El esquema innovador
de los sesentas
Hernán Carrasco Vivanco, chileno
por nacimiento, llegó a El Salvador para
dirigir a la selección nacional en 1965.
La llegada del estratega andino significó
la revolución del esquema táctico
que se utilizaba en nuestro país en
aquella fecha, la que pudo observarse y
evaluarse en la institución blanca. Ese
4-3-3 que subió al podio al Alianza en
1966 y 1967.
- Daniel
Herrera
- El Diario
de Hoy
En
1962, Chile organizó el séptimo
Campeonato Mundial de Fútbol, en el que
lograron el tercer lugar, lo que ha sido hasta
la fecha su mejor participación en Copas
del Mundo. Brasil se coronó
bicampeón de la mano de Didí,
Vavá y Zagallo, revolucionando el esquema
de la WM.
Tres años después, y unos
cuantos kilómetros más al norte de
Chile, la dirigencia salvadoreña de ese
entonces decide contactar con el chileno
Hernán Carrasco Vivanco par que se
hiciera cargo de los destinos del combinado
cuscatleco. El estratega andino estuvo en el
Mundial celebrado en su país en calidad
de auxiliar del entrenador Fernando Riera, por
lo que asimiló los cambios en los
esquemas tácticos que se estaban
suscitando en el mundo.
Alianza lo mostró
La insinuación de un par de jugadores
de la selección que militaban en el
equipo capitalino Alianza, asegurando que en su
equipo existían las condiciones para
trabajar como le gustaba, supuso que Carrasco
Vivanco se incorporara a la institución
blanca. El chileno fue poco a poco formando un
grupo que reuniera los requisitos para poner
sobre la cuadrícula de césped la
idea táctica traía.
En el campeonato nacional de 1966, con una
pretemporada de dos meses, Alianza
depositó grandes esperanzas en su grupo
de jugadores y cuerpo técnico para poder
lograr su primer título en el circuito
mayor. Hernán Carrasco se paró en
la cancha con un claro 4-3-3.
Por supuesto, la resistencia al cambio
operó en un principio, como lo
recooció uno de los puntales de aquel
equipo, el caballeroso Mario Monge que, al
principio, tuvo diferencias con el
técnico. "Recuerdo que no me gustó
mucho que me retrasara. Yo era un delantero, me
gustaba hacer goles. Tenía que cumplir la
labor de un tercer volante, cargado a la
derecha", comentó Monge. Al final, fue
uno de los goleadores del equipo.
Por lo general, Hernán Carrasco
utilizó para aquella época de oro
la misma alineación. En la
portería, el chileno tenía a
Walberto "el Pulpo" Fernández y a
Raúl "la Araña" Magaña. En
la zaga presentó a Roberto "la Burra"
Rivas, Salvador Mariona, el tico Guido Alvarado
y a Francisco Zamora, con la variante de Edgar
"el Pata Gorda" Morales.
El medio campo fue de jugadores
técnicos y con mucha garra. El
contención era Alberto "Pechuga" Villalta
y los de creación fueron los chilenos
Miguel Hermosilla y Ricardo Sepúlveda.
Adelante enlazaba con Mario Monge y los puntas
fueron el panameño Luis "Cascarita" Tapia
y Jorge Liévano, quien alternaba con
Mario "el Chino" Flores.
Director y músicos
El 4-3-3 vino a darle mayor orden y
complemento en las tres líneas de un
equipo. A la hora de defenderse, Hernán
Carrasco enviaba a todos sus hombres hasta la
mitad de la cancha, con recuperador de balones
en el medio campo, como lo era Villalta.
En el ataque, Carrasco tenía la
posibilidad de atacar hasta con seis hombres,
contando con dos volantes de creación con
una técnica bastante pulida: los chilenos
Miguel Hermosilla y Ricardo
Sepúlveda.
El frente de ataque estuvo conformado por
'hombres gol'. Uno de ellas era Luis Tapia, el
del ombligo enterrado en Panamá, quien en
un principio venía para la Universidad y
fue rechazado por creer que béisbol era
su fuerte. El otro era Mario Monge, a quien
Hernán Carrasco mandó como nexo
por poseer también buen dominio con ambas
piernas. Por último, cargado más a
la derecha, estaba Jorge Liévano, otro
goleador nato.
En el fondo, Alianza contaba con la seguridad
de Salvador Mariona y el tico Guido Alvarado,
quienes, según Carrasco Vivanco, no
dejaban pasar a nadie. Los laterales fueron
Roberto "la Burra" Rivas y Francisco Zamora,
defensores que ya se incorporaban al ataque en
aquella época. Bajo los tres palos, la
alternancia de Fernández y Magaña
era sinónimo de garantía.
Este grupo de jugadores, bajo la batuta de
Carrasco Vivanco, inmortalizó el 4-3-3 en
El Salvador y llenó de gloria por dos
años consecutivos al equipo capitalino.
Este currículo incluso le valió a
Hernán Carrasco Vivanco para formar la
Asociación de Entrenadores de
Fútbol de El Salvador (AEFES).