A 25 años del terremoto en El Salvador, un recuento del 13 de enero de 2001
Han pasado 25 años desde el terremoto de 7.7 grados que sacudió a El Salvador el 13 de enero de 2001. El sismo dejó 944 fallecidos y más de un millón de damnificados.
Por
Lissette Figueroa
Publicado el 13 de enero de 2026
El 13 de enero de 2001, un terremoto de 7.7 grados sacudió El Salvador durante 45 segundos, con epicentro a 18 km de la costa de Usulután. El sismo afectó 11 de los 14 departamentos, dejando 944 muertos, más de 5,500 heridos, cerca de 2,000 desaparecidos y más de un millón de damnificados. Las Colinas, en Santa Tecla, fue la zona más afectada, con alrededor de 500 fallecidos y cientos de viviendas destruidas. La emergencia movilizó campamentos, brigadas de rescate nacionales e internacionales y asistencia humanitaria. La reconstrucción incluyó apoyo de Venezuela y México.
A las 11:33 de la mañana del sábado 13 de enero de 2001, El Salvador fue sacudido por un terremoto que duró aproximadamente 45 segundos, pero cuyas consecuencias se extendieron por años. Con una magnitud de 7.7, el terremoto sacudió toda la cadena volcánica del país y marcó uno de los episodios más trágicos de la historia reciente.
El epicentro fue localizado a 18 kilómetros de la costa de Usulután, con una profundidad aproximada de 60 kilómetros. El impacto alcanzó 11 de los 14 departamentos, ensañándose con los municipios de la cordillera del Bálsamo en La Libertad, dejando un saldo oficial de 944 fallecidos, más de 5,500 lesionadas, alrededor de 2,000 desaparecidas, más de un millón de damnificados y cerca de 100,000 viviendas dañadas o destruidas. También resultaron afectados 11 hospitales, carreteras, iglesias y centros comunitarios.

Fotografía/ Archivo
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Las Colinas: el símbolo de la tragedia
En Las Colinas, Santa Tecla, el terremoto no solo sacudió estructuras: borró una colonia entera del mapa. Minutos después del sismo, una enorme porción de la cordillera del Bálsamo cedió y se desplomó cuesta abajo, arrastrando tierra, rocas y árboles sobre más de 300 viviendas. No hubo tiempo para huir. Muchas familias quedaron atrapadas mientras realizaban actividades cotidianas, sin imaginar el deslave del cerro.

Desde que ocurrió la tragedia, las labores de búsqueda y rescate se extendieron durante días, en condiciones extremadamente difíciles. Socorristas, soldados y voluntarios excavaban con maquinaria pesada y, en algunos sectores, con las manos, mientras las autoridades advertían sobre el riesgo de nuevos deslizamientos. Con el paso del tiempo, la esperanza de encontrar sobrevivientes se fue desvaneciendo.
Las cifras oficiales estimaron que alrededor de 500 personas murieron solo en Las Colinas, convirtiendo al lugar en el punto más letal del terremoto. Muchas víctimas nunca pudieron ser identificadas plenamente, lo que dejó a decenas de familias en una espera interminable. Finalmente, el Ministerio de Obras Públicas declaró la zona inhabitable, y el área fue abandonada.

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Quince días después del desastre, mientras continuaban las tareas de remoción de escombros, escenas como la de trabajadores de salud pública quemando pertenencias de las víctimas se volvieron parte de lo cotidiano, como medida para evitar brotes epidémicos.
En los años posteriores, habitantes de Las Colinas han seguido conmemorando a quienes fallecieron aquel 13 de enero con actos religiosos. Además, la zona se ha ido habitando poco a poco.

Comasagua se reconstruyó
En Comasagua, también en La Libertad y parte de la zona que conforma la cordillera del Bálsamo, el terremoto destruyó viviendas, carreteras y la iglesia del municipio, dejando una economía local devastada y numerosas pérdidas humanas. En ese momento, muchas calles eran de tierra y el acceso a servicios básicos era limitado.

Tras la tragedia, se levantó la colonia Venezuela, construida por el Gobierno de Venezuela para las familias damnificadas. Además, el Ejército venezolano participó en la reconstrucción de viviendas y en la edificación de la nueva iglesia de Comasagua, símbolo de la solidaridad internacional que llegó al país en los días más difíciles.
Campamentos, refugios y emergencia sanitaria
Uno de los principales centros de refugio fue El Cafetalón, en Santa Tecla, donde llegaron más de 10,000 personas, en su mayoría mujeres y niños. Ahí, miembros del Ejército salvadoreño instalaron tiendas de campaña, mientras brigadas de salud realizaban jornadas de fumigación y quema de pertenencias para prevenir epidemias.
Las autoridades sanitarias advirtieron sobre el riesgo de brotes infecciosos, especialmente en zonas como Las Colinas, donde los cuerpos permanecieron varios días bajo los escombros.

Ayuda internacional y brigadas de rescate
La tragedia movilizó a brigadas internacionales y organizaciones civiles. Entre las acciones documentadas destacan:
- Equipos de rescate japoneses, que trabajaron en Santa Tecla en la búsqueda de víctimas y posibles sobrevivientes.
- Soldados del Ejército venezolano, desplegados en Comasagua para labores de reconstrucción y apoyo humanitario.
- Ejército mexicano, que entregó alimentos a los evacuados en el refugio de El Cafetalón.
- Médicos franceses, especialistas en atención de emergencias.
- Boy scouts y miembros de la sociedad civil, que colaboraron en la distribución de ayuda y atención a damnificados.
También se registraron afectaciones severas en Santa Ana, donde colapsó la iglesia El Calvario; en Tepecoyo, San Agustín, Armenia, la carretera de Los Chorros y otros municipios, donde carreteras, iglesias y viviendas quedaron reducidas a escombros.

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