces parque Dueñas, ahora parque Libertad. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte
Daños en el Monumento a la Libertad, en el entonces parque Dueñas, ahora parque Libertad. Foto: cortesía Carlos Cañas Dinarte

Con reportes de El Diario de Hoy.