Juicio para jueza no
prospera
Como si se tratara de
grandes capos de la mafia, la Policía
desplegó unidades aéreas y
terrestres para sitiar las residencias de los
directivos de Saquiro por orden de una
jueza
El Diario de
Hoy
La
costumbre de la Corte Suprema de Justicia de
arreglar con despido las malas actuaciones de
los jueces, parece que nunca va a
terminar.
El 12 de enero pasado, cinco
ejecutivos de la empresa Saquiro acudieron a la
Secretaría General de la Corte para
denunciar los atropellos cometidos por la
entonces jueza 13a. Paz, Marta de
Ascencio.
Los directivos solicitaron,
al máximo tribunal, el antejuicio para
que la funcionaria fuera despojada de su fuero
de jueza, y así poder procesarla
penalmente como a un ciudadano
común.
La jueza es acusada de
prevaricato y actos arbitrarios contra los
ejecutivos de Saquiro, quienes se quejan de que
la Corte no haya resuelto, a la fecha, la
petición de antejuicio contra la
funcionaria.
La Corte Suprema de Justicia
se ha dado a la tarea de despedir a jueces
demandados por diversos delitos, en lugar de
formar causa en su contra.
Esta desigual
aplicación de la ley era una de las
quejas de la Policía, que miraba con
tristeza como los efectivos denunciados iban a
la cárcel, mientras que los jueces
sólo eran sancionados.
Operativo
antiempresarial
Fuerzas del élite
Grupo de Reacción Policial y decenas de
agentes más se parapetaron frente a las
residencias de cinco ejecutivos de
Saquiro.
Mientras tanto, un
helicóptero sobrevolaba el edificio de la
distribuidora de vehículos y, cuando era
requerido, se desplazaba a las
residencias.
Tal parecía que
estaban persiguiendo a los integrantes de
algún cártel de la droga o a un
temido asesino.
Pero no era así. La
jueza Marta de Ascencio había ordenado la
captura de los cinco ejecutivos de Saquiro por
la estafa cometida por un empleado.
Niños y adultos que se
encontraban en las viviendas fueron presa del
terror, pues sólo bastaba que los
policías se atrevieran a derribar la
puerta. Los afendidos quieren hoy procesar a la
jueza que ordenó tal barbaridad, pero la
Corte Suprema de Justicia guarda
silencio.