El génesis de
los Panamericanos
El mundo se debatía
por la seguridad internacional: la época
nuclear había nacido, y con ella un mundo
dividido por la guerra fría se
dislumbraba. A pesar de ello, Buenos Aires se
había preparado durante once años
para realizar los I Juegos Deportivos
Panamericanos.
Rodrigo
Baires
El Diario de
Hoy
El sueño de los Juegos
Panamericnos había reposado en las mentes
de sus promotores por veintiocho años. La
guerra había terminado, dando paso libre
para apresurar el paso en la organización
de la primera edición de los juegos
regionales americanos.
El presidente de la
República Argentina, el general Juan
Domingo Perón, no vaciló en
mostrar todo su apoyo a la justa y
destinó recursos financieros para su
concretación.
No era de extrañar
que, con un gobierno de corte populista,
Perón apoyara al deporte panamericano. Un
par de años atrás él mismo
había propiciado un cambio total en el
fútbol pampero, destinando
créditos para convertir los equipos en
clubes deportivos, y los resultados se
había empezado a ver.
Los juegos fueron puestos en
las manos de Rodolfo Valenzuela, presidente del
Comité Organizador y los gastos corrieron
por cuenta del gobierno argentino, quien se
dió a la tarea de crear nuevos escenarios
deportivos. El nombre de Perón, hoy
recordado
La verdadera historia de los
panamericanos se empezó a escribir ante
cien mil aficionados el 25 de febrero de 1951.
Dos mil ciento treinta y cinco atletas
desfilaron en la pista del Estadio General Juan
Domingo Perón.
El mismo Perón,
acompañado de su esposa, Eva Duarte de
Perón, se dió la tarea de dar el
discurso de inauguración, mientra el
fuego olímpico, traído desde la
milenaria Grecia, empezaba a arder en el
pebetero.
El título
quedó en casa
Veintiún naciones se
hicieron presentes en aquella ocasión y
participaron en veinte disciplinas deportivas.
Entre ellas el béisbol que había
sido deporte de exhibición durante los
Juegos Olímpicos de 1904 y 1936.
El sistema de puntaje,
establecido por el comité organizador,
otorgaba diez unidades a las medallas de oro,
seis a la plata y cuatro al bronce. Del cuarto
al sexto puesto obtenían tres, dos y un
punto respectivamente.
Durante quince días
los atletas se entregaron en las contiendas y el
ocho de marzo, con la clausura de los juegos, la
capital bonoarense reventó en fiesta al
conocer la supremacía de los anfitriones.
Argentina se hizo del primer
puesto con 68 medallas de oro, 44 de plata y 34
de bronce. Abajo los Estados Unidos quedaron con
44 preseas doradas, 33 de plata y 18 de
bronce.
A pesar de falta de
experiencia organizativa en este tipo de
eventos, los argentinos se mostraron como buenos
anfitriones. La llama en el pebetero
panamericano se había apagado, per la
fiesta apenas empezaba.