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Ale Acosta destaca que el esfuerzo detrás de los proyectos suele ser silencioso y poco visible para el público.

Ale Costa comparte su alegría a punto de graduarse

A punto de graduarse como barista, Ale Costa reflexiona sobre el esfuerzo silencioso, la disciplina y el tiempo invertido lejos de cámaras para cumplir un sueño.

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Por Karla Rodas
Publicado el 22 de enero de 2026

 

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La historia de Ale Acosta pone en primer plano el esfuerzo silencioso que hay detrás del emprendimiento. Creadora de contenido, madre y emprendedora, decidió formarse profesionalmente en barismo mientras sostenía su trabajo y su vida familiar. Durante varios meses reorganizó su agenda, dedicó horas al estudio y a la práctica, y aprendió a priorizar la disciplina por encima de lo visible. Ale reflexiona sobre cómo muchas veces solo se muestra “la punta del iceberg”, mientras el verdadero trabajo ocurre lejos de cámaras. Su experiencia invita a mirar más allá de los resultados y valorar la formación y la constancia.

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Emprender suele asociarse con resultados visibles, proyectos atractivos y logros que se muestran en redes sociales. Sin embargo, detrás de cada iniciativa hay procesos largos que rara vez se cuentan. La experiencia de Ale Costa, creadora de contenido, madre y emprendedora, pone el foco justamente en ese trabajo silencioso que sostiene los sueños y les da forma con el tiempo .

Aunque su interés por el café venía de antes, Costa decidió dar un paso más y formarse profesionalmente en barismo y extracción. No lo hizo como una actividad aislada, sino mientras sostenía su trabajo en redes sociales, su vida familiar y el desarrollo de proyectos personales. Para ella, entender cómo funciona realmente un rubro fue tan importante como lanzar ideas nuevas.

“Me gusta mucho el café, pero quería aprender más a nivel profesional”, explica al recordar por qué decidió inscribirse en un diplomado. Esa decisión implicó asumir compromisos que no siempre son visibles para quienes solo ven el resultado final.

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Organizar la vida para estudiar

Uno de los principales desafíos fue el tiempo. Ale Costa no tiene un horario laboral tradicional. Como creadora de contenido y emprendedora, sus días no responden a una rutina fija de oficina. Aun así, durante varios meses reservó un espacio inamovible cada semana para asistir a clases.

“Reservar durante seis a ocho meses todos los lunes de 8 de la mañana a 12 del mediodía fue uno de los primeros retos”, relata. Decir que no a compromisos laborales, especialmente en un día donde suelen surgir oportunidades de trabajo, significó priorizar una meta a largo plazo.

A esa organización se sumó la vida familiar. Como madre de dos niños, Costa tuvo que ajustar dinámicas, tiempos y expectativas. Las lecturas y tareas no siempre encajaban en horarios cómodos y, en más de una ocasión, terminaban realizándose los domingos por la noche. “Sentí como en la universidad otra vez”, resume.

El trabajo que no tiene cámara

Cuando le preguntaron qué fue lo más difícil del diplomado y que la gente no vio, Ale Costa no habló de exámenes ni de técnicas complejas. Su respuesta apuntó a algo más cotidiano y menos visible: la inversión de tiempo en silencio.

Horas frente a la computadora leyendo, practicando lo aprendido y repitiendo procesos sin público, sin producción y sin la estética habitual de las redes sociales. “Sin glamour, sin maquillaje, sin perfume”, describe. Solo ella, sus herramientas y la constancia de seguir adelante.

Durante ese tiempo fue adquiriendo métodos de preparación para practicar en casa y descubriendo afinidades personales dentro del mundo del café. Ese proceso, aunque solitario, fue clave para fortalecer su disciplina y su confianza.

Para Costa, uno de los mayores aprendizajes fue justamente no abandonar. Mantenerse firme cuando no hay aplausos ni resultados inmediatos se convirtió en una parte esencial de su formación, tanto personal como profesional.

Cuando los resultados empiezan a verse

Con el tiempo, ese esfuerzo silencioso empezó a reflejarse en proyectos concretos. Algunas personas conocieron su trabajo a través de iniciativas vinculadas al café de especialidad, como Costa Piera o propuestas innovadoras como Barista Bot by Costa Piera, que ella misma menciona como ejemplos de lo que se ve desde afuera.

Sin embargo, Ale Costa insiste en que eso es solo una parte de la historia. “La gente ve lo bonito, lo innovador, lo cool”, explica, pero detrás de esos resultados hay horas de estudio, práctica y trabajo en equipo.

También destaca que nada de eso es un logro individual. Socios, colaboradores y personas que confían en los proyectos forman parte del proceso, especialmente cuando el objetivo es mantener la calidad y seguir creciendo.

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Mirar más allá de la punta del iceberg

El mensaje que Ale Costa comparte no está dirigido únicamente a quienes quieren emprender en café. Su experiencia apunta a algo más amplio: la necesidad de mirar más allá de los resultados visibles, especialmente al inicio de un año o de un nuevo proyecto.

“No solo se fijen en lo bonito o en los resultados de otras personas”, reflexiona. Detenerse a pensar qué hay detrás de cada logro, cuáles fueron los esfuerzos y qué tipo de formación se necesitó, puede cambiar la forma en que se construyen los propios objetivos.

Aunque hoy celebra haberse graduado como barista, Costa reconoce que el aprendizaje no se detiene. El mundo de la caficultura, como muchos otros rubros, es amplio y en constante evolución. Mirar hacia atrás le permite confirmar que cada hora invertida valió la pena.

En un entorno donde emprender parece cada vez más inmediato, su historia recuerda que los proyectos con bases sólidas se construyen lejos del ruido, con disciplina, estudio y constancia. Lo que se muestra al final es solo una parte del camino.

TAGS:  Ale Costa | Café | Emprendimiento

CATEGORIA:  Entretenimiento | Escena

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