Embutidos Amparito: 100 años de tradición y sabor en Cojutepeque
Tres generaciones han mantenido viva la elaboración artesanal de chorizos que forman parte del patrimonio gastronómico de la ciudad
Por
Roberto Montano
Publicado el 19 de enero de 2026
Embutidos Amparito es un negocio familiar de Cojutepeque que ha superado los 100 años de historia, dedicado a la elaboración artesanal de chorizos, uno de los sabores más representativos de la ciudad. Fundado por Isabel Arias, el legado pasó a Amparo Herrera y hoy continúa en manos de la tercera generación, encabezada por doña Amparo junto a sus hijos. Su permanencia se basa en la calidad, el trabajo constante y procesos totalmente artesanales. Durante las fiestas patronales es un punto de visita obligada para locales y turistas. Más que un comercio, Embutidos Amparito es una memoria viva de la tradición gastronómica de Cojutepeque y un símbolo de orgullo salvadoreño.
En Cojutepeque, uno de los municipios con mayor tradición cultural y gastronómica de El Salvador, existe un negocio que ha logrado trascender generaciones, cambios y el paso del tiempo. Se trata de Embutidos Amparito, un establecimiento familiar que recientemente superó los 100 años de existencia, dedicados a la elaboración artesanal de chorizos, uno de los sabores más emblemáticos de la ciudad.
“Este lugar es muy reconocido tanto por salvadoreños como por extranjeros”, cuenta doña Amparo, conocida cariñosamente como Amparito, actual encargada del negocio y representante de la tercera generación de una familia que ha hecho del trabajo, la constancia y la calidad su sello distintivo. El centenario fue cumplido el 8 de mayo de 2025, una fecha que marcó no solo un aniversario, sino la continuidad de una historia profundamente ligada a Cojutepeque.
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La tradición comenzó con su abuela, Isabel Arias, quien inició la elaboración y venta de chorizos en condiciones muy distintas a las actuales. Posteriormente, el legado pasó a manos de su madre, Amparo Herrera, quien modernizó poco a poco el negocio sin perder su esencia. Hoy, doña Amparo continúa el trabajo junto a sus hijos, asegurando que la tradición no se pierda.
“Yo ya soy la tercera generación, pero ahora también están mis hijos. Eso me llena de orgullo, porque hemos tratado de mantener este negocio y Dios nos ha dado la fortaleza para llegar hasta estos tiempos”, expresa. Para ella, el verdadero reconocimiento viene de los clientes, quienes regresan una y otra vez atraídos por el sabor y la confianza en el producto.

Durante las fiestas patronales de Cojutepeque y todo el año, Embutidos Amparito se convierte en un punto de encuentro obligado. “Los choricitos son un patrimonio de Cojutepeque. Invitamos a todos a que vengan a conocer y a disfrutarlos. Las fiestas son alegres, seguras y muy bonitas”, comenta, extendiendo una invitación tanto a salvadoreños como a visitantes extranjeros.
El secreto de su permanencia no está en fórmulas industriales ni en producción masiva. Amparito explica que la base del éxito ha sido siempre la calidad. “Procuramos que la carne sea excelente, cuidamos mucho el aseo y los ingredientes. Todo lo preparo yo y tratamos de que sea lo más natural posible”, señala.
Los chorizos de Amparito son completamente artesanales y cada paso del proceso requiere atención y cuidado. Desde la selección de las especias hasta el uso de la tripa y la manipulación del producto, todo se hace de forma tradicional. “Todo lleva su proceso y hay que tener mucho cuidado al elaborarlo. Eso es lo que nos ha mantenido vivos como negocio”, explica.

La historia del local también está llena de recuerdos familiares. Amparito rememora cuando el lugar era apenas una estructura sencilla. “Cuando yo estaba chiquita, aquí enfrente había un palo de sunza. Cuando veníamos de la escuela queríamos sentarnos debajo porque era fresco, pero mi abuela nos decía que no, que se iba a caer”, recuerda entre sonrisas.
En aquel entonces, el negocio funcionaba con bancos de madera, canastas y champitas de lámina. Fue su madre quien colocó el primer rótulo del local y quien empezó a realizar mejoras. “Mi mamá fue renovando poco a poco. Ella también fue la primera que decidió cambiar la forma de exhibir los chorizos”, relata.
Antes, los productos se colocaban afuera, expuestos al polvo y al humo. “Mi mamá dijo que ya no los iba a poner afuera y los pasó adentro. Ahí los cuidaba mejor y los clientes ya sabían que estaban protegidos”, explica Amparito. Ese cambio marcó un antes y un después en la percepción del negocio.
Con el paso de los años, Embutidos Amparito se fue remodelando, siempre de manera humilde, pero constante. “Hemos ido poco a poco, pero seguimos adelante. Y mire, ya pasamos los 100 años”, dice con orgullo.
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Más allá del negocio, Amparito destaca el valor del trabajo y la enseñanza heredada. “Me siento orgullosa de lo que mi mamá me enseñó. Nos enseñó a trabajar desde chiquitas, nos dio lo que pudo y gracias a Dios aquí seguimos”, afirma. El puesto de Embutidos Amparito está ubicado en Carretera Panamericana Km 33 1/2, Cojutepeque. Se puede encontrar entre Longanizas, chorizos, butifarras, salchichones, chorizo asado, carne asada, panes con chorizo y más. Los precios de los chorizos varian desde los $5 a $12, butifarras a $5 y salchichones de $12, $10 y $7, dependiendo el tamaño.
Hoy, con más de un siglo de historia, Embutidos Amparito no solo representa un negocio familiar, sino una memoria viva de Cojutepeque, donde el sabor, la tradición y la identidad se mantienen intactos. “Aquí los esperamos siempre, con los brazos abiertos”, concluye.
En cada chorizo de Amparito no solo hay carne y especias, sino 100 años de historia, trabajo y orgullo salvadoreño.
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