Lunes 5 de julio


El génesis de los Panamericanos

El mundo se debatía por la seguridad internacional: la época nuclear había nacido, y con ella un mundo dividido por la guerra fría se dislumbraba. A pesar de ello, Buenos Aires se había preparado durante once años para realizar los I Juegos Deportivos Panamericanos.

Rodrigo Baires

El Diario de Hoy

El sueño de los Juegos Panamericnos había reposado en las mentes de sus promotores por veintiocho años. La guerra había terminado, dando paso libre para apresurar el paso en la organización de la primera edición de los juegos regionales americanos.

El presidente de la República Argentina, el general Juan Domingo Perón, no vaciló en mostrar todo su apoyo a la justa y destinó recursos financieros para su concretación.

No era de extrañar que, con un gobierno de corte populista, Perón apoyara al deporte panamericano. Un par de años atrás él mismo había propiciado un cambio total en el fútbol pampero, destinando créditos para convertir los equipos en clubes deportivos, y los resultados se había empezado a ver.

Los juegos fueron puestos en las manos de Rodolfo Valenzuela, presidente del Comité Organizador y los gastos corrieron por cuenta del gobierno argentino, quien se dió a la tarea de crear nuevos escenarios deportivos. El nombre de Perón, hoy recordado

La verdadera historia de los panamericanos se empezó a escribir ante cien mil aficionados el 25 de febrero de 1951. Dos mil ciento treinta y cinco atletas desfilaron en la pista del Estadio General Juan Domingo Perón.

El mismo Perón, acompañado de su esposa, Eva Duarte de Perón, se dió la tarea de dar el discurso de inauguración, mientra el fuego olímpico, traído desde la milenaria Grecia, empezaba a arder en el pebetero.

El título quedó en casa

Veintiún naciones se hicieron presentes en aquella ocasión y participaron en veinte disciplinas deportivas. Entre ellas el béisbol que había sido deporte de exhibición durante los Juegos Olímpicos de 1904 y 1936.

El sistema de puntaje, establecido por el comité organizador, otorgaba diez unidades a las medallas de oro, seis a la plata y cuatro al bronce. Del cuarto al sexto puesto obtenían tres, dos y un punto respectivamente.

Durante quince días los atletas se entregaron en las contiendas y el ocho de marzo, con la clausura de los juegos, la capital bonoarense reventó en fiesta al conocer la supremacía de los anfitriones.

Argentina se hizo del primer puesto con 68 medallas de oro, 44 de plata y 34 de bronce. Abajo los Estados Unidos quedaron con 44 preseas doradas, 33 de plata y 18 de bronce.

A pesar de falta de experiencia organizativa en este tipo de eventos, los argentinos se mostraron como buenos anfitriones. La llama en el pebetero panamericano se había apagado, per la fiesta apenas empezaba.


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